Japón y México, unidos por el fantasma del quinto partido en los Mundiales

En México la Copa Mundial de la FIFA se ha vuelto en las últimas décadas un número invisible. El quinto partido.
Una frontera que se volvió obsesión, relato y herida colectiva. En Japón la cifra no cambia, tampoco la sensación no.
También hay un límite que se repite, un punto donde el torneo se vuelve más grande que ellos y el desenlace siempre encuentra la forma de doler. No es la misma historia, pero se parecen más de lo que incomoda admitir.
Japón ha llegado a octavos en 2002, 2010, 2018, 2022, 2026 y siempre se ha detenido ahí. Turquía, Paraguay, Bélgica, Croacia y ahora Brasil.
Cuatro formas distintas de perder en el mismo lugar del calendario. En cuatro de esas ocasiones la caída llegó por un sólo gol o en penales.
En 2018 incluso después de ir ganando 2-0. En 2022 otra vez desde la ventaja y otra vez desde los once pasos.
Esta tarde en Brasil la pesadilla resurgió- El patrón se repite con una frialdad estadística que ya no necesita interpretación. Cinco veces en segunda ronda, cero victorias en fase eliminatoria en Mundiales.
México ha construido su trauma alrededor de la idea de cruzar el umbral de los octavos. Japón lo vive dentro de ese mismo nivel de dolor, como si el problema no fuera llegar, sino lo que ocurre cuando el torneo se vuelve definitivo.
En Houston, ante Brasil, el guion volvió a tensarse en el mismo punto de siempre. Japón se adelantó con Kaishu Sano luego de una recuperación alta sobre Danilo en el minuto 28.
Casemiro empató en el 56 con un cabezazo luego de centro desde la izquierda. Y Gabriel Martinelli resolvió en el 95 con un remate que encontró el ángulo cuando ya no quedaba tiempo para reaccionar.
Brasil 2-1 Japón. Otra vez el final.
Otra vez el mismo tipo de silencio. El cuadro japonés terminó desarmado en el césped.
Ao Tanaka y Sano tardaron en incorporarse, atrapados en una escena que ya se ha vuelto familiar para este equipo cuando el Mundial entra en su fase de crueldad. Entre el desconcierto apareció también el entrenador Hajime Moriyasu, que asumió el golpe.
Japón no ha dejado de competir. Ha dejado de encontrar el último paso. 2002: Turquía, un gol que cerró el sueño inaugural en casa. 2010: Paraguay, una tanda de penales que congeló la ambición. 2018: Bélgica, una remontada que empezó con el 2-0 a favor y terminó en el tiempo añadido. 2022: Croacia, otra vez los penales, otra vez el límite psicológico. 2026: Brasil, el golpe final en el minuto en que ya no debería pasar nada.
Información de Excélsior (México). Edición y redacción: Noticias Today.
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