El Canal de Panamá se ha convertido en un punto sensible de la disputa estratégica entre Estados Unidos y China en el hemisferio occidental, en medio de una reconfiguración de las rutas logísticas globales y del creciente interés de las grandes potencias por asegurar nodos críticos del comercio internacional. Desde su llegada a la presidencia de Estados Unidos, en 2025, Donald Trump mostró su intención de recuperar influencia en espacios estratégicos que gobiernos anteriores al suyo dejaron abierto y a los que China llevó su cultura y sus apoyos, así como sus inversiones.

El reclamo del principal socio histórico de Panamá llegó con retraso. El actual escenario es el resultado de una acumulación de tensiones diplomáticas y económicas ocurridas en la última década y, mas recientemente, del cese de una concesión portuaria que estaba en manos de la filial de una empresa china desde hacía 28 años.

Panamá abandonó a Taiwán y entabló relaciones diplomáticas con China en 2017, en una decisión no difundida inicialmente. Si bien, poco después de este hecho, en marzo de 2018, el embajador de Estados Unidos renunció –por “razones personales”– y no fue enviado otro al despacho hasta noviembre de 2022, no se escuchó una reacción mayor del gobierno de Estados Unidos hasta que Trump inició a reclamar propiedad sobre el Canal, a decir que estaba en manos de China y a exigir paso gratuito para sus naves.

Con la llegada de Laurentino Cortizo (2019-2024) a la presidencia de Panamá las relaciones con China se “enfriaron” y al asumir el cargo José Raúl Mulino (2024-2029) el acuerdo sobre la Ruta de la Seda fue desechado. En febrero de 2026, la Corte Suprema declaró ilegal el contrato de concesión y su prórroga, que permitía a Panama Ports Company (PPC), filial de la hongkonesa CK Hutchison, operar los puertos de Balboa y Cristóbal.

Fue el clímax y la reacción de Pekín no fue menor: detener y poner trabas a las flotas mercantes que tengan como bandera de conveniencia la panameña. En este contexto, distintos analistas coinciden en que el Canal ha dejado de ser únicamente un activo comercial para convertirse en un nodo estratégico de disputa geopolítica.

Las fuentes consultadas coinciden en que el Canal de Panamá ha dejado de ser un simple activo comercial para convertirse en el epicentro de una lucha sistémica entre Estados Unidos y China, aunque cada uno aporta matices distintos sobre las causas y las consecuencias de esta tensión. Parsifal D’Sola Alvarado, director ejecutivo de la Fundación Andrés Bello, entidad sin fines de lucro dedicada a la investigación y análisis de las relaciones entre China y los países de América Latina y el Caribe y afincada en Colombia es directo. “La importancia del Canal de Panamá se da por sentada: es el cuello de botella y centro de gravedad del comercio hemisférico” y “no debería sorprender que, en un entorno de creciente inestabilidad geopolítica a nivel mundial, se convierta en un punto de tensión“.

Afirma que la política exterior estadounidense atraviesa una transformación de largo plazo y que ese giro tendrá consecuencias significativas para América Latina y, de manera particular, para los países alineados con Estados Unidos. Para Einar Tangen, del Centre for International Governance Innovation, un centro de estudios independiente y no partidista que ofrece investigación y análisis, con sede en Canadá, “la cuestión de Panamá existe simultáneamente dentro de dos dinámicas contrapuestas\".

La primera de ellas, indica, la intensificación de la estrategia para contener el alcance global de China y mantener el control sobre el hemisferio occidental. Lo segundo: un reconocimiento creciente de que la fragmentación económica entre las dos mayores economías del mundo conlleva riesgos sistémicos significativos. “Aún no está claro si estos dos objetivos pueden coexistir”, planteó.

Las conclusiones de D’Sola y Tangen parten de un análisis sobre los hechos recientes, que podrían verse desde dos ángulos. a) La naturaleza del conflicto geopolítico Tangen define la situación como una “estrategia de denegación” por parte de EUA, basada en las teorías de Elbridge Colby, actual subsecretario de Defensa para Política de Estados Unidos. Sostiene que Washington ha fusionado la estrategia militar con la gestión económica, tratando la logística y el comercio como extensiones de la defensa nacional para contener el ascenso de China.

Menciona que, en la práctica, esto se ha traducido, entre otras cosas, en “presión sobre los aliados para reestructurar las relaciones económicas y de defensa en torno a la competencia estratégica con Pekín”. D’Sola, por su parte, coincide en que la competencia es sistémica, pero pone énfasis en el cambio de rol de EUA, que ha pasado de ser el “policía global” a centrarse en la seguridad nacional y el control del hemisferio occidental, con un enfoque en la relocalización de suministros y reducción de la influencia de actores extrarregionales como China y Rusia. “Las consecuencias ya son visibles.

Panamá se retiró de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, mientras que la concesión de CK Hutchison en los dos principales puertos del país fue anulada. Sin entrar a valorar los argumentos jurídicos, resulta difícil ignorar los esfuerzos explícitos de Estados Unidos por influir en la toma de decisiones del gobierno panameño en asuntos relacionados con China”, expresó. b) El Caso del Grupo Hutchison y la presión de EUA Tangen es muy crítico con la postura estadounidense.

