Murió Daniel Melingo: el "linyera" del rock y el tango dejó todo su arrabal en canciones y recuerdos
“Del barrio me voy, del barrio me fui. Triste melodía que oigo al partir, voy dejando atrás todo el arrabal, en mi recuerdo”.Daniel Melingo, el más tanguero de los rockeros y el más rockero de los tangueros, murió este martes, a los 68 años, luego de darle pelea a una enfermedad respiratoria que lo venía aquejando.
Aunque nunca bajó los brazos, hasta último momento estuvo pensando y generando proyectos, desde lo que siempre fue, un músico popular. Porque, en definitiva, y más allá de los rótulos que se busquen, Melingo fue y será siempre recordado como un músico popular argentino, con todo lo que ha traído consigo, en diferentes momentos de su vida.En los adjetivos quedan algunos matices: sus excesos rockeros, su idiosincrasia tanguera, su avidez por lo telúrico, su estampa porteña (porque era un porteño de pura cepa, clase 1957) que asumió el rock con todos los signos de su tiempo y como expresión de juventud.Nació como Alejandro Daniel Melingo.
Durante décadas usó solo el segundo de sus nombres y en los últimos años prescindió totalmente de ellos para quedarse con su apellido como pura, simple y, a la vez, vasta definición. Melingo.
Así, a secas. Esa fue su denominación artística, el resto quizás haya quedado en algún momento de su vida trashumante, en los senderos que recorrió ligero de equipaje, inspirado en el concepto de linyera, acuñado desde que conoció la vida de Diógenes de Sinope.Su nombre quizá quede reservado a la intimidad familiar, o a los recuerdos que se pueden contar por miles.
Desde aquel chico llamado Daniel que salió rumbo a una casa de música con un bandoneón que le habían regalado y regresó con un clarinete bajo el brazo, hasta la presentación de sus últimos discos o las distinciones honoríficas, como la de haber sido nombrado Personalidad Destacada de la Cultura de la Ciudad de Buenos Aires. En el medio, los estudios en el conservatorio, las bandas de los 80, como Los Abuelos de la Nada y Los Twist, la de los 90 en España (Lions In Love), el viraje al tango (con un álbum finisecular de canciones que le abrió nuevos caminos) y las reinvenciones que llegaron en este siglo.
Melingo. Así, a secas.En la primera del rockSu saxo, puesto al servicio de una de las bandas de Charly García, su voz y canciones, como “Chalamán”, en las filas de Los Abuelos de la Nada, y toda su creatividad en los primeros discos de Los Twist (que fundó junto a Pipo Cipolatti), fueron las primeras incursiones que hizo en la primera A de rock argentino.
Pero no se comió el personaje ni buscó la fama por la fama misma. Se puso a un costado de los reflectores y aportó su enorme creatividad, su voz grave, su clarinete, para discos como La dicha en movimiento (1983), Cachetazo al vicio (1984), La máquina del tiempo (1985).
Para principios de los 90 ya mostraba su espíritu inquieto, relativamente nómada. El gusto por ciertas músicas, el deseo y la intuición lo guiaban.
Cuando sintió que lo que quería experimentar podía estar en España, hacia allí partió en 1986.Su primera colaboración en tierras españolas fue con Los Toreros Muertos hasta que a finales de esa década creó Lions in Love, cuando era un muchacho de largos dreadlocks. Recién en 1995 publicó H20, su primer álbum como solista con bastante reggae y algo de acid jazz, acompañado por viejos compañeros de ruta (Andrés Calamaro, Pomo, Pedro Aznar, Willy Crook, Patan Vidal y Guillermo Badalá, entre otros).
El trampolínEl tango -que, según la filosofía rioplatense, es el que “sabe esperar”-, lo esperó uno cuantos años. Tanguero fue siempre, porque ya en el primer álbum de los Twist apelaba al sarcasmo desde el lunfardo porteño: “Todas esas minas que quieren tu vento, y que con sonrisas te siguen el tren.
Hace largo rato que te hacen el cuento, Pa’ dejarte seco y amurarte bien”. (“S.O.S., sos una rica banana”)No obstante, la señal más evidente la dio en 1998, con la publicación de su disco Tangos bajos, que no fue solo un berretín sino una exploración personal (porque tampoco intentó crear nuevo tango), que sensibilizó a una generación que no estaba habituada a esta música."Tangos bajos fue mi trampolín. Jamás pude imaginar la repercusión que tuvo.
Me abrió la puerta de Europa. La repercusión y el resultado no se pueden saber.
Para el artista las motivaciones son otras, los elementos con los que trabajamos y nos siguen inspirando para darle forma a la obra", contaba en una de sus últimas charlas con LA NACION.De ahí que no podía elegir alguna obra o algún momento de su carrera como más destacado. “Tengo mojones. Uno fue el Ring Club.
