El último viernes, el Señor del Tabaco publicó una solicitada en LA NACION afirmando que un artículo del día anterior, firmado por quien esto escribe con el título “Historia de un vendedor de humo”, está destinado a “desprestigiar a la empresa y tratar de arruinar mi reputación” porque contiene “afirmaciones totalmente falsas”. La primera novedad es que Pablo Otero, oculto bajo su empresa Tabacalera Sarandí, decidió salir de las sombras que lo protegían, aunque existen periodistas, pocos, que antes lo denunciaron por sus maniobras para evadir el pago de los impuestos a los cigarrillos.

La segunda novedad consiste en que aceptó elípticamente que la Corte Suprema de Justicia lo condenó a pagar lo que él le debe al fisco desde hace seis años; la deuda que debe sufragar fue estimada por todos los medios independientes (independientes de Otero) en una cifra satelital que oscila entre 1000 y 1400 millones de dólares. Otero también le reprocha a este periodista que las denuncias presentadas por la ARCA (Agencia de Recaudación y Control Aduanero, exAFIP) por presunto lavado de dinero fueron rechazadas por distintas instancias judiciales.

El articulo al que se refiere consigna, en efecto, que varias instancias judiciales decidieron archivar la causa, pero también que el trámite en los tribunales no terminó aún porque seguramente volverá a decidir la Corte Suprema de Justicia. Otero incluye a su empresa entre las “pequeñas pymes” afectadas por una gran multinacional productora de cigarrillos, a la que nombra solo por su siglas, PMA, seguramente refiriéndose a Philip Morris Argentina.

Llamar “pequeña pyme” a una empresa tabacalera que controla casi el 40 por ciento del mercado argentino de cigarrillos, como lo es Tabacalera Sarandí, es un exceso de humildad. O una mentira.

El tabacalero derrapa también en el más obvio de los pretextos: él está a la vanguardia, desliza, de la lucha de empresas nacionales contra poderosas compañías internacionales. El nacionalismo es el último refugio de los que carecen de argumentos, para repetir de manera más elegante y menos franca la famosa frase del escritor británico Samuel Johnson.El nacionalismo es el último refugio de los que carecen de argumentosOtero combate contra la claridad de la prosa.

Hace un trabalenguas para decir algo demasiado sencillo sobre dos resoluciones muy claras de la Corte Suprema de agosto pasado. La primera decisión del máximo tribunal de justicia declaró inconstitucional el planteo de Otero sobre la ley que fijaba un precio mínimo para los cigarrillos; esa presentación del Señor del Tabaco mereció que distintas instancias judiciales le concedieran durante años extrañas cautelares para que él no cobre (ni pague) los impuestos que son inherentes al precio de los cigarrillos.

Solo un enorme poder de lobby puede lograr tantas conquistas. Otero se respaldaba en un silogismo fácilmente rebatible: los impuestos a los cigarrillos son “expropiatorios” y “perjudican a las pequeñas tabacaleras”.

¿Por qué? El argumento puede servir para no pagar ningún impuesto.

Son gravámenes que deben sufragar todas las empresas productoras de cigarrillos. El valor de los cigarrillos de Otero fue durante ese tiempo, más de un lustro, mucho más barato que el de las otras empresas tabacaleras, que sí pagan los impuestos correspondientes.

La calidad de los cigarrillos de Otero es otra cosa: solo la pueden valorar los fumadores. Otero pidió la nulidad de esa decisión de la Corte porque, aseveró, se había acogido en su momento a un plan de pagos de la entonces AFIP.

La Corte volvió a rechazar el planteo de Otero por una razón muy simple: nunca presentó la constancia de que tenía un plan de pagos y de que estaba cumpliendo con él. Pocas veces los jueces supremos del país decidieron sobre semejante audacia.

¿Qué es eso si no evasión, aunque Otero dice que no lo acusaron de tal delito? Fraseología que nada significa.

Las leyes impositivas se deben cumplir o, si no, se está evadiendo el pago de impuestos. Ambas decisiones de la Corte fueron firmadas por la unanimidad de quienes la integraban en ese momento: los jueces Horacio Rosatti y Ricardo Lorenzetti y los conjueces Mariano Llorens y Mario Boldu.

