Existe en las despedidas una carga emocional que solo puede encontrarse entre la nostalgia y la expectativa. Casa Leopoldo bajó este domingo la persiana por última vez y Barcelona asistió al adiós de uno de sus restaurantes más icónicos, punto de encuentro de escritores, periodistas, artistas y vecinos de un Raval que ya casi no existe.

Las cuentas no salen. El barrio cambia, la ciudad cambia.

También los hábitos de consumo y la clientela. Y el pasado no sirve para llenar la caja.

Luego de dos años al frente del negocio, sus propietarios buscan ahora a alguien que tome el relevo con la esperanza de que Casa Leopoldo pueda llegar viva a su centenario, en 2029. Seguir leyendo