Durante la construcción de una planta de tratamiento de agua, en el municipio de Tula, en Hidalgo, arqueólogos del INAH descubrieron una estructura y dos lápidas con relieves que pudieron ser desprendidas antiguamente de la Pirámide B, donde se encuentran los atlantes de la zona arqueológica de Tula. La estructura fue localizada por los especialistas en mayo pasado, durante los trabajos de salvamento, quienes reportaron que en uno de los relieves luce la representación del dios Tlahuizcalpantecuhtli –advocación de Quetzalcóatl–, y en el otro, la de un felino.

De acuerdo con el arqueólogo Luis Gamboa, este contexto es evidencia de un caso de autolegitimación. Y expuso que la lápida del felino completa un rompecabezas añejo, pues cuando el arqueólogo Jorge R.

Acosta (1904-1975) exploró la Pirámide B o Templo de Tlahuizcalpantecuhtli, a mediados del siglo XX, consignó un decorado de coyotes y felinos que avanzan de derecha a izquierda, en el flanco este del monumento, pero al oeste no encontró ninguno. Esto sugiere que la ahora descubierta permitiría aclarar, dada su representación de izquierda a derecha, que la procesión faunística rodeaba toda la edificación.

El área donde se llevó a cabo el salvamento arqueológico, explicó la dependencia, se encuentra a casi 100 metros de la barda perimetral de la zona arqueológica de Tula y también registró materiales asociados como vasijas, platos, punzones de hueso, cuentas de concha, sellos, malacates fechados entre los años 1100 y 1521 d.C. En cuanto a las lápidas de Tlahuizcalpantecuhtli –de 78 cm de largo por 53 de ancho– y del felino –de 53 cm de largo por 42 de ancho–, el INAH comunicó que se encuentran en proceso de limpieza con materiales compatibles para preservar sus estucos y su policromía.

Y se explicó que, en cuanto a los restos arquitectónicos, una vez que sean registrados y consolidados, serán cubiertos con geotextil y capas de tierra para garantizar su permanencia. Finalmente, el arqueólogo Carlos Arriaga Mejía comentó que “este hallazgo reitera que la poligonal de la zona arqueológica de Tula es apenas un porcentaje minúsculo de lo que fue la ciudad prehispánica.

Por ello, es que sociedad y gobierno debemos sumar esfuerzos para notificar al INAH y salvaguardar cualquier descubrimiento”. bgpa