SANTA FE.— La verdadera obra maestra siempre lleva el sello y el alma del padre de la criatura. Y José Néstor Pekerman es gran responsable de casi todo lo que ha ocurrido en el fútbol argentino desde los 90 a esta parte, porque Scaloni, Samuel y Aimar (¿Ayala también?) son un producto de ese ciclo virtuoso que arrancó como proyecto de un hombre que hasta ese momento se lo conocía fugazmente por ser el “8” del Argentinos Juniors de los 70, cuando compartía el plantel con el Beto Tardivo y un tal Diego Maradona hacía “jueguito” en el entretiempo de los partidos.

Alguna vez, el Beto me contaba que Diego entraba al vestuario y se sentaba a su lado. Ellos no lo veían como un chiquilín que hacía de las delicias de los hinchas en aquella vieja cancha de tribunas de madera y que silbaban cuando los profesionales regresaban a la cancha para jugar los segundos tiempos. “La gente no quería que Diego se vaya”, recuerda siempre el Beto.

Ellos lo veían como un futuro crack, quizás no imaginando la dimensión que podía adquirir. Pekerman maduró equipos con un estilo definido, defendiendo a ultranza el buen gusto y el paladar exigente que tiene el hincha de fútbol en la Argentina, a la vez que protegió siempre a aquellos que eran capaces de marcar diferencias.

Su “lugarteniente” era Riquelme en aquellos primeros tiempos en las juveniles, al que siempre le expresó que “vos sos un jugador de antes que juega en esta época”. No iba a hablar, pero cuando El Litoral le propuso hacerlo en Miami, en ese evento en homenaje a los campeones del ’86, se detuvo y charló. -¿Sos de Santa Fe?...

¡Ufff…! Fui un montón de veces a esa ciudad y a la zona de los alrededores.

Es tierra de grandes futbolistas y siempre había chicos para ir a ver. Siempre fueron muy amables conmigo. -Recuerdo en Sudáfrica cuando tuvimos una larga charla y contó toda la historia de la convocatoria de Messi … -En ese momento tuve la intuición de que volvíamos a tener una figura excluyente.

Leo era muy chico, pero recuerdo haber declarado en un diario que “Dios volvía a ser argentino” cuando comenzamos a hacer las gestiones para que juegue por Argentina, que era lo que él quería. Me acuerdo que cuando me contacté con él, lo primero que expresó fue “yo soy un agradecido de España y del Barcelona, pero yo quiero jugar para Argentina”.

Y ahí nació todo esto que estamos viviendo. -¿Lo sorprende este nivel que está mostrando? -Leo siempre fue un chico muy inteligente. Fijate que nunca expresó que iba a jugar este Mundial y tomó en su momento la decisión de venir a jugar a un lugar en el que tuviera tranquilidad, por eso eligió hacerlo en el Inter de Miami.

Lo que más quiere es jugar, reguló su trabajo y su entrenamiento para sentirse bien y se preparó para esto que está mostrando. No puedo decir que no me sorprende porque sigue haciendo cosas maravillosas. -¿Hay algún adjetivo calificativo que lo pueda definir o ya se acabaron? -Es de esos genios que aparecen muy de vez en cuándo… Hay grandes jugadores, otros son excelentes, pero esta clase de jugadores son distintos y no hay muchos.

No hay forma de equivocarse con ellos. -Pasaron 20 años de aquel Mundial 2006 en el que usted dirigió al equipo y muchos recuerdan aquella imagen de él sentado en el piso por no haber ingresado en el partido con Alemania… -Está bien, pero por eso conté esa infidencia de lo que hablé con él en su momento. Yo le dije: “Si vos te quedás calladito, yo no voy a permitir que a vos te pase lo que le pasó a Diego , pero tenés que quedarte calladito”.

Yo no podía declarar eso, porque no quería entrar en una polémica. Diego, con la misma edad de Leo, se quedó afuera del Mundial del 78.

Y en ese momento había muchos jugadores con posibilidades de ser convocado, pero yo no quería que esa charla trascendiera porque no quería tener problemas. Y Leo cumplió.

Se quedó calladito como le pedí. -Es cierto, Messi tenía 18 años en ese momento… -Era su ambientación al vestuario argentino… -¿Y Scaloni? -Es autocrítico, inteligente y muy transparente… Asimismo, se rodeó de compañeros suyos, de muchachos que se criaron ahí, en el mismo ambiente que él.