Luis Chitarroni, homenajeado por treinta escritores y editores

A poco más de tres años de la muerte del editor, escritor y académico Luis Chitarroni (1958-2023), La Bestia Equilátera, la editorial que fundó en 2008 con Natalia Meta y Diego D’Onofrio y que dirigió hasta sus últimos días, publicó el libro homenaje Luis Chitarroni por sus amigos ($ 29.000), con treinta “siluetas” del autor de Peripecias del no firmadas por escritores, editores y periodistas que lo conocieron.Hay textos de Luis Gusmán y Salvador Gargiulo, miembros del “Club de los Inútiles” que se reunía los sábados en un café porteño; de Daniel Guebel, Laura Ramos, María Negroni y Gustavo Ferreyra, autores amigos editados por Chitarroni en Sudamericana y La Bestia Equilátera; y de Sergio Bizzio, Gabriela Saidón, Alan Pauls, María Sonia Cristoff, Patricio Pron, Andrés Barba y Gabriela Esquivada, entre otros. El libro, cuenta Claudia Melnik en el prólogo, se gestó un año después de la muerte de Chitarroni, luego de una charla homenaje en la Feria del Libro porteña en la que participaron Gusmán, Guebel, D’Onofrio y Pedro Chitarroni, su único hijo. “Este libro tiene de singular la reunión espiritista, el fuego de iluminadas altisonancias, la conmoción colectiva por la muerte de Luis que sostenía tanto y a tantos”, escribe Melnik.
Como recuerda la editora Gloria Rodrigué en “Mi querido Luis Chitarroni”, había comenzado a trabajar en Sudamericana en su juventud, por sugerencia de Enrique Pezzoni, que era su profesor en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.La mayoría de los textos se enfoca en el histrionismo de Chitarroni, amén de su talento para la conversación, la generosidad intelectual y su talento para el epigrama, como recalca Walter Romero en el texto que cierra el libro con una selección de máximas chitarronianas: “Hay que leer muy bien no solo las frases, sino también los entrelineados”, “La lectura es un juego de atenciones parciales”, “Los lectores se hacen solo con pasión y paciencia, como las salamandras”, la jamesiana “La literatura es la superficie estable de un engaño” o “El subrayado es un modo de compactar”. “Todas las narraciones de Chitarroni se interrogan sobre el germen de la técnica del arte y la producción artística”, observa Ariel Schettini en un agudo ensayo sobre las ficciones del homenajeado. Días antes de morir, Edgardo Cozarinsky envió un poema (el único del volumen); de su casilla de correo electrónico, Hinde Pomeraniec rescató reflexiones de Chitarroni sobre el arte de la edición; el texto de Bizzio, publicado en la revista El Ansia en 2015, evoca cuando él y Chitarroni trabajaron como guionistas para el programa de entretenimientos El gran club, conducido por Víctor Laplace (que los llamó “laderos intelectuales”).Sucesivamente, se lo define como “un lector y escritor irreverente” (Gusmán), “un fantasma ávido” (Ferreyra), “interlocutor de lujo” (Negroni), “comediante” (Pauls), “El Biblioteca como superhéroe complejo de la Marvel” (Rodrigo Fresán), “doble agente del tiempo” (Juan José Becerra), “viajero de Babel” (Silvia Hopenhayn), “autor de su propio personaje” (Barba), “lector irrepetible” (Matías Serra Bradford) y “el hombre que leyó demasiado” según Jorge Fernández Díaz, que con Hugo Beccacece y Pablo De Santis lo convencieron de sumarse a la Academia Argentina de Letras, en 2021.
Algunos de los perfiles son las necrológicas publicadas en diarios, al momento de la muerte de Chitarroni.En diálogo con LA NACION, Pedro Chitarroni –que prefirió no participar del libro homenaje– cuenta que hay mucho material inédito de su padre. “No sé si se llegará a publicar todo”, señala. Sus lectores, amigos en cierto modo de aquellos a quienes se conoce por medio de la literatura, cruzamos los dedos.
Información de La Nación. Edición y redacción: Noticias Today.
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