Una cesárea puede decidirse en minutos. A veces se programa con anticipación; otras ocurre porque algo cambió durante el parto y el bebé o la madre no pueden esperar.

Pero, años después, esa forma de nacer ha abierto una pregunta que todavía se estudia: ¿puede influir en el desarrollo del cerebro? Algunos estudios han encontrado una asociación entre nacer por cesárea y tener un riesgo ligeramente mayor de recibir un diagnóstico de trastorno por déficit de atención e hiperactividad, conocido como TDAH.

No obstante, esa palabra —asociación— es clave: significa que dos cosas aparecen relacionadas, pero no necesariamente que una cause la otra. La diferencia es importante.

Un niño no “nace por cesárea” en abstracto. Antes pudo haber diabetes gestacional, hipertensión, sufrimiento fetal, prematuridad, obesidad materna, alteraciones en la placenta o antecedentes familiares.

Es decir, la cirugía puede ser el final visible de una historia que empezó semanas antes. Rafael Violante, endocrinólogo, explica en entrevista con Excélsior que el embarazo pone a prueba el metabolismo de la mujer.

En la diabetes gestacional, el problema puede avanzar sin síntomas claros. La madre puede sentirse bien, pero tener niveles de glucosa elevados.

Y esa glucosa también llega al bebé. El especialista señala que, cuando no hay buen control, los picos de glucosa pueden modificar el ambiente en el que crece el bebé.

Esa precisión importa: no significa que todos los hijos de mujeres con diabetes gestacional tendrán TDAH, ni que la diabetes sea la única explicación. El TDAH tiene múltiples factores: genéticos, ambientales, familiares y perinatales.

Lo que sí muestra la evidencia es que el embarazo también forma parte de estos factores. La placenta funciona como el puente entre la madre y el bebé.

A través de ella pasan nutrientes y oxígeno. Pero cuando hay glucosa elevada durante el embarazo, esa dinámica puede alterarse.

Si el bebé crece demasiado o si la placenta empieza a deteriorarse antes de tiempo, el embarazo puede requerir más vigilancia. En algunos casos, eso puede terminar en una cesárea.

Por eso, cuando los estudios encuentran más TDAH entre niños nacidos por cesárea, la pregunta no debería ser únicamente si la cirugía causó el trastorno, sino qué condiciones llevaron a esa cirugía. Varios estudios intentaron responder comparando hermanos: uno nacido por parto vaginal y otro por cesárea.

Ese tipo de análisis ayuda a reducir factores compartidos, como genética, ambiente familiar o condiciones socioeconómicas. En algunos casos, la relación entre cesárea y TDAH se debilita cuando se hacen estas comparaciones, lo que sugiere que otros factores del embarazo podrían explicar parte del vínculo.

La respuesta más honesta es: todavía no se puede afirmar que la cesárea cause TDAH. Lo que sí se sabe es que algunos estudios han encontrado una asociación pequeña.

También se sabe que esa relación no siempre se mantiene igual cuando los investigadores analizan con más detalle el contexto familiar, el tipo de cesárea o las condiciones del embarazo. Por eso, la cesárea no debe verse como una sentencia.

Muchas veces es una intervención necesaria que salva la vida de la madre, del bebé o de ambos. El riesgo está en culpar a la cirugía por sí sola y olvidar todo lo que pudo haber ocurrido antes.

La conversación útil está en el control prenatal: detectar a tiempo la diabetes gestacional, vigilar la glucosa, revisar el crecimiento del bebé, cuidar la placenta y evitar cesáreas que no tengan una indicación médica clara. Al final, la pregunta cambia.

No basta con preguntar si nacer por cesárea aumenta el riesgo de TDAH. La ciencia todavía no puede responderlo como una causa directa.

Lo que sí permite ver es que el desarrollo del cerebro no empieza en el quirófano ni en el primer llanto. Empieza antes: en la placenta, en la glucosa, en el metabolismo materno y en el seguimiento de un embarazo que necesita vigilancia mucho antes del parto.