La ciencia lleva siglos intentando comprender por qué los perros desarrollaron una capacidad tan extraordinaria para interpretarnos. A diferencia de los lobos, incluso cuando han sido socializados desde pequeños, los perros son capaces de seguir gestos, reconocer expresiones faciales, detectar cambios emocionales en el tono de voz e incluso distinguir idiomas diferentes.

Esa sensibilidad social forma parte de uno de los procesos evolutivos más singulares de la domesticación animal.No obstante, no todos los perros parecen relacionarse con las personas de la misma manera. Quienes conviven con razas de pastoreo, perros de origen nórdicos o determinados terriers describen comportamientos muy distintos en aspectos como la obediencia, la atención o la facilidad para seguir indicaciones humanas.

Una investigación de la la Universidad Eötvös Loránd, de Hungría, sugiere que parte de esas diferencias podría estar relacionada con los siglos de selección funcional según el trabajo para el que cada raza fue criada.El estudio ha analizado cómo reaccionan distintos grupos de perros ante la comunicación verbal humana y concluye que las razas desarrolladas para cooperar estrechamente con las personas muestran una mayor atención hacia las señales humanas y aprenden con más facilidad observando lo que hacen los humanos.La domesticación no moldeó a todos los perros por igualDesde hace tiempo, múltiples estudios sostienen que los perros son especialmente sensibles a la llamada comunicación ostensiva, es decir, aquellas señales que indican claramente que un mensaje va dirigido hacia ellos. Expresiones como “mírame”, “ven aquí” o simplemente pronunciar su nombre con un tono agudo y afectivo forman parte de este tipo de comunicación.No obstante, el equipo dirigido por los etólogos Petra Dobos y Péter Pongrácz quiso comprobar si esa sensibilidad aparece de forma homogénea en todas las razas o si la selección artificial llevada a cabo por los humanos durante siglos también modificó la manera en la que distintos perros atienden a las personas.

Para ello, dividieron a los animales participantes en dos grandes grupos. Por un lado estaban las llamadas razas cooperativas, es decir, aquellas seleccionadas históricamente para trabajar pendientes de instrucciones humanas constantes, como el border collie, el perro pastor australiano, el labrador retriever o el setter irlandés.En el otro grupo se incluyeron razas consideradas más independientes, desarrolladas para realizar tareas con menor supervisión humana directa.

Entre ellas aparecían perros de tiro como el husky siberiano o el alaskan malamute, asimismo de algunos terriers (fox terrier) y perros de caza criados para alejarse de su guía durante el trabajo como los téckel o los whippets.Un experimento sencillo para medir la atenciónLa prueba diseñada por los investigadores consistía en un pequeño reto espacial. Los perros debían rodear una barrera transparente en forma de V para alcanzar una recompensa colocada detrás.

Aunque para nosotros la solución puede resultar evidente, este tipo de tareas sirve para analizar cómo aprenden los animales observando a otros individuos.En un primer intento, los perros trataban de resolver el problema por sí solos. Después, la investigadora realizaba una demostración práctica enseñando cómo rodear correctamente la barrera.

En algunos casos utilizaba comunicación ostensiva, pronunciando el nombre del perro y hablándole con una voz aguda y dirigida específicamente hacia él. En otros, realizaba exactamente los mismos movimientos, pero mientras recitaba un poema con voz neutra y monótona.Las razas cooperativas mejoraron claramente su rendimiento luego de observar a la persona realizar el recorrido, tanto cuando utilizaba un tono dirigido a los animales como cuando simplemente hablaba de forma neutra.

En cambio, las razas independientes apenas modificaron su comportamiento luego de las demostraciones.Según los investigadores, esto sugiere que algunos perros seleccionados históricamente para cooperar con humanos muestran un interés mucho más intenso por las acciones humanas en general, incluso aunque las señales verbales no sean especialmente llamativas.Perros que observan y aprenden másUno de los aspectos más interesantes del estudio es que el tiempo que los perros dedicaban a mirar a la investigadora se relacionaba directamente con su capacidad para resolver después el ejercicio. Los perros cooperativos permanecían más atentos durante toda la demostración y, posteriormente, encontraban antes la solución.Los autores creen que esta diferencia podría reflejar siglos de selección genética orientada hacia distintos tipos de trabajo.

Algunas razas fueron seleccionadas para mantener una vigilancia constante sobre sus guías y responder rápidamente a indicaciones humanas, mientras que otras necesitaban actuar con mayor autonomía en entornos complejos.El estudio también cuestiona parcialmente la idea, muy extendida, de que los perros necesitaban necesariamente una comunicación exageradamente dirigida hacia ellos para aprender de nosotros. No obstante, esta investigación muestra que determinadas razas prestan atención incluso cuando las señales humanas son mínimas.Relación entre genética, aprendizaje y convivenciaLos resultados no significan que unas razas sean “más inteligentes” que otras, lo que cambia es el tipo de sensibilidad social hacia los seres humanos y la forma en la que cada perro procesa la información durante una interacción.En la práctica, esto tiene implicaciones importantes para la convivencia, el adiestramiento, la educación y las expectativas que muchas personas depositan sobre sus animales.

Un perro seleccionado durante generaciones para trabajar tomando decisiones autónomas puede necesitar estímulos diferentes para mantener la atención o responder a determinadas órdenes.La investigación también recuerda hasta qué punto la domesticación canina fue un proceso profundamente ligado a nuestras necesidades. A lo largo de miles de años, hemos modificado el aspecto físico de los perros y también sus rasgos cognitivos y sociales relacionados con la comunicación, la cooperación y la atención compartida.Ese legado evolutivo sigue apareciendo hoy en gestos cotidianos aparentemente simples, desde la manera en la que un perro sigue una mirada hasta la facilidad con la que presta atención a una voz familiar en medio de una habitación llena de estímulos.Referencia: You talkin’ to me?

Functional breed selection may have fundamentally influenced dogs’ sensitivity to human verbal communicative cues. Petra Dobos y Péter Pongrácz.

BMC Biology (2024)