Morena: ¿El destino a la turca o continuar la transformación? II

Como lo mencioné en mi entrega pasada, la historia demuestra que ningún movimiento político puede vivir indefinidamente de sus victorias pasadas. Los triunfos generan confianza, pero también pueden alimentar una peligrosa ilusión: creer que el respaldo social es permanente o que el futuro se encuentra asegurado por la simple inercia de los éxitos alcanzados.
Es precisamente ahí donde aparece el riesgo del llamado “destino a la turca”.La transformación no se sostiene por decreto, tampoco por la simple inercia de los resultados electorales que hoy favorecen a Morena. Su permanencia depende de conservar viva la esencia de un movimiento que millones de mexicanos hicieron suyo como una causa de representación política, justicia social y transformación de la vida pública nacional que se resume en la transformación de las conciencias.
Cuando el partido fundado por el ex presidente Andrés Manuel López Obrador irrumpió en la arena político-electoral entre 2015 y 2016, no gobernaba una sola entidad federativa. Su presencia institucional apenas comenzaba a consolidarse en algunas delegaciones de la Ciudad de México.
Hoy, una década después, gobierna veinticuatro estados de la República. Difícilmente puede explicarse semejante transformación por el azar o la casualidad.
Fue el resultado de una estrategia política clara, de una organización territorial eficaz y, sobre todo, de haber interpretado el momento histórico que vivía el país con una militancia unidad y sin protagonismos narcisistas. El pasado sábado concluyó el registro de quienes aspiran a convertirse en coordinadores de los Comités de Defensa de la Transformación en las diecisiete entidades donde el próximo año habrá elecciones para gobernadores.
Comienza ahora la etapa más delicada del proceso político. La negociación, los acuerdos, la inclusión y la unidad.
Conceptos indispensables para preservar la cohesión del movimiento.Porque si existe una lección que la historia política mexicana ha enseñado con claridad es que los grandes proyectos rara vez son derrotados exclusivamente por sus adversarios. Con frecuencia comienzan a debilitarse cuando las ambiciones personales terminan imponiéndose sobre la causa colectiva.
Ahí encuentra terreno fértil la oposición: dividir para competir; fragmentar para regresar. El enemigo más peligroso no siempre llega desde fuera.
Muchas veces comienza a construirse desde dentro.Ésa será la verdadera prueba para quienes hoy buscan encabezar las coordinaciones estatales. Más allá de las encuestas, de los reflectores o de la capacidad de movilización, deberán demostrar el capital político y, sobre todo, el capital moral suficiente para procesar con madurez los resultados, cerrar filas cuando las decisiones no les favorezcan y privilegiar el proyecto por encima de las aspiraciones personales.Morena llegó hasta aquí porque supo interpretar un momento histórico, escuchar a una sociedad agraviada y construir una mayoría alrededor de una causa.
Esa fortaleza no nació de la casualidad ni del simple desgaste de sus adversarios; nació de una organización política que entendió que las transformaciones profundas se conquistan todos los días.La verdadera fortaleza del movimiento no estará en la disciplina impuesta ni en la unanimidad simulada, sino en la capacidad de procesar sus diferencias con inteligencia política, preservar la unidad y recordar que ningún liderazgo está por encima de la causa que le dio origen. En los próximos meses veremos si respeta la mística del movimiento con miras a consolidar el segundo piso de la transformación o, dejarse ganar por una oposición rapaz que ansía regresar al poder.
La moneda por fortuna (hasta ahora), no está en el aire…@cuauhtecarmona
Información de Milenio (México). Edición y redacción: Noticias Today.
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