“Esta es la etapa de la pedegización de la política chilena. Ahora se escucha a la gente”, expresó la diputada Pamela Jiles (PDG) antes de que su bancada aprobara “mayoritariamente” la acusación constitucional en contra del exministro de Hacienda, Nicolás Grau (Frente Amplio) el martes pasado.Aunque la intención del comité del partido que fundó el economista Franco Parisi, era votar en “bloque” ya a sea a favor, en contra o abstención del libelo, finalmente dos diputados (Fabián Ossandón y Eileen Urqueta) desoyeron el acuerdo mayoritario, se desmarcaron y rechazaron el libelo.A ello se sumaron dos ausencias por licencias médicas: Tamara Ramírez (subjefa de bancada PDG) y Lilian Betancurt (PDG).No es el primer test de disciplina que enfrenta este grupo político, que se autodefine heterogéneo (Bancada de la Gente, se autoapodaron) y cuyos legisladores aún están en proceso de aprendizaje en el mundo de la política.Por lo tanto, desmarcarse o cambiar bruscamente de opinión (por ejemplo, haber anunciado un voto en contra y luego aprobar) es parte de la cultura “pedegenina”, como lo explica sabiamente una legisladora del partido.

En el pasado, esto ha sido un problema. De hecho, en el anterior período parlamentario (2022-2026), la primera bancada que logró elegir Parisi se quebró y al final sus seis diputados, donde había perfiles conservadores, humanistas cristianos y socialdemócratas, renunciaron a la colectividad.

De todos ellos, solo uno logró ser reelegido (Roberto Arroyo), pero corriendo por otro partido: el PSC.Al inicio de este período, en la primera sesión, la nueva bancada debutó con un quiebre, producto del desmarque de Cristián Contreras, quien no quiso apoyar a Jiles para que fuera elegida presidenta de la Cámara. En represalia, el periodista, doctor en Filosofía y exrostro televisivo (el Dr.

File) fue expulsado “simbólicamente” de la bancada, ya que hasta hoy conserva su militancia.Ese episodio era una nueva alerta de quiebre, ya que ahora el PDG tiene entre sus filas a declarados pinochetistas como Javier Olivares y reconocidas figuras opositoras a lo que fue la dictadura como Jiles.No obstante, salomónicamente, la nueva bancada PDG con 13 diputados (sin Contreras, dada su ubicación en el limbo) resolvió un mecanismo dentro su reglamento interno para permitir las disidencias, sin conflicto y tratando de mantener el máximo de unidad.Se trata de las llamadas “green card” o tarjetas verdes, que cada legislador del PDG puede invocar para desmarcarse de la decisión que haya adoptado la mayoría. Según la normativa interna que opera solo para esta bancada, cada diputado tiene tres “green card” al año.En el caso de la acusación a Grau, aun cuando Parisi le bajó el pulgar a quien fue su exalumno en la Facultad de Economía de la Universidad de Chile, estas tarjetas fueron usadas para que Eileen Urqueta y Fabián Ossandón, votaran en contra.En la previa de la votación, incluso la diputada Zandra Parisi, hermana del excandidato presidencial, también públicamente había transparentado su resistencia a la acusación, pero sin ningún drama finalmente cambió de opinión y decidió seguir a la mayoría. “Yo podría utilizar esa green card, pero creo que estoy perdiendo una tremenda oportunidad frente a una persona que para mí no es relevante”, justificó en la previa de la votación.En la bancada explican, incluso, que dado que dos de sus diputados, Olivares y Patricio Briones, firmaron el escrito contra Grau, si la decisión del PDG hubiese sido rechazar el libelo, tampoco era visto como algo problemático que ellos hubieran desistido, rechazando su misma presentación.

La alternativa de la “green card”, por cierto, también estaba disponible para ellos.Otro punto que fija el reglamento interno de los diputados del PDG es que la postura de la bancada frente a un proyecto de ley estará guiada por las consideraciones del diputado integrante de la comisión en donde se debatió dicha iniciativa.Para que la bancada opte por la decisión contraria, afirma el reglamento, la votación debe superar el 80%, es decir, que diez de los 13 diputados estén en contra del juicio planteado por el diputado que formó parte del debate en la comisión legislativa respectiva.Entre los diputados comentan que esta forma inusual de procesar diferencias tiene inspiración en antiguos partidos, donde convivían distintas almas y creen que ello puede ser homologable a lo que era la Democracia Cristiana en la década de 1960, donde cohabitaban líderes conservadores y cristianos de visión más socialista.Para conversar esas diferencias internas, dicen, opera el “centralismo democrático”, esto es, se abre un espacio para que los militantes -en este caso, los diputados- expongan sus argumentos para defender su postura y que luego se dirime en una votación la decisión final.En estos intercambios, confidencian desde el PDG, Parisi ha jugado un rol protagónico, pues es él quien, en muchas ocasiones, va recogiendo las opiniones de sus diputados a través de un grupo de WhatsApp y, por esa misma vía, votan las definiciones políticas frente a un tema.Para que este modelo, explican sus defensores, era clave que a incios del periodo legislativo expulsaran de la bancada a Contreras, para dar la señal que es un partido más sólido que el periodo anterior.En ese sentido, la apuesta del PDG es mantener, al menos, a 10 diputados durante los cuatro años de legislatura. El éxodo de tres de ellos, agregan, estaría dentro de los márgenes aceptables de fuga que puedan tener.