El juez Carlos Rosenkrantz se excusó de intervenir en el caso porque en su vida anterior, como abogado privado, había actuado en una causa relacionada con una de las grandes compañías internacionales de tabaco. Todavía hay gente en los tribunales que prefiere llevarse bien con la verdad.

En su pronunciamiento de fondo, la Corte remarcó que el precio alto de los cigarrillos, sostenido por los impuestos, es un buen recurso para cuidar la salud pública y se respaldó en un pronunciamiento en tal sentido de la Organización Mundial de la Salud. Es así: la OMS aconseja elevar el precio de los cigarrillos para desalentar esa adicción, causa de muchísimas muertes en el mundo.

Al final del día, debe concluirse que los negocios de Otero han sido un peligro para la salud pública, aunque le permitieron a él construir una monumental fortuna en muy poco tiempo.Los negocios de Otero han sido un peligro para la salud pública, aunque le permitieron a él construir una monumental fortuna en muy poco tiempoEl caso de supuesto lavado de dinero por parte de Otero lo inició la UIF, Unidad de Información Financiera, el organismo encargado de prevenir el lavado de activos, que denunció al tabacalero ante la entonces AFIP porque no encontró razones que justificaran una fortuna hecha en tan poco tiempo. Cayó en manos del fiscal Eduardo Taiano, quien afirmó rápidamente que no había pruebas para continuar con la investigación.

Archivó la denuncia, pero la jueza María Servini apeló ante la Cámara Federal, que también decidió archivarla. El ente de recaudación apeló entonces ante la más alta instancia penal del país, la Cámara de Casación, que decidió de igual modo, por dos votos contra uno, que la denuncia debía archivarse y resolvió algo más importante todavía: apartó a la ARCA como querellante.

El organismo no puede seguir apelando. Los jueces que tomaron esa decisión fueron Mariano Borinsky y Javier Carbajo; en cambio, el juez Gustavo Hornos votó en disidencia para que la ARCA sea querellante en la causa y también para aceptar su pedido de apelación ante la Corte Suprema de Justicia, recurso que los otros dos magistrados le habían negado al ente recaudador.

El argumento de Hornos consistió básicamente en que la ARCA merece ser querellante porque representa a una parte afectada, que es el Estado, pero su voto fue minoritario. La ARCA puede ahora recurrir en queja a la Corte Suprema.

Lo hará seguramente. Esta es la parte que Otero suprime en su solicitada.Nada dice el tabacalero, en cambio, sobre una tercera causa que se investiga en Mar del Plata y que refiere a la presunta falsificación del estampillado fiscal por parte de Otero.

El expediente está a cargo del juez federal Santiago Inchausti, quien aguarda la auditoría definitiva de la Casa de Moneda sobre la falsificación de las estampillas que llevan todos los atados de cigarrillos. Un informe preliminar de la Casa de Moneda ya ratificó que el estampillado de Tabacalera Sarandí es apócrifo.

Otero se presentó en el juzgado de Morón, donde había una denuncia parecida, para que lo apartaran a Inchausti de la causa, pero el planteo fue rechazado por todas las instancias judiciales, incluida la Corte Suprema de Justicia. Es decir que la Corte ya decidió tres veces contras distintas pretensiones de Otero.

El tabacalero se mueve cómodo entre las costuras de la ley. Esa causa sobre falsificación, que es un delito penal, sigue en Mar del Plata.

Inchausti ya citó a indagatoria a varios empresarios pymes que le compraban cigarrillos a Otero con estampillas falsas. Otero no aludió en su solicitada a esa causa, a la que también se refirió el artículo de este periodista.La Justicia no es inocente, aunque hay valiosas excepcionesLa Justicia no es inocente, aunque hay valiosas excepciones.

La corrupción política es una de las principales causas de preocupación de la sociedad argentina y, no obstante, la mayoría de los jueces y fiscales parece respetar el tiempo de la eternidad. En estos días, el ya exjefe de Gabinete Manuel Adorni compitió con Martín Insaurralde, exjefe de gabinete de Axel Kicillof, por cuál hizo mayor exhibición de riqueza con más desparpajo.

Debe aceptarse que lo que se le descubrió hasta ahora a Adorni, que ayer se asomó definitivamente al triste ocaso de su fugaz carrera política, es una insignificancia frente a los muchos millones de dólares en manos de Insaurralde. No importa la cantidad: se es honesto o se es deshonesto.

