SAE y reglas abstractas

SEÑOR DIRECTOR:Tanto Friedrich Hayek como Karl Popper señalaron lo difícil que es para las personas sentirnos identificados con los sistemas de reglas abstractas que gobiernan nuestras sociedades. ¿Qué son la igualdad ante la ley y el debido proceso frente a un crimen estremecedor?
¿Qué importan los mecanismos de coordinación que ofrece el libre mercado cuando cuesta llegar a fin de mes? Es más fácil entender los efectos de mi acción particular que los efectos agregados de todas las acciones en la sociedad; o saber qué es lo correcto en esta situación concreta que saber cómo organizar la sociedad en su conjunto.
Los humanos, después de todo, llevamos muy poco tiempo viviendo en sociedades tan complejas como las actuales.La tentación de ignorar la complejidad social y la necesidad de reglas abstractas es demasiado humana. Hay algo antinatural, podría decirse, en confiar nuestras vidas a reglas que difícilmente podemos comprender, que se aplican de forma general sin ajustarse a todas las particularidades de nuestras circunstancias.El SAE es un caso paradigmático.
Busca resolver un problema complejo (la asignación eficiente de vacantes en colegios) por medio de una solución compleja (un algoritmo que pondera distintas variables y, eventualmente, decide aleatoriamente). Más allá de la discusión específica sobre él o sobre el proyecto del gobierno para modificarlo, creo que es útil abordarlo desde la perspectiva aquí señalada.
¿Cuántas de las objeciones provienen de lo difícil que es identificarse con un sistema abstracto? ¿Querríamos que la asignación de vacantes se diera de un modo más “natural” aunque fuese menos eficiente, o peor para la mayoría de los postulantes?La cuestión no es si mejorar o no el SAE, sino si lo haremos aceptando la complejidad de nuestra vida actual o tratando de ignorarla.Eduardo Fuentes CaroDirector Instituto de Filosofía USS
Información de La Tercera (Chile). Edición y redacción: Noticias Today.
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