Paraguay tiene poco más de seis millones de habitantes, pero su producción agropecuaria supera ampliamente las necesidades del mercado interno. Estimaciones oficiales y sectoriales señalan que el país dispone de capacidad para producir alimentos destinados a cerca de 100 millones de personas en el mundo, una cifra que refleja la diferencia entre el tamaño de su población y el volumen generado por su agricultura, ganadería y agroindustria.

Este dato no es una medición exacta, sino una estimación de la capacidad productiva expresada en equivalentes alimentarios. Aun con esa salvedad, permite dimensionar la escala alcanzada por un país que representa una porción reducida de la población mundial, pero ocupa posiciones relevantes en algunos de los principales mercados agroalimentarios.

El Ministerio de Industria y Comercio (MIC) llegó incluso a señalar en 2025 que Paraguay cuenta con una posición privilegiada para producir alimentos para más de 100 millones de personas. La magnitud también puede observarse en las exportaciones.

En 2025, los productos primarios generaron US$ 3.548,9 millones, mientras que las manufacturas de origen agropecuario alcanzaron US$ 4.480,8 millones. En conjunto, ambas categorías sumaron aproximadamente US$ 8.030 millones, equivalentes al 72,5% de las exportaciones registradas por Paraguay durante ese año.

La cifra fue prácticamente similar a la de 2024. Al considerar ambos ejercicios, el complejo primario y agroindustrial colocó en promedio alrededor de US$ 8.000 millones anuales en el exterior.

El cálculo incluye alimentos, materias primas agrícolas y derivados industriales, aunque también incorpora algunos productos de origen agropecuario no alimenticios, como cueros, madera o tabaco. Por esa razón, funciona como una medición amplia del complejo productivo, no como una cuenta estricta de alimentos terminados.

Para delimitar con mayor precisión la canasta alimentaria, es necesario seleccionar rubros como soja y derivados, carnes, arroz, trigo, maíz, lácteos, bebidas y otros productos procesados. Bajo ese criterio, entre enero y mayo de 2026 Paraguay exportó aproximadamente US$ 3.700 millones en productos agroalimentarios.

En volumen, los principales rubros sumaron al menos 7,7 millones de toneladas durante los primeros cinco meses del año. La cifra representa una base, ya que no incluye todos los alimentos procesados ni la totalidad de los productos menores que aparecen dispersos en las clasificaciones comerciales.

El complejo sojero constituye la columna vertebral de esa presencia internacional. Entre enero y mayo de 2026, Paraguay exportó 5,05 millones de toneladas de soja en grano por US$ 1.941,9 millones.

A esto se agregaron 897.600 toneladas de harina de soja por US$ 270,9 millones y 253.100 toneladas de aceite por US$ 279,9 millones. En conjunto, la soja y sus derivados generaron alrededor de US$ 2.493 millones, equivalentes a dos tercios del valor estimado de las exportaciones agroalimentarias del periodo.

Aquí, vale señalar que el grano continúa teniendo un peso considerablemente mayor que los derivados, lo que expone una de las principales características de la economía paraguaya, y es que produce grandes volúmenes, pero una proporción importante sale del país con escaso procesamiento. El desempeño de 2026 muestra asimismo una recuperación importante.

El volumen exportado de soja en grano aumentó 41,7% frente al mismo periodo de 2025 y el ingreso en divisas creció 48,4%. La harina y el aceite también registraron avances, aunque desde volúmenes bastante inferiores.

Hoy, Paraguay se ubica entre los mayores exportadores mundiales de soja en grano. Las proyecciones internacionales para la campaña 2025/26 lo sitúan detrás de Brasil, Estados Unidos y Argentina.

Su participación ronda entre el 4% y 5% del comercio mundial en los últimos años. Hablando de competencia, Brasil constituye el principal competidor regional por su escala productiva, capacidad industrial y acceso directo a puertos oceánicos.

Argentina, por su parte, posee una industria de procesamiento mucho más desarrollada y lidera ampliamente el comercio mundial de harina y aceite de soja. Paraguay compite con menores costos productivos y rendimientos elevados, pero mantiene una brecha significativa en industrialización.

La carne bovina representa el segundo gran pilar agroalimentario. Entre enero y mayo de 2026, las exportaciones de carne y menudencias bovinas alcanzaron US$ 736,4 millones y 118.400 toneladas.

