Una prenda puede permanecer años en un armario y, aun así, haber cumplido una función muy distinta a la de otra que duró el mismo tiempo. Esa es la idea central de un estudio realizado en Flandes, Bélgica, que analizó la vida útil de la ropa no solo por el tiempo que se conserva, sino también por la cantidad de veces que se usa y se lava.

El trabajo concluye que medir solo los años de uso oculta diferencias importantes entre prendas y entre personas, algo clave para calcular el impacto ambiental de la ropa y para pensar políticas de consumo más sostenibles. La investigación, publicada en la revista Cleaner and Responsible Consumption, se basó en visitas presenciales a 160 personas adultas en Flandes.

Durante esas visitas, los investigadores revisaron los armarios de los participantes y recopilaron información sobre 12 categorías de prendas y seis tipos de ocasión de uso. Con esos datos, calcularon tres medidas: cuántos años se conserva una prenda, cuántas veces se usa a lo largo de su vida útil y cuántos ciclos de lavado acumula.

Los resultados muestran que dos prendas pueden durar casi lo mismo en años, pero tener trayectorias muy distintas. Un ejemplo del artículo ilustra esa diferencia: una camiseta de uso informal se conserva, en promedio, cuatro años, se usa 33 veces y se lava 18 veces.

En cambio, una camiseta destinada a ocasiones formales se conserva cinco años, pero se usa solo nueve veces y se lava seis veces. Un abrigo de uso informal, por su parte, también ronda los cinco años, pero llega a usarse 136 veces y casi no se lava.

Ese contraste es importante porque el “tiempo de vida” de una prenda no siempre coincide con la utilidad que realmente prestó. El estudio explica que una prenda puede pasar temporadas enteras sin usarse, o reservarse para momentos muy específicos.

Por eso, los autores distinguen entre el tiempo de uso y la intensidad de uso. El primero se refiere a los años que una prenda permanece en el guardarropa; la segunda, a cuántas veces se viste o se lava durante ese periodo.

En promedio, los participantes esperaban usar sus prendas durante cinco años. No obstante, la cantidad de usos fue mucho más baja: unas 35 puestas por prenda.

El promedio de lavados fue de unas nueve veces por prenda a lo largo de su vida útil. Asimismo, los investigadores encontraron una variación amplia dentro de una misma categoría, lo que indica que no todas las personas usan la ropa del mismo modo, aunque se trate del mismo tipo de prenda.

El estudio también registró el tamaño de los armarios. En la muestra ampliada, que combinó esta investigación con una auditoría previa, un armario promedio en Flandes tenía 199 prendas.

De ellas, un 27 % no se había usado en los 12 meses anteriores. Las mujeres tenían, en promedio, más prendas que los hombres: 235 frente a 158.

Para los autores, estos datos ayudan a entender mejor qué función cumple cada prenda y a evitar cálculos demasiado generales sobre el impacto ambiental de la ropa. El artículo señala que muchas evaluaciones ambientales usan valores estándar para estimar cuántas veces se usa una prenda, sin distinguir entre ropa informal, deportiva o formal.

Los hallazgos de este trabajo apuntan en otra dirección: el uso real depende del contexto, del tipo de prenda y de la persona que la viste. El estudio reconoce una limitación principal: los datos dependen de lo que las personas recordaron y reportaron sobre sus hábitos.

Aun así, los autores destacan que las preguntas se hicieron después de revisar físicamente el armario de cada participante, lo que daba un punto de referencia más concreto que una encuesta en línea.