Luego de 40 años de su muerte, exploramos la importancia del tiempo y de la faceta de lector del escritor argentino.Jorge Luis Borges aseveró que “el hecho capital de su vida” fue contar con la biblioteca de su padre.Eder RodríguezCada vez parecen más extraños y excepcionales los hogares que cuentan entre sus paredes con una biblioteca. Cuando las hay, mucho se puede decir de quien la posee, los libros que tiene y el orden en el que se encuentran.

No obstante, lo que solemos pasar por alto es que más de lo que se puede decir de ella es lo que se puede hacer con ella, y los alcances que su presencia puede llegar a tener en quien convive con ella o quizás en ella.Aunque no todos los que podemos llegar a tenerla podríamos llegar a ser grandes autores, pues incluso la lectura no necesariamente se traduce en una ambiciosa razón para serlo, que exista ya abre muchas otras posibilidades de relacionarse y abrirse al mundo. No todas las bibliotecas podrían causar el nacimiento de un gran autor, pero un gran autor o una gran historia sí podrían provenir de cualquier biblioteca.Jorge Luis Borges, un autor universal, fue quien fue por una biblioteca creó vínculos, y en sus palabras, crearlos era considerado un “acto irreparable”.

De niño, en su casa ubicada en el barrio Palermo, en Buenos Aires, la influencia de sus padres y de una de sus abuelas fue trascendental para el destino que escogió.Pueden leer: Borges, 40 años después: el escritor que hizo del mundo una biblioteca“Si tuviera que señalar el hecho capital de mi vida, diría la biblioteca de mi padre. En realidad, creo no haber salido nunca de esa biblioteca”, expresó el argentino en una frase que encierra todo lo que fue.

Las obras que allí encontró en español y en inglés determinaron su vida. “El mundo, según Mallarmé, existe para un libro”, escribió en su ensayo “Del culto de los libros”, y él existió para ellos, para los que leyó y lo enorgullecieron de hacerlo y para los que escribió. Camilo Hoyos, director de “Paredro” -pódcast-, literato y doctor Cum Laude en humanidades por la Universidad Pompeu de Barcelona, habló para este diario sobre la importancia de mirar a Borges como lector: “Toda escritura es en el fondo la cristalización de un proceso de lectura.

Ningún texto nace de la nada; todos conservan la huella de otros textos, de otras voces, de otras formas de mirar el mundo. La teoría literaria habla del palimpsesto o de la intertextualidad, pero en Borges esto deja de ser un concepto para convertirse en una práctica constante.

Sus cuentos dialogan con libros reales e imaginarios, con traducciones, comentarios y reescrituras, porque entiende que la literatura siempre conversa consigo misma. Por eso creo que es tan importante hablar del Borges lector.

Su verdadera enseñanza es que escribir no significa escapar de la lectura, sino profundizarla. La escritura es una forma privilegiada de leer.

En la medida en que un autor amplía y refina sus lecturas, también amplía y refina las posibilidades de su propia escritura”.Borges se vanaglorió de lo que leyó, incluso más de lo que escribió. Esta idea, alejada de cualquier egolatría por la obra que construyó, también nos permite comprender cómo su faceta de lector termina contrastando tanto con la de autor, siendo casi tan o más importante para muchos analistas de su obra revisar sus lecturas y lo que decía de ellas, más que lo que pudo decir del mundo, y de sus obsesiones en sus ficciones y su poesía.

De esto habló Juan Camilo Rincón, periodista, investigador cultural y autor, entre otros libros, de “Ser colombiano es un acto de fe: historias de Jorge Luis Borges y Colombia”: “Eso lo afirma en ‘Kafka y sus precursores’ al plantear que, de un autor que es un hito para la literatura, siempre queremos saber dónde nació su magia. Entonces, afirma que uno crea a sus precursores.

En ese texto el Borges lector nos explica la filigrana y los aspectos estructurales que configuran su escritura: el infinito, el espejo, el tigre, la eternidad. Otro aspecto clave es que él siempre nos acercó a las lecturas que le fueron esenciales como las de José Hernández, Melville, Faulkner, Dante, Cervantes y Schopenhauer, a quienes hoy leemos bajo la lente de Borges.

Otra cosa: por ejemplo, lo que sabemos en Colombia sobre Leopoldo Lugones o Evaristo Carriego, a quienes reconoce como dignos de estudio, se lo debemos a él. Por eso, en su tercera visita a nuestro país en 1978, llenó la Biblioteca Nacional y otros auditorios con conferencias en las que habló no solo sobre su obra, sino, con mayor énfasis, en aquellos autores que alimentaron su propia escritura”.Les puede interesar: Borges a 40 años de su muerte: el desafío de conservar su legadoLos lectores y conocedores de la obra de Borges coinciden en que uno de los grandes logros del escritor argentino es que su narrativa puso a dialogar la cultura local con la internacional.

Explicarlo incluso es difícil, aun más lo es lo que consiguió el autor de “El Aleph”, pues sin abandonar los tintes propios de su ciudad o país pudo ensamblar otros lenguajes y estilos de distintas latitudes del mundo. En palabras de Hoyos, Borges “libera la literatura argentina y, por tanto, latinoamericana de cierta obligación de justificarse desde el color local, desde el costumbrismo o desde el exotismo”.

En esa misma vía, Beatriz Sarlo, una de las grandes ensayistas y periodistas que tuvo Argentina, escribió en su libro “Borges, un escritor en las orillas” que “su obra no es tersa ni se instala del todo en ninguna parte: ni en el criollismo vanguardista de sus primeros libros ni en la erudición heteróclita de sus cuentos, falsos cuentos, ensayos y falsos ensayos, a partir de los años cuarenta. Por el contrario, está perturbada por la tensión de la mezcla y la nostalgia por una literatura europea que un latinoamericano nunca vive del todo como naturaleza original.

