Estudio: los gatos no dependen emocionalmente de sus cuidadores

La convivencia durante miles de años con los gatos ha forjado una profunda relación, marcada por un afecto genuino que, no obstante, se rige por códigos muy distintos a los de otros animales domésticos. A diferencia de la relación que establecemos con un perro, el vínculo con el gato posee matices psicológicos únicos que motiva el interés científico por cuantificar la naturaleza del apego felino.Un estudio reciente liderado por investigadores de la Universidad Eötvös Loránd de Hungría ha analizado precisamente la formación de vínculos de seguridad entre los gatos y sus cuidadores.
El trabajo busca determinar si los felinos domésticos muestran comportamientos de apego funcionalmente similares a los registrados en otros animales de compañía, evaluando cómo responden ante la presencia o ausencia de su figura de referencia.Los resultados apuntan a que, a diferencia de lo que ocurre en perros, los gatos no parecen establecer vínculos de dependencia emocional con las personas con las que conviven, al menos no en los términos en los que se mide este tipo de relación en etología.Cómo se mide el apego en animalesPara estudiar el vínculo entre un animal y su cuidador, los investigadores utilizan un método que se basa en observar el comportamiento del animal en un entorno desconocido, alternando la presencia de su cuidador y de una persona extraña.Durante la prueba, se analizan varios indicadores. Por ejemplo, si el animal busca proximidad física con su cuidador, si muestra señales de estrés cuando se queda solo o si cambia su comportamiento en presencia de un desconocido.En perros, este tipo de pruebas ha demostrado de forma consistente un patrón similar al vínculo entre un niño pequeño y su figura de referencia, donde tienden a buscar seguridad en su cuidador y a mostrar inquietud cuando se separan de él.Gatos en un entorno desconocidoUno de los principales problemas al estudiar a los gatos es que, a diferencia de los perros, suelen reaccionar con estrés cuando se les saca de su entorno habitual, lo que dificulta la aplicación de pruebas en condiciones comparables.Para superar esta limitación, el equipo trabajó con dos grupos distintos.
Por un lado, gatos de terapia acostumbrados a viajar y a interactuar con personas desconocidas, y por otro, gatos de compañía sin ese tipo de experiencia.En total, participaron 28 animales que fueron evaluados en una habitación desconocida junto a su cuidador y una persona extraña.Sin diferencias claras entre cuidador y extrañoLos resultados mostraron un patrón consistente, con los gatos de terapia, que en teoría son más sociables, comportándose de manera similar con su cuidador y con la persona desconocida. No hubo cambios relevantes en su nivel de interacción cuando uno u otro estaba presente.En el caso de los gatos de compañía, el comportamiento fue aún más neutro y apenas mostraron variaciones en su comportamiento en función de quién estuviera en la sala.
En conjunto, los investigadores no encontraron señales de un vínculo de apego basado en la dependencia. Es decir, que los gatos no parecen necesitar a su cuidador como fuente de seguridad.Una relación diferente a la de los perrosSegún ha explicado el investigador Péter Pongrácz a The Independent, esta diferencia tiene su explicación en la historia evolutiva de ambas especies.
Mientras que los perros han sido seleccionados durante miles de años para cooperar con los humanos, los gatos han mantenido una mayor autonomía.Esto no significa que no se forme una relación profunda entre gatos y las personas de su unidad familiar, sino que esa relación no se basa en la dependencia. Los gatos siguen siendo capaces de cazar por sí mismos y no necesitan a los humanos para sobrevivir en el mismo grado que los perros.
Por eso, desde el punto de vista biológico, no habrían desarrollado un vínculo de apego comparable.Qué implica este hallazgoEl estudio, por tanto, no concluye que los gatos sean indiferentes hacia sus cuidadores o que no puedan establecer relaciones afectivas. De hecho, muchos gatos muestran conductas afiliativas claras como buscar contacto físico, vocalizar y seguir a las personas con las que conviven.Lo que señala es que estas conductas no encajan en el modelo clásico de apego dependiente que se utiliza para otras especies.
La convivencia con humanos, en el caso del gato, se entendería más como una relación de coexistencia con beneficios mutuos que como un vínculo jerárquico y de necesidad.Referencia: The future of dog-human and cat-human companionship – from the perspective of behavior, comparative cognition, and genetics. Péter Pongrácz, Petra Dobos, Annika Bremhorst.
Applied Animal Behaviour Science (2026)
Información de 20 Minutos. Edición y redacción: Noticias Today.
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