Mediador comunicativo, una figura esencial para las personas sordociegas: "Sin nosotros, son muy vulnerables al aislamiento"

En España hay más de 30.000 personas sordociegas, que son aquellas que combinan una discapacidad visual con una discapacidad auditiva.Se trata de un colectivo bastante numeroso que está, no obstante, muy invisibilizado y que, de no contar con los apoyos que necesitan, tienen un alto riesgo de aislamiento y exclusión social.Entre las personas que los apoyan en su día a día hay una figura indispensable, el mediador comunicativo, un profesional especializado en facilitar la comunicación, la autonomía y la integración social de personas con dificultades de comunicación, lenguaje y habla. Su labor se dirige principalmente a personas sordas, sordociegas, con discapacidad auditiva o con trastornos del espectro autista.Alberto Durán, de 27 años, desempeña desde hace meses esta labor en la Fundación ONCE para la Atención de Personas con Sordoceguera (FOAPS), donde se dedica a adaptar la comunicación a las necesidades de las personas sordociegas a las que atiende en su día a día.
"Hay diferentes tipos de mediaciones: en ámbito educativo, laboral, domicilios y entornos de las personas. Yo trabajo en centros de personas con discapacidad en los que hay personas sordociegas y necesitan la figura del mediador o en los domicilios de las propias personas", explica.Su labor, como su propio nombre indica, es mediar en la comunicación de las personas sordociegas con el objetivo de que puedan llevar a cabo actividades de su día a día, sobre todo aquellas en las que existan para ellas barreras comunicativas, y hacerlo en función de sus necesidades e intereses.
"En algunas ocasiones, les ayudo a hacer la compra o comprar algo determinado, les explico lo que pone en la factura de la luz que les acaba de llegar… Son ejemplos porque al final mi labor es tan diversa como las necesidades de las personas", asegura.Alberto ejerce de mediador comunicativo para 11 personas, y pasa con cada una de ellas dos horas a la semana, en un horario fijo. Durante esas dos horas, media en las actividades que necesiten, que pueden variar mucho de una persona a otra y de una semana a otra.
Por ejemplo, a uno de sus usuarios le gusta mucho estar al tanto de las noticias de actualidad, para lo que Alberto se prepara todas las semanas una serie de noticias y se las cuenta. "Ahora que estamos con el Mundial de Fútbol, le digo cómo van los partidos, las alineaciones…".Para mí la mediación comunicativa es una profesión preciosa.
Gracias a ella, he aprendido a ver la vida desde puntos de vista que jamás habría imaginadoNo siempre es a través de tactoLas personas con sordoceguera tienen barreras para acceder a la información tanto a través de la vista como del oído. El tacto es, por tanto, esencial para ellos como fuente de información.
"Yo tengo usuarios que son completamente sordociegos, que no tienen ningún resto visual o auditivo o es muy poco aprovechable, y ahí si utilizo el tacto. Adaptas la comunicación a la lengua de signos apoyada -que es como se llama cuando usa el tacto- o al dactilológico en palma, que es otro sistema que consiste en deletrear en la palma de la mano”, explica Alberto.No obstante, los mediadores no siempre utilizan el tacto, sino que se adaptan a las circunstancias de las personas a las que atienden y los restos sensoriales que tengan y que se pueden aprovechar.
"Por ejemplo, si el resto es auditivo, te comunicas con ellos en lengua oral, pero adaptándola a lo que él necesite, por ejemplo, poniéndote más cerca, hablando más alto…. Y si son signantes -conocen la lengua de signos- y tienen resto visual, puedes colocarte justo en el campo visual donde te puede ver y comunicarte con lengua de signos con él".
Al final, como ocurre con la población general, las personas con sordoceguera son una población muy diversa, y la labor del mediador es precisamente esa: "Adaptarnos a las necesidades de cada persona, tanto a nivel de comunicación como a sus necesidades del día a día".Una profesión "preciosa"Cuando terminó Bachillerato, Alberto solo tenía una cosa clara: quería dedicarse a algo del entorno social. Vio las opciones que había de Formación Profesional en ese ámbito y el que más me convenció fue la de Mediación Comunicativa, sin saber muy bien en lo que se metía, pues nunca había estado en contacto con personas ciegas o sordociegas.
Gracias a una profesora que les acompañó a la asociación de sordociegos en Madrid, conoció la sordoceguera y, como cuenta "me fui enganchando y decidí dedicarme a ella". Desde entonces, está más que contento con su elección.
"Para mí es una profesión preciosa que me ha aportado muchísimo, tanto a nivel laboral como personal. Gracias a ella, he aprendido a ver la vida desde otros puntos de vista que yo jamás me habría imaginado.
Es curioso porque es que cada día es diferente, cada persona es diferente. Me gusta mucho ver cómo las personas con las que trabajo pueden participar en las actividades de su entorno, cuando voy a los domicilios y veo cómo la gente de su barrio les conocen, hablan con ellos, muchas veces a través de mí, es muy satisfactorio".Alberto la disfruta, pero, sobre todo, la valora, pues considera que la labor de un mediador comunicativo es esencial para miles de personas, pues gracias a su trabajo, "las personas con sordoceguera pueden comunicarse y acceder a la información, pueden conseguir una mayor autonomía en su día a día, que es fundamental para cualquiera de nosotros".Sin esta figura, miles de personas sufrirían aislamiento, o estarían en un mayor riesgo de padecerlo.
"Si no tienes acceso a la comunicación ni a la información, se restringe mucho tu participación en la sociedad, tanto en la gente que vive en domicilios como las personas que viven en residencias o acuden a centros de día. Si las personas del entorno no conocen su sistema de comunicación, la lengua de signos o el que sea, o no saben adaptarse, se convierten en personas muy vulnerables a la situación de aislamiento", insiste.Este 27 de junio, Día internacional de la sordoceguera, Alberto pide tres cosas: dar a conocer la sordoceguera, que reconozcamos la labor de los mediadores comunicativos y que, al caminar por la calle, estemos atentos por si vemos una persona con un bastón a franjas rojas y blancas, el que indica que quien lo utiliza es una persona sordociega.
Información de 20 Minutos. Edición y redacción: Noticias Today.
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