En Kansas City no apareció un delantero para marcar un triplete ni un portero para detener un penal imposible. Apareció una MUJER MEXICANA, con los colores de la bandera bordados en los hombros, caminando hacia el centro de la cancha con esa mezcla de nervios, orgullo y belleza silenciosa que tienen los sueños cuando por fin se cumplen.