El comportamiento fue diferente al observado en la soja. El volumen cayó 28,2% frente al mismo periodo del año anterior y el valor disminuyó 15,1%.

No obstante, el precio promedio mejoró, compensando parcialmente la contracción de los embarques. Chile se mantuvo como el principal destino, acompañado por Israel y Estados Unidos.

La apertura de mercados de mayor valor permitió diversificar parcialmente las ventas, aunque la concentración todavía constituye un riesgo. Una interrupción sanitaria, comercial o logística en alguno de los principales compradores puede afectar de manera directa los ingresos del sector.

En carne bovina, Paraguay compite regionalmente con Brasil, Argentina y Uruguay. Brasil tiene una ventaja casi imposible de igualar en volumen y diversificación de mercados.

Argentina conserva una marca internacional consolidada, mientras que Uruguay se distingue por su trazabilidad y acceso a segmentos de alto valor. Si bien Paraguay avanzó en calidad, sanidad y presencia internacional, todavía debe ampliar su acceso a mercados premium y consolidar sistemas de trazabilidad que permitan capturar mejores precios.

Su fortaleza se encuentra en la capacidad de producir carne competitiva, mientras el desafío consiste en transformar esa capacidad en mayor valor por tonelada. El arroz se convirtió en otro componente relevante de la canasta exportadora en los últimos ejercicios.

Hasta mayo de 2026, Paraguay colocó 484.700 toneladas de arroz parbolizado por US$ 137,7 millones. El volumen aumentó 12,7%, pero el ingreso cayó 20,4%, comportamiento que refleja el descenso de los precios internacionales.

La elevada proporción de la producción destinada al exterior convierte al sector arrocero en uno de los más expuestos a la volatilidad global. Sus principales competidores regionales son Brasil, Uruguay y Argentina, países que combinan producción, industria y acceso logístico más directo a los mercados marítimos.

El trigo mostró una evolución favorable, con 367.600 toneladas exportadas por US$ 79,2 millones. En contraste, el maíz registró 410.000 toneladas y US$ 71,5 millones, con una caída tanto en volumen como en valor.

Parte de la producción maicera está siendo absorbida por el mercado interno, principalmente por las industrias de etanol, alimentos balanceados, aves, cerdos y ganadería. También comienzan a ganar espacio otros rubros.

Las exportaciones de bebidas, alcoholes y vinagres alcanzaron US$ 71,4 millones entre enero y mayo, con un fuerte aumento interanual. La carne porcina superó US$ 25 millones, impulsada principalmente por Taiwán, mientras que la carne aviar llegó a US$ 6,4 millones.

Son cifras todavía pequeñas frente a la soja o la carne bovina, pero muestran que la matriz agroalimentaria puede diversificarse. Lácteos, yerba mate, sésamo, chía, maní, azúcar, productos de panadería y alimentos para mascotas, también forman parte de una oferta que va ganando margen para crecer.

Cabe entender que la capacidad paraguaya se sostiene en factores estructurales, es decir, disponibilidad de tierras productivas, abundancia de agua, energía eléctrica renovable, clima favorable y costos competitivos. A esto se agrega una ubicación estratégica entre Brasil y Argentina, dos de los mayores mercados de la región.

No obstante, esa misma ubicación genera una de las principales desventajas. Paraguay carece de litoral marítimo y depende de la navegación por los ríos Paraguay y Paraná para movilizar gran parte de sus exportaciones.

Las bajantes, los costos de transporte, los peajes y las demoras logísticas reducen competitividad frente a países con acceso directo al océano. La concentración constituye otro límite.

La soja y sus derivados, por ejemplo, representan una parte dominante de las exportaciones del agro, mientras que varios productos dependen de pocos mercados. Esta estructura vuelve al país vulnerable a problemas climáticos, fluctuaciones de precios, restricciones sanitarias y decisiones comerciales externas.

El otro gran desafío sigue siendo industrial, ya que Paraguay produce alimentos y materias primas para una población muchas veces mayor que la propia, pero todavía exporta una porción considerable en estado primario. La posibilidad de avanzar no depende solamente de producir más toneladas, sino de procesarlas dentro del país.