¿Los lácteos producen inflamación? Lo que realmente dice la ciencia

La confusión entre inflamación sistémica y síntomas digestivos ha llevado a señalar a los lácteos como un alimento proinflamatorio, no obstante, la evidencia científica no respalda esa afirmación.Cuando una persona produce poca lactasa se pueden generar gases, distensión o malestar abdominal. / Getty ImagesWestend61La palabra inflamación se ha vuelto habitual cuando se habla de alimentación y salud. En redes sociales, consultas y conversaciones cotidianas es frecuente escuchar que ciertos alimentos inflaman el cuerpo.
Entre ellos, los lácteos suelen aparecer con frecuencia. Pero no siempre estamos hablando de la misma inflamación.
Muchas personas usan la palabra inflamación para describir distensión abdominal, gases, pesadez o molestias digestivas después de comer. No obstante, desde el punto de vista biológico y clínico, la inflamación es otra cosa: es una respuesta del organismo frente a una lesión, una infección o una señal de amenaza.
La diferencia importa, pues sentirse hinchado después de consumir un alimento no significa necesariamente que exista inflamación sistémica. Puede tratarse de una respuesta digestiva individual, de intolerancia a la lactosa, de sensibilidad personal o incluso del contexto general de la alimentación.
Inflamación no es lo mismo que sentirse hinchado La inflamación no siempre es negativa. De hecho, es una respuesta necesaria para la vida.
Gracias a ella, el cuerpo activa mecanismos de defensa frente a infecciones, repara tejidos y coordina respuestas inmunológicas que permiten recuperar el equilibrio. El problema aparece cuando esta respuesta se mantiene activa durante largos periodos.
En esos casos puede desarrollarse inflamación crónica de bajo grado, una condición más silenciosa que se ha relacionado con obesidad, diabetes tipo 2, enfermedad cardiovascular y otras enfermedades crónicas. Por eso, cuando la ciencia estudia si un alimento inflama, no se basa solo en sensaciones subjetivas, evalúa marcadores medibles en el organismo como la proteína C reactiva, algunas interleucinas, el factor de necrosis tumoral alfa y otras señales asociadas con la respuesta inmune.
En otras palabras, una cosa es sentirse con el abdomen distendido después de comer y otra muy distinta es que un alimento produzca inflamación sistémica. Lo que muestran los estudios sobre lácteos Una revisión sistemática realizada publicada en Advances in Nutrition, analizó estudios clínicos aleatorizados sobre el consumo de leche y productos lácteos en adultos sanos y en personas con sobrepeso, obesidad, síndrome metabólico o diabetes tipo 2.
Estos estudios evaluaron biomarcadores inflamatorios en sangre y, en algunos casos, cambios en la expresión de genes relacionados con la respuesta inmune. El resultado principal fue claro: el consumo de leche y productos lácteos no mostró un efecto proinflamatorio en personas sanas ni en personas con alteraciones metabólicas.
En varios estudios los marcadores inflamatorios no cambiaron de forma significativa. En otros, algunos indicadores mostraron cambios compatibles con una respuesta más favorable.
Esto no significa que todos los productos lácteos sean iguales. No es lo mismo tomar leche, consumir yogur natural, elegir kéfir o comer quesos madurados.
La matriz alimentaria, el grado de fermentación, la cantidad consumida, el tipo de producto, la calidad de la leche y el patrón general de la alimentación importan. Por eso, es importante saber qué tipo de lácteo se consume, en qué cantidad, dentro de qué alimentación y en qué persona.
Cuando el problema no es inflamación Algunas personas pueden experimentar gases, distensión abdominal, ruidos intestinales o sensación de pesadez después de consumir leche u otros productos lácteos. Cuando esto ocurre, muchas veces se asume que el alimento está inflamando el organismo.
No obstante, en una proporción importante de los casos lo que ocurre es una dificultad para digerir la lactosa, el azúcar natural en la leche. La lactosa necesita una enzima para ser digerida, la lactasa.
Cuando una persona produce poca lactasa, parte de la lactosa puede llegar al intestino sin digerirse por completo. Allí es fermentada por las bacterias intestinales y generar gases, distensión o malestar abdominal.
Estos síntomas pueden ser incómodos, pero no significan necesariamente que exista un proceso inflamatorio sistémico. Por eso es importante diferenciar entre intolerancia digestiva, alergia a la proteína de la leche de vaca y el efecto general de los lácteos sobre la inflamación.
Son condiciones distintas y no deben mezclarse. Asimismo, no todos los lácteos contienen la misma cantidad de lactosa.
Los productos fermentados como el yogur y el kéfir suelen generar menos molestias porque, durante la fermentación, los microorganismos presentes en el alimento utilizan parte de la lactosa. Algo similar ocurre con muchos quesos, especialmente los madurados, que contienen cantidades muy bajas de este componente.
Por eso, la clave está en elegir el tipo de producto y la cantidad que mejor se ajuste a cada persona. La alimentación completa es la que marca la diferencia La inflamación crónica de bajo grado no depende de un solo alimento.
Se relaciona con múltiples factores: exceso de adiposidad, calidad global de la alimentación, sedentarismo, sueño insuficiente, estrés crónico, tabaquismo, consumo excesivo de alcohol, enfermedades de base y contexto metabólico. Por eso, la recomendación no debería centrarse en eliminar alimentos, sino en construir patrones alimentarios saludables.
Una alimentación rica en frutas, verduras, leguminosas, lácteos, cereales integrales, frutos secos y alimentos de buena calidad nutricional sigue siendo la base. Dentro de ese patrón, la leche, el yogur, el kéfir y algunos quesos pueden tener un lugar, siempre que sean bien tolerados y se consuman en cantidades coherentes con las necesidades de cada persona.
¿Los lácteos producen inflamación? Lo que realmente dice la cienciaCortesíaPortafolio Alpina: Leche Deslactosada Alpina: Ideal para personas con intolerancia a la lactosa, buena fuente de proteína y calcio.
Leche Actilife: Deslactosada, rica en calcio, con 50 % más proteína comparada con la leche entera Alpina. Yogurt Deslactosado Alpina: Es una opción adecuada para personas con intolerancia a la lactosa.
Kefir Plus de Alpina: Con 14 cepas de cultivos vivos y miles de millones de probióticos que contribuyen a la función digestiva. Única con fibra prebiótica GOS que ayuda a fortalecer una microbiota intestinal balanceada y saludable.
Queso Finesse: Naturalmente con proteína y calcio. Por su proceso de elaboración, los quesos tienen un bajo aporte de lactosa.Referencias Ulven et al.
Advances in Nutrition. 2019;10:S239-S250. Facioni et al.
Journal of Translational Medicine. 2020;18:260. Labonté et al.
American Journal of Clinical Nutrition. 2013;97:706-717. Cortesía
Información de El Espectador (Colombia). Edición y redacción: Noticias Today.
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