La cautividad está transformando la psicología de los loros 'de compañía'

El 31 de mayo se celebra el Día mundial del loro, una fecha impulsada por la organización World Parrot Trust en 2004 con el objetivo de visibilizar la situación de estas aves tanto en libertad como en cautividad, asimismo de promover su conservación frente a amenazas que van desde la pérdida de hábitat hasta el comercio ilegal o insostenible.Una de cada tres especies de loros se encuentra en la actualidad amenazada en algún grado según datos de la Lista Roja de la IUCN y distintas evaluaciones internacionales de conservación, lo que sitúa a este grupo de aves entre los más presionados por la actividad humana.El ‘loro de compañía’ no es un animal domésticoA pesar de que los loros se encuentran entre las aves de compañía más populares y apreciadas de todo el mundo, la ciencia y la medicina veterinaria coinciden de manera tajante en que no se trata de una especie verdaderamente doméstica. A diferencia de los perros, los hurones o los gatos, cuyos organismos y conductas han atravesado milenios de selección artificial para adaptarse a la convivencia estrecha junto al ser humano, los loros en cautividad siguen siendo animales esencialmente salvajes que se encuentran, como mucho, a unas pocas generaciones de distancia de sus hábitats nativos originales.Esta condición biológica implica que conservan completamente intactas todas y cada una de las complejas necesidades etológicas, ambientales y sociales de sus homólogos en libertad, las cuales incluyen la vida cooperativa en grandes bandadas, una estimulación social constante, la inversión de horas diarias en la búsqueda variada de alimento y el ejercicio indispensable del vuelo regular.
Cuando estas exigencias tan profundas se ven restringidas o anuladas por el entorno cerrado de un hogar humano, es frecuente que los ejemplares desarrollen graves problemas de bienestar que se manifiestan a través de conductas neuróticas y patológicas, tales como el picaje destructivo del plumaje, la automutilación, los gritos excesivos y niveles severos de estrés crónico.Por lo tanto, siendo estrictos, el término “loro de compañía” se utiliza para describir una relación de convivencia, no una condición biológica de domesticación. Es una distinción importante porque afecta directamente a la forma en que se entiende su bienestar, su manejo y también su comercio.La presión del mascotismoLa enorme presión que el comercio de mascotas ejerce sobre estas aves no solo afecta a la supervivencia de las poblaciones silvestres, sino que está transformando de forma medible la estructura psicológica de los ejemplares criados en entornos humanos.
Una investigación científica de gran escala, que analizó el comportamiento de más de 2.200 loros pertenecientes a ocho grupos taxonómicos distintos, consiguió identificar un modelo de personalidad estructurado en cuatro dimensiones fundamentales: confianza, neuroticismo, prosocialidad y juego. El estudio determinó de manera muy significativa que ciertas prácticas de manejo extraordinariamente extendidas en la avicultura comercial, tales como la cría a mano (aves papilleras) por parte de personas y el recorte sistemático de las plumas de las alas para impedir que vuelen, consiguen elevar de forma artificial los niveles de prosocialidad de las aves para forzarlas a crear un vínculo con su cuidador, pero lo hacen asumiendo un peaje biológico sumamente preocupante en forma de un incremento drástico en sus niveles de neuroticismo.
Esta inestabilidad emocional y desequilibrio psíquico, derivados de la imposibilidad de desarrollar sus conductas naturales y de la aparición de ansiedad por separación, se han confirmado asimismo como el principal factor estadístico predictivo para que los convivientes con loros terminen frustrados ante las expectativas del animal y tomen la decisión de deshacerse de ellos o reubicarlos.El comercio de loros en EuropaEl comercio internacional de loros está regulado por el Convenio sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres, conocido como CITES, que establece distintos niveles de protección según la especie y su estado de conservación. En términos generales, este sistema restringe de forma muy estricta el comercio de ejemplares capturados en libertad en especies amenazadas, mientras que permite el comercio de individuos nacidos en cautividad bajo sistemas de certificación y trazabilidad.En la Unión Europea, asimismo, el comercio de aves silvestres está ampliamente limitado por normativa específica, de manera que la inmensa mayoría de loros presentes en el mercado proceden de cría en cautividad registrada.
Esto no significa que no exista tráfico ilegal y entrada de ejemplares procedentes de capturas sobre las poblaciones salvajes, pero sí que el marco legal actual prioriza el control del origen y la documentación del ejemplar como herramienta de regulación.Por lo tanto, para que la tenencia de un loro sea plenamente legal en territorio español, el titular debe ser capaz de acreditar de forma inequívoca que el animal procede de manera exclusiva de la cría controlada en cautividad. Este origen lícito se certifica de forma obligatoria mediante el uso de una anilla homologada, un dispositivo cilíndrico oficial que los criadores autorizados deben colocar en la pata del ave cuando esta es apenas un polluelo de pocos días de vida.
Debido al posterior crecimiento óseo y muscular de la extremidad, resulta físicamente imposible introducir o retirar esta anilla en un ejemplar adulto sin romper el dispositivo, lo que sirve como un sello de identidad permanente e inviolable que garantiza que el animal no ha sido extraído de la naturaleza.Más allá del debate, el verdadero conflicto del mascotismo exótico no concluye cuando se erradica el tráfico ilegal o se certifica la procedencia del ave, sino que comienza precisamente en el interior de los hogares. Ahí es donde las demandas físicas y psicológicas de una especie genéticamente salvaje, nacida para el vuelo y la vida comunitaria, colisionan de manera inevitable con las limitaciones de una vida en cautividad y las expectativas de convivencia de los cuidadores.Referencias: Understanding the behavioural challenges of companion parrots.
Vicki Baldrey y Molly Rogerson. In Practice (2024)Owner-rated personality in companion parrots (Aves; Psittaciformes); A four dimension model.
Rachel A. Grant et al.
Applied Animal Behaviour Science (2024)
Información de 20 Minutos. Edición y redacción: Noticias Today.
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