El problema de los residuos orgánicos en Costa Rica es serio. Vea las soluciones en la que trabaja el país

Si pudiéramos tomar todos los residuos generados por los costarricenses y ponerlos en una bolsa de basura, veríamos que más de la mitad es materia orgánica: sobros de comida, cáscaras de frutas y verduras, ramas y hojas podadas, desechos agrícolas.Dependiendo del cantón donde usted viva, esto puede significar entre un 50% y un 64% de los desechos. Por sus características, son la parte más pesada de esa bolsa.Los residuos orgánicos tienen una particularidad con la que no cuentan otros (como el plástico, el vidrio o el aluminio): tienen nutrientes que pueden aprovecharse para mejorar diferentes tipos de cultivos y tener suelos más fértiles.No obstante, el 80% de los residuos orgánicos no se dispone para este fin y termina en los diferentes parques de tecnología ambiental (PTA, popularmente conocidos como “rellenos sanitarios”).“La descomposición inadecuada de estos residuos provocó que las emisiones de metano aumentaran un 250% entre 1990 y 2021”, aseveró Daira Gómez Mora, directora ejecutiva del Centro de Gestión Tecnológica en Informática Industrial (Cegesti), organización que trabaja directamente en el impacto de estos desechos.Estos son datos de Cegesti, de la Asociación Centroamericana para la Economía, la Salud y el Ambiente (Acepesa) y del Instituto de Fomento y Asesoría Municipal (IFAM).
El Ministerio de Salud, ente rector en esta materia, no había brindado, al cierre de esta información, ni los datos ni la entrevista solicitada con más de dos semanas y media de antelación.El problema: cuando los residuos orgánicos terminan mezclados con los inorgánicos en los PTA, se corre el riesgo de que no se descompongan correctamente y generen gases de efecto invernadero. Asimismo, se producen líquidos, llamados lixiviados, que generan malos olores.“Tienen un alto porcentaje de agua; por eso, cuando nosotros en nuestros contenedores de residuos en los hogares tenemos muchos residuos orgánicos, empezamos con la generación de lixiviantes”, indicó Ingrid Sandoval Villalobos, presidenta de la Red Nacional de Gestores Ambientales, que agrupa a los encargados de las diferentes municipalidades.Gómez amplió: “Esto podría aumentar la cantidad de gases de efecto invernadero, asimismo de que genera grandes costos a las municipalidades, muchas deben transportar los residuos muchos kilómetros”.No obstante, sí se vislumbran soluciones.
Hay gobiernos locales, comunidades, universidades, empresas privadas y cooperación internacional que trabajan para mejorar la situación y han logrado destacar.En La Nación quisimos explorarlas, ver qué se estaba haciendo, qué funciona y cómo funciona, y ver qué aprendizajes pueden tomarse.Cantones que dan un paso adelanteSegún los datos de Acepesa, hay 11 cantones que tienen procesos de compostaje comunitario, en donde los residuos orgánicos se tratan de manera conjunta para generar los mejores abonos. Estos abonos resultantes después se venden o se aprovechan en diferentes proyectos que benefician a la comunidad:Alvarado (Cartago)GreciaJiménezMonteverdeNaranjoPalmaresPérez ZeledónSan IsidroTilarán TurrialbaCotobrus“Son lugares que tienen alcaldías y concejos municipales muy comprometidos con el tema, que saben de la importancia y han destinado recursos y esfuerzos.
Son lugares que llegan a altos porcentajes de aprovechamiento”, indicó José Miguel Jiménez Araya, presidente ejecutivo del IFAM.A esto se le añaden esfuerzos en los que se capacita a hogares y negocios en el uso de composteras y se les entregan para que ellos realicen sus propios compost. Son 29 municipalidades de seis provincias, que representan aproximadamente el 45% de los gobiernos locales:San José: Desamparados, Puriscal, Mora, Goicoechea, Tibás, Moravia, Montes de Oca, CurridabatAlajuela: Alajuela, Sarchí, Upala, Río CuartoCartago: Oreamuno, La Unión, El Guarco, Alvarado, Paraíso, CervantesHeredia: Heredia, Santo Domingo, Santa Bárbara, San Rafael, San Isidro, Belén, Flores, San PabloGuanacaste: Santa CruzPuntarenas: Parrita, Esparza“Los (residuos) orgánicos tienen un potencial de valorización en el sitio, en nuestras casas y centros de trabajo.