A partir del Ring Club [compañía teatral-musical] pude tener una visión más completa de la música. Fue formativo para mí.
Y un gran hito. Porque me marcó no solo a mí, como hacedor del concepto, sino a todo el grupo que trabajó en ese tiempo.
Todos los Abuelos de la Nada, Vivi Tellas, Horacio Fontova, Miguel Zavaleta, Juan del Barrio, Omar Chabán, Katja Alemann. Todos los que participaron en el movimiento pre 80.
Más allá de haber pertenecido a la gran banda Los Abuelos de la Nada, y de haber aprendido de mano directa de Miguel Abuelo y de haber acompañado a Charly García, el siguiente hito para mí es La dicha en movimiento, porque se creó un fenómeno por generación espontánea por muchos motivos. Es una obra muy redonda, por eso la llegada y la trascendencia.
Luego el disco Psicofonías, de Lions In Love, y después Tangos bajos, del 98. Para mí esos son los trabajos icónicos de mi carrera“.Un túnel con 13 llavesEl clarinete fue su primer compañero de viaje porque le abrió muchas puertas; desde haber tocado con el grupo Agua y acompañando a Milton Nascimento en adelante.
Fue el instrumento con el que inició su camino en los Abuelos de la Nada. “El primer clarinete del rock. Tener un clarinete en la mochila siempre era una carta de presentación.
Me podía meter en cualquier fogón. Siempre fue un compañero fiel, igual que la guitarra.
Son mi pareja acompañante. El primero que llegó a mis manos fue por una herencia.
Recibí un bandoneón que estaba un poco cascado, desafinado y lo terminé cambiando, a los 13 o 14 años, por un clarinete de 13 llaves. Me permitía tocar jazz, tango, rock, clásica.
Es muy versátil. Si bien hay instrumentos que no son fáciles de desencasillar, éste es versátil y me dio la cintura para hacer todo lo que hice en los últimos 40 años.
En Brasil era lo más grande que tenía en la mochila. Prácticamente no llevaba ropa", recordaba.Andar liviano por la vida.
Esa fue otra de las consignas a las que se aferró. Y, por otro lado, la figura del linyera, más como concepto que como realidad urbana o suburbana del desposeído al que le faltan unos cuantos jugadores en el tarro.
Tomar esa figura del linyera para trabajarla en varios de sus últimos discos. Incluso, en una obra publicada en 2022 que llamó Ópera Linyera (Oasis). “Sí, con el tiempo fue posible verlo más claro.
Si bien la palabra linyera tiene muchas acepciones, una podría ser la del mochilero. Siempre tuve la fuerte pulsión de salir a la carretera para hacer dedo, sin pasaje, sin sostén, sin destino fijo.
Ahí empiezo a ver la necesidad de construir el fin en el camino mismo. Ir hacia adelante.
Miguel Abuelo decía: ‘Para adelante como los elefantes’. Esa es la pulsión”, decía Melingo.Puesto en un puñado de párrafos.
Todos estos datos parecen parte de la vida de diferentes personas o de una que ha vivido varias vidas, como una de sus canciones, el “Blues rebétiko de 7 vidas”. Pero Melingo no se detenía en esas cuestiones. “Intento unificarlas en esta realidad -decía-.
Y las cosas también siempre están teñidas de una de cal y una de arena. El arte es encontrar el equilibrio.
Poder absorber o licuar lo que uno va percibiendo para transformarlo en obra. Para mí el premio es al esfuerzo mantenido”.Esfuerzo, hasta el último día.
De hecho, asimismo de algunas participaciones muy esporádicas en la pantalla grande, tuvo una reciente colaboración con Fito Páez, para el video del tema “Las fuerzas armadas del amor”, y tenía entre manos un par de volúmenes “rework” de sus Tango bajos, con una amplia lista de invitados (de Pity Álvarez, Malandro, la ex Lions in Love Stefanie Ringes, Pablo Lescano, Vinicio Capossela y Andrés Calamaro, a Fito Páez, Maxi Prietto, Broke Carrey, Julita Laso y la pianista francesa Juliette Noureddine). Hace poco más de un mes Melingo había posteado la promoción del espectáculo de presentación de este trabajo.
Quería estrenarlo el día de la primavera, en el Teatro Coliseo. El invierno le expresó que no.
Pero su música seguirá sonando, por mucho, mucho tiempo.
Información de La Nación. Edición y redacción: Noticias Today.
Ver publicación original ↗
💬 Comentarios (0)
Iniciá sesión o creá tu cuenta para comentar.