Un continente, a la derecha: qué significa para Argentina el giro político de América Latina

En junio de 2023, 11 de los 19 países latinoamericanos —sin contar a Haití, sin gobierno efectivo desde 2021— tenían gobiernos ubicables entre el centro y la izquierda. Ocho estaban gobernados por derechas más amigables con el capital y alineadas con Washington.
Las cinco economías más grandes —Brasil, México, Argentina, Colombia y Chile— estaban encolumnadas con el primer grupo.Ese mapa cambió por completo. Desde la victoria de Javier Milei en noviembre de 2023, candidatos de derecha ganaron 11 de las 13 elecciones presidenciales celebradas desde entonces, si se excluye el fraude venezolano de 2024.
Salvo Claudia Sheinbaum en México y Yamandú Orsi en Uruguay, se impusieron postulantes de signo contrario.Rodrigo Paz terminó en Bolivia con casi 20 años de hegemonía del MAS. José Antonio Kast cerró en Chile la experiencia de Gabriel Boric.
Keiko Fujimori ganó en Perú y devolvió a la derecha dura al poder. Y Abelardo de la Espriella terminó en Colombia con el único gobierno de izquierda que había tenido el país.Tal vez ninguna elección exprese mejor el giro que la colombiana.
De Gustavo Petro, sancionado por Estados Unidos, y de Iván Cepeda, candidato marxista criado en Cuba y con vínculos con organizaciones armadas, Colombia pasó a un abogado con nacionalidad estadounidense, partidario de una guerra frontal contra el narcotráfico y una asociación estratégica con Washington.Tres años después, entre presidentes en ejercicio y electos, ya son 12 de 19 los que pertenecen a una derecha nítida. Podría sumarse como número 13 a la Venezuela de Delcy Rodríguez, que aunque formalmente sigue siendo chavismo, en los hechos se convirtió en un brazo ejecutor de la política estadounidense.Si se incorpora al guatemalteco Bernardo Arévalo, un socialdemócrata alineado con Washington, quedan apenas cuatro gobiernos emparentados con el viejo giro a la izquierda: Lula en Brasil, Sheinbaum en México, Orsi en Uruguay y el régimen de Díaz-Canel en Cuba.
Tres de las cinco economías más grandes —Argentina, Colombia y Chile— ya volvieron al campo proestadounidense.Razones del desgasteLa primera explicación es económica. Los gobiernos de izquierda de la primera década del siglo XXI aprovecharon el boom de los commodities para expandir gasto, consumo y presencia estatal.
Pero mostraron menos capacidad para administrar la escasez de los últimos diez años, con precios más planchados y estados sobredimensionados.La pandemia agravó ese desgaste. Primero llegó la recesión.
Después, la inflación. Creció el rechazo a un Estado que parecía haber fracasado tanto en lo sanitario como en lo económico.
También al wokismo, la corrección política extrema y élites culturales vistas como parte del problema.A eso se suma el agotamiento venezolano. El ciclo que se inaugura con Hugo Chávez en 1999 termina en un colapso brutal.
Ocho millones de venezolanos migrando cambiaron el panorama social, político y de seguridad de Colombia, Perú y Chile. Y junto con ese éxodo se expandieron bandas como el Tren de Aragua, con presencia desde Estados Unidos hasta el sur de Chile.Esta nueva derecha también se alimenta del fracaso de derechas moderadas como Mauricio Macri, Iván Duque, Pedro Pablo Kuczynski, Guillermo Lasso y el segundo Piñera.
Esas experiencias fallidas pavimentaron el terreno para líderes antiestablishment y hostiles al marketing convencional. Milei es el abanderado más claro.
Después se sumaron Noboa, Kast y De la Espriella.Pero hay un factor todavía más importante: cambió la doctrina de seguridad nacional de Estados Unidos. Durante dos décadas, Washington estuvo concentrado en Oriente Medio y la lucha contra el terrorismo.
En ese período dejó correr los procesos latinoamericanos.En Washington se consolidó la idea de que esa desatención permitió el avance chino en su área natural de influencia. La mayoría de los países de la región dejó de tener a Estados Unidos como principal socio comercial y pasó a tener a China.
Asimismo se multiplicaron acuerdos estratégicos percibidos hoy como una amenaza a la seguridad nacional.Frente a eso, Estados Unidos volvió a jugar fuerte. Lo que Trump resume como Doctrina Donroe supone que no puede haber en el hemisferio países al servicio de intereses rivales de Washington.
Esa lógica explica la intervención en Venezuela, la presión sobre Cuba y la injerencia en elecciones clave: las legislativas argentinas de 2025, la que llevó a Tito Asfura al poder en Honduras y la que acaba de coronar a De la Espriella en Colombia.Lo que se viene en ArgentinaPara Milei, sobre todo si logra la reelección, este corrimiento regional es pura ganancia: apoyo político, aval al rumbo económico y posibilidad de reforzar inversiones y coordinación con Washington en comercio y seguridad.Para el peronismo, en cambio, es un problema serio. Si insiste en una política exterior más cercana a China que a Estados Unidos, o vuelve a fantasear con bases chinas, vínculos privilegiados con Rusia o ruptura con proveedores militares norteamericanos, va a encontrarse con un condicionamiento externo más duro.
La política exterior argentina estará más restringida por el nuevo contexto hemisférico.También hay oportunidades. Ese alineamiento puede hacer que Estados Unidos y Europa vean a la Argentina como un lugar seguro para buscar energía, alimentos, minerales o instalar centros de datos.
Pero si la economía estadounidense se debilita, si Europa sigue en decadencia y si China termina imponiéndose, la Argentina podría descubrir que apostó al barco equivocado.Ese es el nuevo escenario. Pueden volver gobiernos de izquierda, sin duda.
Pero es menos probable que vuelvan gobiernos que hagan del antiamericanismo militante y del alineamiento con Rusia y China una bandera central.
Información de El Cronista. Edición y redacción: Noticias Today.
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