Hay una historia que a Costa Rica le gusta contarse sobre sí misma: Banco Central prudente, meta de inflación disciplinada, moneda tan estable que S&P acaba de subir la calificación soberana y el Central pudo bajar de nuevo su tasa de política monetaria a 6%. Según el manual de texto, así luce una economía pequeña bien administrada.

Y, no obstante, en el terreno, el panorama es muy distinto. Más de 22.000 empleos perdidos en turismo.

Las planillas de manufactura cayeron en 38.000 puestos en un solo año. Amazon fue autorizada a reducir a la mitad su compromiso de empleo en zona franca.

Intel –la empresa que en 1998 puso a Costa Rica en el mapa tecnológico mundial– anunció el cierre, por segunda vez, de su planta de manufactura. El desempleo subió a 7,1% en el primer trimestre de 2026, mientras 118.000 personas simplemente dejaron de buscar trabajo.

Un colón apreciado cerca de un 30% frente al dólar desde su pico de 2022, lo que convirtió un servicio turístico de $36 en uno de $50. Ambas historias pueden ser ciertas al mismo tiempo, y ese es precisamente el problema.

La meta de inflación ya no sostiene el argumentoLa justificación oficial de años de política monetaria restrictiva ha sido la meta de inflación del 3%. Pero los datos cuentan otra historia: Costa Rica acumula 34 meses consecutivos con inflación por debajo de la banda meta, y para febrero de 2026, el país había entrado en deflación abierta, con 11 meses seguidos de caída de precios.

La propia misión del FMI para la Consulta del Artículo IV 2026 lo indicó directamente: su receta no fue más restricción para perseguir la meta, sino más recortes de tasa, porque la tasa real de política se ubica por encima de lo que el personal técnico del Fondo considera neutral. En otras palabras, la misma institución que suele citarse para validar la gestión monetaria costarricense está dejando constancia de que la política ha sido demasiado restrictiva por demasiado tiempo.

Si el argumento para el colón fuerte fue el control inflacionario, ese argumento colapsó en el momento en que la inflación perforó el piso de la banda meta durante casi tres años seguidos. Intel: del catalizador al retiro Pocos casos ilustran mejor la trayectoria del modelo costarricense que Intel.

Cuando la empresa decidió instalarse en Costa Rica en 1996-1998 –luego de un proceso de atracción liderado por Cinde que se convirtió en caso de estudio internacional–, transformó la imagen del país: de exportador de banano y café a sede de manufactura avanzada de semiconductores. Fue, durante casi tres décadas, el símbolo de que Costa Rica podía jugar en una liga distinta.

Pero la relación ha sido más volátil de lo que el relato oficial admite. En 2014, Intel cerró su planta de ensamblaje y la trasladó a Asia, con lo que afectó cerca de 1.500 puestos.

En 2021, la reactivó con una inversión de $350 millones. Y el 24 de julio de 2025, anunció su cierre por segunda vez, para consolidar esas operaciones en Vietnam y Malasia –unas 800 personas afectadas, con un proceso que se completaría a finales de 2026–.

El catalizador original de la industria de alta tecnología costarricense se está retirando, en parte, del mismo terreno que ayudó a fundar. Pero el patrón no se limita a Intel.

El mismo día de ese anuncio, Qorvo cerró su planta luego de 29 años. Amazon fue autorizada a reducir su compromiso de empleo de 16.450 a 8.225 puestos.

Viant eliminó 900 de sus 1.500 puestos. El empleo en servicios de zona franca se contrajo por primera vez a finales de 2025, con apenas 3.259 puestos netos nuevos en todo el año.

La Cámara de Industrias y Azofras señalaron explícitamente que el tipo de cambio, el costo energético, las cargas sociales y la falta de flexibilidad laboral son los factores que empujan a las multinacionales hacia otras geografías. La automatización global opera también, pero no explica por sí sola por qué el crecimiento en zona franca casi se detuvo justo cuando el colón se apreciaba casi 10% en 12 meses.

Dos choques estructurales están aterrizando simultáneamente, y la fortaleza cambiaria hace más doloroso el ajuste, no menos. La paradoja laboral Los datos del mercado laboral de inicios de 2026 merecen más atención de la que han recibido.

Costa Rica no solo perdió 56.000 empleos en el primer trimestre; simultáneamente, 118.000 personas abandonaron la fuerza laboral. Así es exactamente como una tasa de desempleo puede parecer estable mientras la economía se vacía por dentro: los trabajadores desalentados dejan de contar como “desempleados” en el momento en que dejan de buscar.

El empleo informal alcanzó a 824.000 personas (38,2% de quienes trabajan), fuera por completo del sistema de salud y de pensiones. Y el mismo 25 de junio de 2026, TicoFrut –una de las mayores exportadoras agrícolas del país– anunció el despido de 600 trabajadores, recordatorio de que el sector que más siente cada colón de apreciación es el que menos puede trasladar esos costos a sus compradores internacionales.

¿El mercado, o una estructura moldeada por decisiones de política? Conviene cuestionar la defensa convencional del tipo de cambio como resultado de fuerzas puramente de mercado.

El volumen de divisas negociado en el mercado formal alcanzó un récord de $72.800 millones en 2025, casi el doble de 2020. Buena parte de eso refleja el éxito real del modelo exportador: las compras locales de empresas de zona franca superan los $6.000 millones anuales, representando del 54% al 57% de sus compras totales.

Hace una década, la zona franca era un enclave; hoy, más de la mitad de su gasto fluye hacia la cadena de suministro doméstica, una profundización de encadenamientos productivos que se refleja plenamente en los flujos de divisas. Pero que algo sea estructural no significa que esté libre de la influencia de decisiones de política.

El Ministerio de Hacienda calendariza sus endeudamientos y pagos en dólares según las condiciones cambiarias –no solo según necesidades de financiamiento–, actuando como un actor no comercial grande con influencia sobre la balanza. Sus preferencias (un servicio de deuda en dólares más barato) coinciden con un colón más fuerte, sin importar lo que eso les haga a los exportadores.

Llamar a este resultado “el mercado” sin nombrar esas decisiones de diseño es omitir factores que importan. La pregunta sobre el narcotráfico Hay que abordar la pregunta que muchos lectores se hacen: ¿podría el dinero del narcotráfico estar inflando la oferta de dólares y sosteniendo al colón?

El problema del crimen organizado es real y va en aumento, pero existe una distinción que suele perderse: el lavado de dinero evita, por definición, el mercado cambiario formal que fija el tipo de cambio de referencia. El método típico de lavado –negocios informales intensivos en efectivo, loterías ilegales, ganado, bares, bienes raíces pagados con efectivo– existe precisamente para evadir los filtros de cumplimiento de los bancos y de Monex.

La explosión de la oferta formal de dólares coincide casi exactamente con la explosión de exportaciones de zona franca y proyectos de inversión extranjera directa (IED) –una explicación mucho más ajustada a la realidad que hablar de un flujo invisible de dinero de carteles fluyendo por el mercado oficial de divisas–. Las causas del colón fuerte son identificables y, en buena medida, resultado de decisiones de política, no de fuerzas de mercado que operan en el vacío.

En una próxima entrega, me referiré al eurobono que nadie pidió, la lección irlandesa y las acciones que Costa Rica puede –y debe– tomar ya.----Guillermo von Breymann es fundador de Banco Banex, Cinde y el complejo Multiplaza/Camino Real. Ha trabajado en banca y desarrollo inmobiliario de gran escala en Costa Rica desde la década de 1970.