Eso los hace muy especiales. Estamos hablando de que si un cantón traslada al relleno sanitario 10 camiones al día y estamos diciendo que un 50% son orgánicos; entonces si lográramos sacar todo ese porcentaje, estaríamos trasladando cinco camiones en lugar de 10 y esto se traduce en costos económicos”, expresó Sandoval.Asimismo, Cegesti trazó una hoja de ruta para el manejo de residuos orgánicos con 11 municipalidades: Pococí, Guácimo, Poás, Orotina, Escazú, Sarchí, Cañas, El Guarco, La Unión, Parita y San Ramón.
En este plan se divulgó una guía técnica para el manejo de estos desechos, se hicieron 10 estudios de prefactibilidad y se establecieron 10 estrategias municipales.Universidades se sumanUniversidades como la de Costa Rica (UCR), la Estatal a Distancia (UNED) y el Instituto Tecnológico de Costa Rica (TEC) también aportan desde la investigación.La UCR tiene proyectos de elaboración de biomateriales a partir de residuos de productos agrícolas como la yuca. Esto podría permitir que en el futuro estos materiales sustituyan al plástico en algunas operaciones.La UNED, por su parte, tiene proyectos que buscan tratar los residuos de piña, que pueden tardar hasta 13 meses en descomponerse, con la ayuda del hongo Trichoderma spp.Asimismo, los hongos Pleurotus, Trichoderma y Ganoderma se utilizan para mejorar los compostajes, crear biomateriales que sustituyan a los plásticos de un solo uso y producir alimentos más frescos.Por su parte, el TEC trabaja con las municipalidades de Naranjo y Turrialba en el mejoramiento del compostaje.
También hay otros proyectos relacionados con aprovechamiento de residuos generados en las ferias del agricultor.Desde la empresa privadaAunque la mayoría de los residuos orgánicos ordinarios se producen en hogares, sí hay negocios en los que, por sus características, se producen más residuos orgánicos, como restaurantes, verdulerías o supermercados.Esto es asunto de todos los días en cadenas de comida rápida, como el restaurante de pollo KFC.Catalina Chaves Solano, gerenta de calidad e innovación de KFC, comentó que el 100% del aceite vegetal que utilizan se recupera y se entrega a un gestor para que lo convierta en biocombustible. Esto representa 15.500 kilogramos al mes.Otra estrategia es el programa Harvest.
La iniciativa se enfoca en los alimentos ya preparados que aún conservan su inocuidad, calidad y temperatura. Desde 2017, esa comida se les entrega a 52 organizaciones de bien social, gracias a una alianza con la fundación Lloverá.
Cada año se donan unas 389.000 unidades de alimento que benefician a 2.180 personas.“Esto no es solo un programa de donación, es una forma de evitar el desperdicio, pero también para aminorar los residuos. Es cuidar a la gente y cuidar al ambiente”, concluyó Chaves.Cooperación internacionalOtros países también se han aliado a los esfuerzos regionales que trascienden más de un cantón.
Un ejemplo es la Agencia de Cooperación Alemana (GIZ), que se alió con los cantones de Tarrazú, León Cortés y Dota, conocidos como La Zona de los Santos.La agencia apoyó con los estudios de factibilidad y con los proyectos piloto de “Oveja verde”, una ruta de recolección de residuos orgánicos. También se gestó una colaboración de compostaje con CoopeTarrazú.
Allí, se hace una mezcla de residuos en una relación 1:1 con el café.Esto lleva mayores nutrientes a la tierra y ayudaría a mejorar los cultivos de los cafetaleros.-----Este contenido es parte de Experiencias LN, una sección de ‘La Nación’ que crea espacios de pensamiento y búsqueda de soluciones a temas fundamentales para el bienestar de Costa Rica. Es periodismo multipremiado que se une con las organizaciones que transforman el país.
Información de La Nación (Costa Rica). Edición y redacción: Noticias Today.
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