Y debe admitirse que la Justicia es lenta para citar a indagatoria a Adorni, pero es mucho más lenta con Insaurralde, cuyo escándalo inició en 2023 cuando lo pescaron flotando en el Mediterráneo en compañía de la modelo Sofía Clerici. Todavía no fue convocado a indagatoria por la Justicia, a pesar de varios pedidos del fiscal Sergio Mola y de la UIF para que se lo cite.

Mola se cansó: ahora pidió que directamente vaya a la cárcel junto con su pareja de entonces, la también modelo Jesica Cirio. Insaurralde está acusado de enriquecimiento ilícito, evasión impositiva y lavado de dinero.

El caso de los Cuadernos, que tiene a Cristina Kirchner procesada como jefa de una asociación ilícita y que es la causa de corrupción más importante de la historia, está en un lentísimo juicio oral que podría terminar solo a fines del 2027 o en 2028. En ese juicio solo hay audiencias públicas dos veces por semana.

Cristina Kirchner podría ser condenada a entre dos y diez años de prisión. Los jueces de la Cámara Federal que juzgaron a las juntas militares en 1985 resolvieron el tema en menos de un año, pero había audiencias todos los días hábiles de la semana.

Declararon 839 testigos. A veces, es cierto que todo tiempo pasado fue mejor.El caso de lavado de dinero en Hotesur y Los Sauces, edificios y hoteles de la familia Kirchner, se inició en 2014 por una denuncia de Margarita Stolbizer.

El juicio no inició todavía y el fiscal Diego Velasco denunció que el caso “está cargado de rituales dilatorios” y de “maniobras burocráticas”. Hasta la Corte Suprema de Justicia ordenó que empiece cuanto antes el juicio oral.

Nada. Los jueces la desobedecen.

Velasco tiene razón: existen esos pésimos rituales. En esta causa están acusados Cristina y Máximo Kirchner y los empresarios Lázaro Báez, Cristóbal López y Fabián de Sousa de lavado de dinero, falsificación de documentos y asociación ilícita.

¿Esperarán que alguna instancia judicial considere en algún momento que pasó el “tiempo razonable” para juzgarlos? Todos serían inocentes.

Ya nada sorprende en la Argentina de políticos ricos y argentinos pobres o empobrecidos.Las peores y más abundantes críticas a Macri en las redes sociales vienen de los libertarios, no de los kirchneristasMilei cree, para peor, que el respeto a las reglas del juego de la economía es lo único que importa; las instituciones son, para él, solo una superstición de “ñoños republicanos”. Tales desprecios lo enfrentan con Mauricio Macri, con quien parece haber roto toda posibilidad de un acuerdo electoral para el año próximo.

Dos veces en una semana se refirió de mala manera al expresidente. Primero lo llamó “defolteador serial en pesos” y luego, sin nombrarlo, lo mandó a callar; la alusión a Macri fue inconfundible.

Las peores y más abundantes críticas a Macri en las redes sociales vienen de los libertarios, no de los kirchneristas. Parte de los votos de Milei están en el macrismo, no en el kirchnerismo.

Es mejor ocuparse de Macri, entonces. El Presidente y sus fanáticos no se detienen en los otros fanáticos: lo que siguen a Cristina Kirchner.

También Milei se dio cuenta del verdadero sentido de la decisión de Pro de postergar el tratamiento parlamentario para interpelar a Adorni. Sin despacho de la Comisión de Asuntos Constitucionales y sin figurar en el orden del día, ese debate solo podría haberse abierto en la semana que pasó con el voto de los dos tercios de cada una de las dos cámaras.

Imposible llegar a tanto. Con despacho de comisión, en cambio, la interpelación podrá ser incorporada la semana próxima al debate parlamentario. “O hacemos las cosas de manera correcta o estamos evitando el debate en serio del caso Adorni”, dijeron al lado de Macri.

Eso sucedió antes de que comenzaran a tocar las primeras notas del réquiem para Adorni. El kirchnerismo insistía: es mejor, decía, que Adorni siguiera en el cargo porque así Milei se desgastaría velozmente, que es lo que estaba sucediendo.

Nunca sirve confundir el ruido con la importancia.