La semana pasada comentábamos sobre el nuevo Congreso y sobre el desafío que enfrentará Fuerza Popular, necesitada de buscar apoyos más allá de su espacio de alianzas más natural, pero al mismo tiempo de mantener el respaldo de su propio bloque y de sus sectores más conservadores e intransigentes.¿Qué se podría decir de la oposición? En principio, en el Senado la oposición podría igualar al oficialismo en número de representantes, sumando los votos de Juntos por el Perú (JP), el Partido del Buen Gobierno (PGB), Obras y Ahora Nación.

JP tiene más representantes, pero menor capacidad para articular un bloque, al ocupar un extremo del espectro; Ahora Nación tiene apenas cuatro senadores, pero Alfonso López Chau, Ruth Luque y Mirtha Vásquez cuentan con experiencia política y capacidad para manejarse bien en los complejos asuntos que pasarán por el Senado, por lo que probablemente serán referentes importantes. El PBG ocupa un papel crucial de pivote en el espectro ideológico, pero sus representantes tienen más experiencia técnica que política.

La posibilidad de que la oposición en el Senado construya una mayoría parece remota, dada la solidez que proyecta el bloque de Fuerza Popular y Renovación Popular, por lo que su papel parece estar básicamente en contener iniciativas extremistas por parte del oficialismo y empujarlo a posturas más moderadas.En la Cámara de Diputados, sobre la base del número de representantes de las bancadas, en principio la oposición podría sumar mayoría, pero hay muchos menos referentes de peso en la oposición frente a un bloque oficialista que se percibe más sólido y experimentado. En JP destacan los nombres de Ernesto Zunini y de Yenifer Paredes; en Ahora Nación, Indira Huilca.

Se vislumbra un desafío importante en cuanto a evitar la fragmentación de las bancadas de oposición. Es difícil, por ello, imaginar la formación de un bloque de oposición en diputados capaz de articular una agenda parlamentaria, más allá de algunas iniciativas puntuales.

Pero deshacer varios de los entuertos del Congreso saliente resulta imperativo, y la construcción de una mayoría, al menos para algunos asuntos, es posible. En cualquier caso, será un escenario incierto y móvil, y altamente dependiente de las iniciativas del Ejecutivo y del oficialismo, con mayor capacidad para definir la agenda política.Un comentario que enlaza la conducta que hemos visto en Juntos por el Perú después del 7 de junio con la que podría tener en el futuro Congreso.

Un dato clave es que Roberto Sánchez no logró ser electo diputado por Lima, y su poder e influencia sobre su representación parlamentaria serán cada vez menores, al igual que su relevancia política. Es más, sus reclamos electorales, sin mayor fundamento, parecen motivados por la necesidad de mantener protagonismo, sabiendo que su momento pasará una vez instalado el nuevo Congreso.

Por el momento tampoco parece verosímil la imagen de un Sánchez liderando la oposición desde la sociedad civil, mundo que en realidad se mueve con gran autonomía respecto de los partidos políticos.La dinámica de los próximos años se completará con el mapa político resultante de las elecciones regionales y municipales. La campaña electoral estará marcada por una gran fragmentación, con 55 partidos políticos habilitados para participar (aunque muchos ya perdieron la inscripción) y 95 movimientos regionales.

La relación entre las regiones y el centro político será especialmente importante en este período.