El pianista Javier Perianes hizo alarde de su jerarquía musical excepcional en el Teatro Colón

COLÓN.— Recital de Javier Perianes (Piano) en el 150º aniversario del nacimiento de Manuel de Falla (1876-1946). Obras de Manuel de Falla (Nocturno en fa menor, Mazurka en do menor, Serenata andaluza, Canción, Cuatro piezas españolas), Frédéric Chopin (Nocturno en Re bemol Mayor op 27 nº 2, Mazurca en la menor op 7 nº 2, Vals en si menor op 69 nº 2, Berceuse en re bemol mayor op 57) e Isaac Albéniz (selección de piezas de la suite Iberia) Organiza: Mozarteum Argentino.
Teatro Colón. Nuestra opinión: excelente.5 starsPara comenzar, ya la definición del programa denotó una búsqueda y un logrado hallazgo conceptual por parte del pianista en su concierto en el 150º aniversario del nacimiento de Manuel de Falla para el Mozarteum en el Teatro Colón.
No sólo por el carácter de diálogo que estableció en la primera parte del programa entre las obras juveniles de Manuel de Falla y las de Frédéric Chopin, intercaladas unas con otras de a pares equivalentes de acuerdo a la forma y la estructura rítmica, en un crescendo de complejidad e importancia: dos nocturnos, dos mazurcas, un par danzante de vals y serenata y dos canciones de cuna. Sino sobre todo por la idea de continuum con que las presentó el intérprete, en fundido inspirado sin solución de continuidad.Gracias al toque exquisito de Javier Perianes, la sucesión de la primera parte (con algunas de las obras del homenajeado elevadas en su calidad interpretativa), transcurrió en un clima de recogimiento y contemplación, como si el músico fuera evocando, en el cristal de la nostalgia, cada una de las melodías, distante, serena y desapasionadamente.
¿Qué brindó esa calma poética a la interpretación de Perianes? Ante todo, un tempo estricto e imperturbable.
Una mano izquierda firme pero blanda. Una derecha cantábile, plástica y flexible, sin arrebatos en el fraseo ni vulgares amaneramientos en la concesión de libertades.
El abordaje impresionista. Un rango dinámico de extraordinaria variedad en la paleta de los pianos y los pianissimos.
Y lo más decisivo, la expresión (una “expresión blanca” como describe Bruno Gelber a ese tipo de belleza, de toque suspendido, idílico, nunca visceral) y el color sutilmente velado del sonido que tiñe el discurso de dulzura y melancolía.En la segunda parte, el virtuosismo y colorido nacional a pleno. Las Cuatro Piezas españolas de un De Falla superior —Aragonesa, Cubana, Montañesa (Paysage) y Andaluza—, obras donde Perianes exhibió un conocimiento profundo de las fuentes musicales.
Los ritmos, los ornamentos y los giros melódicos, que solo aquel que los domina con autenticidad, los puede traslucir sin afectaciones, con frescura y naturalidad. Y para concluir la segunda mitad del programa, vertida con gran autoridad, con distinción y maestría: una selección de cuatro números de la suite Iberia, obra maestra de Isaac Albéniz —Evocación, El Polo, Almería y Triana—.
En esta cumbre del pianismo reservada a colosos del instrumento por la extraordinaria demanda de medios técnicos que requiere la sola lectura de sus páginas, Perianes hizo alarde de una jerarquía musical excepcional, plena de inflexiones y riqueza de colorido, de luces y sombras en el trabajo de las voces y la textura orquestal de tan magníficas piezas. En Almería, la tercera de ellas, alcanzó un punto de expresividad emocionante, por ejemplo, en esas pinceladas flamencas de los ritmos sincopados y las notas bordadas como un lejano recuerdo.Por último, y en consonancia con un pianismo refinado: la postura del intérprete que, apartado de cualquier sobreactuación o escenificación de sí, mantuvo el ademán justo y el porte sobrio en todo momento, haciendo honor, como la devoción del propio De Falla, a la misión del artista al servicio del mensaje musical.Como piezas fuera de programa, y culminando la línea impecablemente concebida desde ese inicio fluido hacia el crescendo final, dos composiciones de bravura en el corazón del repertorio de De Falla: la impactante Fantasía Baética, pletórica de disonancias, acentos y precisiones rítmicas, glisandos vistosos, apoyaturas y notas repetidas de convocante efecto.
Y para cerrar la noche con vehemencia y magia telúrica, la vibrante transcripción para piano solo de la Danza del ritual del fuego del famoso ballet de El Amor Brujo, homenaje infaltable al maestro andaluz, gran ícono del vínculo entrañable entre España y la Argentina.
Información de La Nación. Edición y redacción: Noticias Today.
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