Argumenta que Washington atribuye sus propios esquemas mentales a China. Afirma que no hay evidencia factual de que el Grupo Hutchison sea una herramienta de control militar del gobierno chino y considera que la presión para su salida de los puertos panameños es un intento de evitar que redes logísticas vinculadas a Pekín erosionen el control de EUA en la región.

En tanto, D’Sola ve la anulación de la concesión de Hutchison y la retirada de Panamá de la Iniciativa de la Franja y la Ruta como consecuencias visibles y concretas de la política exterior asertiva de EUA. A diferencia de Tangen, se centra menos en la validez de las acusaciones contra la empresa y más en cómo estas acciones demuestran un cambio de paradigma permanente en Washington.

Tangen agrega al análisis dos elementos adicionales: el puerto de Chancay, en Perú, así como la Doctrina Monroe y la independencia regional. Le otorga una importancia crítica a Chancay, calificándolo como un factor que “altera la geografía del comercio”, al permitir a Sudamérica eludir los sistemas tradicionales controlados por EUA, haciendo que la disputa por Panamá llegue “demasiado tarde”.

En cuanto a lo segundo, el analista sostiene que el resurgimiento de la Doctrina Monroe es una “peligrosa nostalgia”, ya que, cuanta más presión ejerza Washington, más incentivará a los países latinoamericanos a diversificar sus alianzas y resistir el predominio estadounidense. Esto \"erosiona gradualmente la primacía económica histórica de Estados Unidos en la región.

Por eso Panamá se ha convertido repentinamente en un asunto de primera línea”, apuntó. Sobre la reacción de China a la pérdida de los puertos panameños, destaca que su disposición a utilizar medidas de represalia contra el transporte marítimo vinculado a infraestructuras del Canal revela hasta qué punto el comercio marítimo está siendo incorporado a la competencia estratégica.

Al mismo tiempo, advierte que esa respuesta también demuestra que Pekín probablemente no absorberá pasivamente las presiones dirigidas a contener su alcance comercial y continuará acelerando alternativas paralelas. D’Sola agrega que las políticas estructurales de fondo persistirán independientemente de quién esté en la presidencia de Estados Unidos, porque no se trata de una coyuntura, sino la “nueva norma” de su política exterior. “La visión geopolítica de la segunda administración Trump, a juzgar por sus recientes declaraciones, parece estar concentrada en la voluntad de ampliar y profundizar el control geoestratégico [...].

No obstante, es sobre todo la progresiva expansión de la China de Xi Jinping y su control de las principales rutas del comercio marítimo lo que parece preocupar más a Trump”, escribió Miguel Ángel Martínez Meucci, doctor en Conflicto Político y Procesos de Pacificación por la Universidad Complutense de Madrid, en enero de 2025 —cuando la retórica se tomó los medios de comunicación—, en un artículo para dialogopolitico.com, una plataforma de la fundación Konrad Adenauer Stiftung. El internacionalista panameño Euclides Tapia manifiesta que el papel global del Canal siempre se ha visto acrecentado en situaciones de conflicto y crisis políticas y económicas fuera del continente americano.

No obstante, cuestionó el manejo de la política exterior de Panamá en el caso de China, por las implicaciones que está teniendo la retención de buques de bandera panameña. Tapia cuestiona que en la última reunión entre los ministros de Relaciones Exteriores China aprovechó para imponer a Panamá una condición que impone a países pequeños y pobres. “Incluyó que Panamá no podría establecer oficinas comerciales de Taiwán en nuestro país, contrario a lo que más de 70 países del planeta tienen.

Y sigue haciendo de la suya contra de la marina mercante panameña, porque el supuesto acuerdo ni siquiera sirvió para detener o ponerle fin a esa situación”, remarcó. Tapia se refiere a lo anunciado por la embajada de China en Panamá luego de la reunión en Nueva York a fines de mayo. “Panamá concede gran importancia a las relaciones con China, es plenamente consciente de la importancia y la sensibilidad de la cuestión de Taiwán, y mantendrá firmemente la política de Una Sola China, sin permitir que Taiwán establezca oficinas de representación en Panamá [...]”, publicó en Facebook.

Un par de cifras ponen en perspectiva la geoeconomía detrás de la retórica. El intercambio comercial entre China y América Latina y el Caribe experimentó un crecimiento exponencial: de 12,000 millones de dólares en 2000, se incrementó hasta 450,000 millones en 2023 y alcanzó un récord de 518,000 millones en 2024, de acuerdo con un reporte de la internacionalista y magíster en estudios latinoamericanos por la Universidad de Salamanca Julieta Heduvan.

En tanto, durante la última década, aunque el intercambio entre EUA y América Latina se consolidó en términos absolutos, según la internacionalista se mantiene un esquema que confirma la importancia de la región latinoamericana como proveedor estratégico de materias primas críticas para la seguridad energética y alimentaria estadounidense, al tiempo que evidencia la dependencia de estos países de los mercados externos para sostener sus exportaciones. En ese cruce de intereses, el Canal de Panamá emerge no solo como un punto de paso estratégico del comercio global, sino también un punto de fricción en la competencia entre potencias.

Quinta entrega: Especialistas avizoran el Canal del futuro.