El Mundial que México ganó en los despachos

Mientras se disputa el Mundial de 2026, con México como una de sus sedes, Netflix ha estrenado una película que mira cuarenta años atrás, justo la vez anterior en que el país organizó el torneo. México 86 (Gabriel Ripstein, 2026) no va de goles ni de Maradona, sino de algo menos vistoso pero igual de decisivo, cómo se consigue ser sede de un Mundial.
La respuesta, según la película, tiene poco que ver con el fútbol y mucho con los despachos.La propia película ya nos avisa antes de empezar. Un rótulo advierte de que "algunas de estas cosas sí pasaron".
No podemos olvidar que se trata de una comedia, no un documental. El protagonista es Martín de la Torre, interpretado por Diego Luna, un personaje ficticio, un funcionario de la Federación Mexicana de Fútbol dispuesto a todo para llevar el Mundial a su país.
Detrás de él hay hechos y personajes reales. El protagonista está inspirado en Rafael del Castillo, que presidió la Federación entre 1980 y 1988.
La película mezcla, pues, hechos comprobados con bastante imaginación. La sede del Mundial de 1986 no era de México, sino de Colombia, que la tenía concedida desde 1974.
Cuando fue elegida, el Mundial lo jugaban dieciséis selecciones, pero João Havelange, el presidente de la FIFA, amplió el torneo a veinticuatro equipos. Eso disparó las exigencias para el país anfitrión, más estadios, más infraestructura, más dinero.
Colombia atravesaba un momento económico muy precario, golpeada por una grave crisis y por la violencia del narcotráfico. La FIFA llegó a solicitar al organizador una red de trenes que conectara las sedes, una torre de comunicaciones o la congelación de los precios de los hoteles.
Incluso una flota de limusinas para sus directivos. Eran exigencias que el país no podía asumir.
El 25 de octubre de 1982, el presidente colombiano Belisario Betancur anunció por televisión que renunciaban a organizar el Mundial. Expresó que el país tenía cosas más importantes que hacer que atender "las extravagancias de la FIFA y sus socios".
Con esa frase, Colombia se convirtió en el único país de la historia que ha renunciado a un Mundial que ya tenía concedido.México mueve sus fichasCon la sede vacante, varios países se interesaron, y es cuando la película se convierte en comedia. La decisión se tomó en una reunión de la FIFA en Estocolmo, en mayo de 1983.
Competían tres candidaturas, México, Canadá y Estados Unidos, esta última encabezada nada menos que por Henry Kissinger (Frank Crudele), exsecretario de Estado norteamericano.Sobre el papel, Estados Unidos tenía estadios mejor preparados. Pero México guardaba una carta decisiva.
Emilio Azcárraga (Daniel Giménez Cacho), dueño de Televisa y del Estadio Azteca, tenía un interés directo en quedarse el Mundial por los derechos de televisión, y dentro de la propia FIFA jugaba a favor de México su vicepresidente, el directivo mexicano Guillermo Cañedo (Álvaro Guerrero). Conseguir el Mundial significaba para el grupo de comunicación unos derechos de televisión muy jugosos, y para la FIFA, tener contento a un directivo influyente y a un gigante de la televisión.
Lo más curioso es que mientras Canadá y Estados Unidos contaron sus candidaturas durante más de media hora, la delegación mexicana resolvió su presentación en apenas ocho minutos. Los veintiún miembros del comité votaron por México.Muchas de las anécdotas que aparecen en la película son de la noche previa a la votación.
Las maniobras de última hora, los votos que cambiaron de bando o los enredos para que Kissinger llegara tarde. Aunque la trama es exagerada, sí que acierta en lo esencial, como el poder de Cañedo en la FIFA y el interés de Televisa, que terminaron inclinando la balanza.Cuando el balón inició a rodar, todo se había olvidado.
El Mundial 86 acabó siendo uno de los más recordados de la historia, con Maradona como gran protagonista con su "Mano de Dios" y su gol del siglo. Pero su concesión olió a despacho y a televisión desde el primer minuto.Dos años después, saltó el escándalo de los "cachirules" del que fue responsable el dirigente en que se inspira la película, Rafael del Castillo.
La falsificación de las edades de varios jugadores en un torneo juvenil, que la FIFA castigó con un veto que dejó a México fuera del Mundial de Italia 90. Al final México ganó un Mundial moviendo los hilos y perdió otro por hacer trampas.Cuarenta años después, México vuelve a ser sede, y los Mundiales se siguen repartiendo entre sospechas de tratos opacos, como recuerda el de Catar de 2022.
Por eso México 86 no habla solo del pasado. Viene a decir algo que el aficionado intuye cada cuatro años, que antes de que el balón empiece a rodar en el campo, alguien lo ha hecho rodar en una sala de reuniones.
Información de 20 Minutos. Edición y redacción: Noticias Today.
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