Nicolas Pépé, que marcó los dos goles de Costa de Marfil en el triunfo por 2-0 ante Curazao que le dio la clasificación a los 16avos de final del Mundial 2026, fue un arquero al que el aburrimiento convirtió en delantero en su camino desde las juveniles a la primera división. De defender el arco del FC Solitaires Paris Est a los 6 años a jugar una Copa del Mundo a los 31, después de que el Arsenal inglés pagara por él 80 millones de euros en 2019 y lo dejara libre en 2023.Hijo de inmigrantes marfileños, Pépé nació en Mantes-la-Jolie, en los suburbios de París, y, aunque la mayor parte de su carrera como profesional la hizo en Francia, eligió ponerse la camiseta de la tierra que corre por sus venas.

Su padre, Célestin, fue un guardiacárcel. Su madre, una empleada doméstica. “Mi familia sacrificó todo para que pudiera ser futbolista.

Emigramos de Costa de Marfil en 1995, meses después de que yo naciera, y mis padres recuerdan que hacíamos 10 kilómetros descalzos de chico, aunque después tuvimos la suerte de, al menos, ir a la escuela en autobús. Cuando crecimos, dejaron de trabajar y se vinieron a vivir conmigo”, recuerda Nicolas, que creció en un hogar de escasos recursos junto a ocho hermanos.La pelota le dio más sentido a su proyecto de vida, pero aquel niño que inició atajando en el equipo del distrito porque era el más delgado y no tenían ningún otro chico que quisiera ponerse los guantes vivió una mutación inesperada. “Al principio me encantaba.

Con 13 años, solíamos ganar por 6-0 o 7-0 y me aburría. Por eso, un día pedí salir del arco para jugar, me dejaron y anoté.

Desde entonces, comencé a imitar a Drogba y sus celebraciones”, detalla, con la mención de una estrella marfileña que también llegó a la Premier League y participó de tres Mundiales. Ya nada fue igual cuando encaraba en velocidad.

Su ciclo de guardavalla había quedado atrás, como la vida de los Pépé en suelo africano. A los 14 años, con la experiencia que había adquirido usando las manos y las nuevas virtudes descubiertas cuando la pelota estaba en sus pies, sentía que podía leer los movimientos de los arqueros de acuerdo a cómo se posicionaran.

Un gol luego de otro le abrió las puertas de clubes más relevantes, luego de estar alejado de los grandes centros de formación. Fichó primero en el Poitiers de la quinta categoría, luego pasó al Angers, fue cedido al Orléans, donde marcó siete goles en la temporada del ascenso a la Ligue 2.

Toda una etapa de crecimiento personal y profesional. “Abdelaziz Bouhazama, en el Angers, fue el DT que más me marcó. Con 19 años me gritó en un partido, le respondí y me sacó del campo.

Me retó y aprendí mucho. Es un entrenador que significó mucho para mí, no solo en términos de fútbol.

Él nos hacía entrenar a las seis de la mañana para mostrar cómo eran realmente las cosas: veíamos al basurero recogiendo la basura mientras estábamos jugando”.Y llegó al Lille en 2017, ya cumplidos los 22, para ser entrenado por Marcelo Bielsa, que meses después dejaría su cargo. Fue cuando Christophe Galtier, que lo reemplazó, tomó una decisión que lo cambiaría todo: pasó de ser centrodelantero a jugar como extremo derecho.

Hizo en el torneo galo 35 goles en 74 partidos, incluyendo los 22 que anotó en los 38 encuentros de la temporada 2018/2019, cuando dio asimismo 11 asistencias.Su tercer año en un plantel de Primera División dejó la huella que vio Arsenal, que pagó 80 millones de euros para sumarlo, en lo que representó por entonces el pase más caro de la historia del club londinense. Rindió muy por debajo de su precio, atravesado por la pandemia del Covid, y su luz se fue apagando hasta el punto de que en 2022 fue cedido a Niza francés y al año siguiente, ya con el pase en su poder, fichó sin costo en Trabzonspor, de Turquía, con un rendimiento parecido en ambos clubes.Su regreso a las grandes ligas lo encontró entre las múltiples propuestas sobre la mesa en el verano boreal de 2024: una llamada de Marcelino García Toral, DT de Villarreal, hizo la diferencia.

Hizo las valijas y se fue a España, reperfilando su juego. Dejó de ser el delantero que buscaba el mano a mano y había comenzado a ser previsible.

Entendió que debía asociarse con sus compañeros, evolucionó para jugar por dentro cuando era necesario e, incluso, defender. Se convirtió en un polifuncional que, en casos, arranca en el mediocampo.

En la última temporada terminó con ocho goles y ocho asistencias en 36 encuentros y renovó contrato hasta 2028, como impulso para regresar al plantel de Costa de Marfil que disputa este Mundial.Los goles de Pépé en Costa de Marfil - CurazaoCUW vs Costa de Marfil - Mundial 2026Convocado a la selección mayor por primera vez en 2016, gracias al origen de sus padres, su debut fue en noviembre de ese año en un amistoso ante Francia, su país natal. Los marfileños, segundos del grupo E, jugarán en 16avos. de final ante Noruega, el segundo del I, luego de que el equipo galo derrotara este viernes a los nórdicos por 4-1, lo que implica que Nicolas no deberá enfrentar a la selección de la tierra en la que nació.Sus goles le sirvieron al conjunto africano para superar la primera ronda por primera vez.

Justo él, al que el entrenador Emerse Faé lo había excluido de la convocatoria para la Copa Africana de Naciones 2025, algo que generó un fuerte debate en Costa de Marfil y llevó al propio jugador a expresar su malestar en redes sociales, lo que disparó múltiples charlas con el DT. “Siempre fuimos claros con él, siempre le dimos las razones y le dijimos lo que esperábamos de él. Y este año mostró un salto en su madurez dentro del grupo”, explicó quien le devolvió la confianza y la titularidad.

La reconciliación llegó en el momento justo.