Una reciente confesión de la celebridad estadounidense Khloé Kardashian ha vuelto a poner sobre la mesa una práctica que lleva años siendo objeto de polémica: la desungulación felina. La empresaria reconoció en su pódcast que hizo extirpar las uñas de sus dos gatos por recomendación equivocada y afirmó sentirse profundamente arrepentida de aquella decisión, especialmente porque considera que los animales han perdido una herramienta fundamental para desenvolverse con normalidad.Para un gato, las uñas forman parte de su sistema de locomoción, de sus conductas naturales de marcaje, de su capacidad para trepar, jugar, defenderse y mantener el equilibrio.

Incluso los gatos que viven exclusivamente en interiores utilizan sus uñas a diario para realizar comportamientos esenciales de su especie.Por ese motivo, la desungulación ha sido prohibida en buena parte del mundo y numerosas organizaciones veterinarias la consideran una mutilación innecesaria cuando se realiza únicamente para evitar arañazos en muebles o en personas. No obstante, todavía existen países y territorios donde sigue practicándose en determinadas circunstancias.Qué es exactamente la desungulaciónLa desungulación no consiste en cortar o limar las uñas, ni tampoco equivale a los recortes periódicos que muchos cuidadores realizan en casa o en clínicas veterinarias.Se trata de una intervención quirúrgica mediante la cual se amputa la última falange de cada dedo del gato, es decir, el hueso donde nace la uña.

En la práctica, supone la extirpación de huesos, tendones, ligamentos, vasos sanguíneos y terminaciones nerviosas asociadas a esa estructura.Los expertos suelen recurrir a una comparación que ayuda a entender la magnitud de la cirugía, y que sería similar a amputar la última falange de todos los dedos de una persona, incluyendo la zona donde se encuentra la uña.Aunque tradicionalmente se realizaba para impedir que los gatos arañaran los muebles o para hacer más cómodo el juego con personas, el procedimiento ha sido cada vez más cuestionado por sus altas implicaciones para el bienestar animal.Cómo se realiza la intervenciónLa cirugía se lleva a cabo bajo anestesia general. El veterinario elimina quirúrgicamente la tercera falange de cada dedo de las patas, generalmente las delanteras, aunque en algunos casos se interviene también en las traseras.Existen diferentes técnicas quirúrgicas, pero todas persiguen el objetivo de eliminar por completo la estructura que permite el crecimiento de la uña.

Luego de la operación, las patas son vendadas y el animal necesita un periodo de recuperación que puede prolongarse durante días y semanas.No obstante, diversos estudios han documentado que las consecuencias pueden extenderse mucho más allá del postoperatorio inmediato. Entre las complicaciones descritas figuran dolor persistente, infecciones, hemorragias, problemas de cicatrización, cojera, crecimiento anómalo de fragmentos ungueales e incluso dolor crónico años después de la intervención.Consecuencias físicas para los gatosLa principal crítica a la desungulación es que modifica permanentemente la anatomía del animal.

Los gatos son digitígrados, lo que significa que caminan apoyándose sobre los dedos. Al eliminar la última falange, cambia la forma en que distribuyen su peso corporal y se altera su biomecánica natural.

Algunos investigadores consideran que esta modificación contribuye a la aparición de problemas musculoesqueléticos y dolor lumbar crónico.Un estudio publicado en 2018 por la investigadora Nicole Martell-Moran y colaboradores analizó a 274 gatos y concluyó que los animales desungulados presentaban más dolor de espalda y desarrollaron conductas consideradas problemáticas. Los autores observaron mayores tasas de orinar y defecar fuera del arenero, agresividad, mordeduras y acicalamiento excesivo en comparación con gatos que conservaban sus uñas.La literatura científica también recoge otras posibles secuelas, entre ellas cojera prolongada, sensibilidad persistente en las patas, cambios en la postura, rechazo a saltar y trepar y dolor crónico asociado a restos óseos y fragmentos de falange que pueden permanecer luego de la cirugía.Asimismo, la pérdida de las uñas limita conductas naturales esenciales.