A pesar de la perfecta felicidad del estilo, la obra de Borges tiene en el centro una grieta: se desplaza por el filo de varias culturas, que se tocan (o se repelen) en sus bordes. Borges desestabiliza las grandes tradiciones occidentales y las que conoció de Oriente, cruzándolas (en el sentido en que se cruzan los caminos, pero también en el sentido en que se mezclan las razas) en el espacio rioplatense”.Ante todo, Borges defendía el ejercicio de la lectura como una actividad atravesada por el ocio.

Bien sabida es su frase en la que afirma que leer es una forma de felicidad, de manera que siempre aborreció la lectura como un asunto obligatorio. En varios ensayos reafirmó que era un “lector hedónico”, y bajo ese goce personal llevó a cabo su vida y obra. “Siempre llegué a las cosas después de encontrarlas en los libros”, afirmó, y con esa premisa fue que descubrió al mundo desde varios puntos. “Lo interesante no es preguntarse qué porcentaje de Borges viene de la literatura inglesa, de la filosofía alemana o de las tradiciones orientales, sino cómo todas esas corrientes encuentran un punto de equilibrio dentro de una imaginación singular.

Lo que admiramos no son los materiales por separado, sino la arquitectura que Borges construye con ellos”, aseveró Hoyos. Aunque se puede hablar de muchos precursores, quizá varios de ellos vienen del mundo y la cultura anglosajona.

En su ensayo autobiográfico, Borges escribió que “el anglosajón es para mí una experiencia tan íntima como mirar una puesta de sol o enamorarse”. De ahí también que por más de 20 años fuera profesor de literatura inglesa y norteamericana en la Universidad de Buenos Aires.

En “Borges y la literatura inglesa”, artículo publicado por Roberto Paoli de la Universidad de Firenze, el autor explica: “Su trato con la literatura inglesa es, en un buen porcentaje, un trato con el tiempo mágico, con el tema del doble, con el sueño, con la pesadilla o con una realidad que se presenta a menudo misteriosa y como teñida de irreal. De todos los dramas de Shakespeare, el que más cita y admira es Macbeth, pues se trata de una tragedia que, como él dice, ‘se impone a quienes la ven, la recorren o la recuerdan, con la atroz convicción de una pesadilla’”.

Borges lograba que sus lecturas tuvieran un diálogo a través del tiempo. Son varias las tradiciones y corrientes que exploró.

Si bien casi que lo más atrás que podemos irnos en el caso de la literatura anglosajona es Shakespeare, el escritor argentino enalteció más la narrativa moderna con precursores como Edgar Allan Poe, Robert Louis Stevenson, G.K. Chesterton H.G Wells, entre otros autores.

Saliendo de la cultura anglosajona, hay quizá tres grandes precursores que desprenden otras ramas de asombro y pensamiento en Borges: Homero, con “La odisea”; Dante Alighieri, con “La divina comedia” y Miguel de Cervantes, con “Don Quijote de la Mancha”. Brevemente con el caso de Dante Alighieri, la fascinación del argentino por su obra se puede ver en los ensayos “Siete noches” y “Nueve ensayos dantescos”.

En uno de ellos, que lleva el mismo nombre de “La divina comedia”, escribió: “Al principio debemos leer el libro con fe de niño, abandonarnos a él; después nos acompañará hasta el fin. A mí me ha acompañado durante tantos años, y sé que apenas lo abra mañana encontraré cosas que no he encontrado hasta ahora.

Sé que ese libro irá más allá de mi vigilia y de nuestras vigilias”. Les sugerimos: La cultura en el gobierno de Abelardo de la EspriellaSobre Cervantes y “Don Quijote de la Mancha”, Borges consideraba que, a diferencia de otros clásicos, “el Quijote es realista”, lo expresó en su ensayo “Magias parciales del Quijote”.

Sobre Alonso Quijano sentía que con este personaje tenía una amistad, y un reflejo de su fijación por explorar esta obra se vio también en uno de sus cuentos más reconocidos: “Pierre Menard, autor del Quijote”, en el que quiso poner sobre la mesa cómo cambia el significado y valor de un texto dependiendo del contexto histórico en el que se lee una obra. De “La odisea”, más que hablar de ella, volver a la cultura de la antigua Grecia era un paso que no nos podíamos saltar.

Con los presocráticos empezó su exploración del tiempo, concepto que veremos en la siguiente página; Platón también fue precursor de Borges por ser la base de su estudio sobre la metafísica.El mito del laberinto de Creta fue clave para la construcción de esta metáfora relacionada con el tiempo y con la lectura. Y otros mitos o tragedias con personajes como Edipo o Proteo, así como “La odisea”, fueron relevantes para su revisión del arquetipo de héroe.No quisiera terminar sin destacar a los precursores de Borges en la filosofía, especialmente la alemana.

En general, e incluso como un distanciamiento que tuvo con respecto a otros autores, Borges leyó todo tipo de filosofía, y no se limitó únicamente a la de Occidente, pues bastante revisó las corrientes del budismo, el taoísmo y un libro base de Oriente como el “I Ching”. No obstante, los precursores de la filosofía que sobresalen en su faceta lectora empiezan con Platón e incluye otros autores que fueron importantes para repensar asuntos transversales de esta materia como la verdad o el tiempo: George Berkeley, Baruch Spinoza, David Hume, entre otros.

En Alemania fueron claves Arthur Shopenhauer y Friedrich Nietzsche.Si le interesa seguir leyendo sobre El Magazín Cultural, puede ingresar aquí 🎭🎨🎻📚📖