Los gatos ya no pueden afilarse las uñas, trepar con normalidad ni defenderse eficazmente frente a amenazas, una preocupación que la propia Khloe Kardashian expresó al explicar que teme que sus gatos puedan escapar al exterior sin contar con sus principales herramientas defensivas.¿Afecta también al comportamiento?Varios estudios han explorado la relación entre la desungulación y determinados cambios conductuales. Algunas investigaciones han encontrado incrementos en la frecuencia e intensidad de las mordeduras, así como problemas relacionados con el uso del arenero.Una de las hipótesis planteadas por los especialistas es que el dolor persistente podría llevar a algunos animales a sustituir el uso de las patas por otras estrategias defensivas, como morder.

También se ha sugerido que el contacto de las patas operadas con determinados sustratos puede resultar sumamente incómodo, favoreciendo el rechazo de la bandeja higiénica por el tipo de tierra utilizada.No todos los estudios obtienen exactamente los mismos resultados ni todos los gatos desarrollan estas complicaciones, pero el conjunto de la evidencia científica contribuye a reforzar la percepción de que se trata de una intervención con riesgos significativos para la calidad de vida del animal.Una práctica prohibida en EspañaEn España la extirpación de uñas está considerada una mutilación ilegal cuando no existe una justificación veterinaria. La Ley 7/2023 de Protección de los derechos y el bienestar de los animales prohíbe las mutilaciones o modificaciones corporales permanentes realizadas por motivos estéticos o de conveniencia.

Asimismo, España está adherida al Convenio Europeo sobre Protección de Animales de Compañía, que también veta este tipo de intervenciones innecesarias. Por tanto, la extirpación de uñas para evitar arañazos no puede realizarse legalmente.Las infracciones relacionadas con mutilaciones prohibidas pueden acarrear sanciones económicas muy elevadas, que en los casos más graves pueden superar los 200.000 euros.Las excepcionesLa legislación contempla excepciones cuando la intervención responde a una necesidad terapéutica debidamente justificada por un profesional veterinario.

Es decir, cuando la cirugía busca tratar una enfermedad o una lesión concreta y no satisfacer una preferencia del titular. Entre las indicaciones médicas reconocidas para una extirpación de uñas se encuentran determinados tumores, infecciones crónicas que no responden a otros tratamientos, fracturas complejas, pseudoartrosis, luxaciones irreparables o lesiones articulares graves que afecten a la falange distal.En estos casos, la extirpación de la uña y de la falange asociada se considera un procedimiento terapéutico comparable al de otras amputaciones realizadas para preservar la salud y la calidad de vida del animal.La situación en Europa y el resto del mundoLa mayor parte de Europa prohíbe la desungulación por motivos no médicos.

Países como España, Francia, Alemania, Italia y Reino Unido consideran esta práctica una mutilación innecesaria. También está prohibida por razones no terapéuticas en Suecia, Finlandia, Países Bajos y Suiza, entre otros países.La situación es diferente en algunas regiones de Norteamérica.

Aunque el rechazo social y profesional ha aumentado notablemente durante las últimas décadas, la cirugía sigue siendo legal en la mayoría de estados y provincias. Precisamente esa disparidad normativa ha alimentado la polémica en torno a las declaraciones de Khloe Kardashian, ya que la desungulación era ilegal en la ciudad de Los Ángeles, donde vive con sus gatos, mucho antes de que California extendiera la prohibición a escala estatal, lo que ha aumentado el recelo de cómo y quién pudo realizar dicha intervención.Lo que esta confesión de la celebrity ha puesto en evidencia es que lo que durante décadas fue presentado como una solución para proteger los muebles y evitar arañazos es considerado hoy, en buena parte del mundo desarrollado, una intervención incompatible con el bienestar y el respeto cuando no existe una necesidad de salud.