En el año 1982, en pleno Fenómeno del Niño, Oswaldo Cattone estrenó en el Perú El Diluvio que viene, una obra de teatro en donde una comunidad – incluidos un sacerdote y un alcalde – deben construir un arca ante un segundo diluvio universal en tiempos modernos. Los defectos y errores de cada personaje, incluyendo la burocracia, hacen que nada salga bien y parece que la humanidad perecerá, pero gracias a la solidaridad y la empatía, la comunidad sobrevive.

Final feliz; el arte es libre.El Fenómeno de El Niño ha sido anunciado y sabemos que traerá lluvias, huaicos e inundaciones, y que también expondrá las debilidades de la salud pública, la gestión ambiental y la organización territorial. ¿Estamos a tiempo de actuar?

La prevención debe ser una política integral y permanente, no una reacción frente al desastre.El Premio a las Buenas Prácticas en Gestión Pública nos ha enseñado que el país cuenta con herramientas, experiencias y programas que permiten reducir riesgos, pero su impacto depende de que funcionen articuladamente y lleguen a tiempo a la población.Un primer eje es la información. El uso de radares meteorológicos como SOPHy, desarrollado por el Instituto Geofísico del Perú, junto con datos del Senamhi e imágenes satelitales, permite detectar lluvias y prever la activación de quebradas.

Estas tecnologías deben traducirse en información para la toma de decisiones concretas: alertas oportunas y activación real de planes de contingencia municipales.La prevención también exige controlar los riesgos. Los botaderos y puntos de disposición inadecuada de residuos pueden convertirse, durante las lluvias, en focos de enfermedad.

Por eso, la fiscalización del OEFA y el uso de plataformas como el Portal Interactivo de Fiscalización Ambiental (PIFA) son claves para alertar a los municipios, gestionar la limpieza pública y evitar la proliferación de mosquitos y otros agentes vinculados al dengue, zika, chikunguña, leptospirosis e infecciones gastrointestinales.Pero nada será suficiente sin comunicación pública clara, inclusiva y culturalmente pertinente. El Minsa a través del SIS y las redes integradas de salud han mostrado que informar implica adaptar mensajes a jóvenes, familias y territorios específicos.

La ciudadanía debe comprender qué hacer antes, durante y después de las lluvias: eliminar criaderos, usar repelente, reconocer síntomas de alarma, conservar alimentos, evitar agua contaminada y acudir oportunamente a los servicios de salud.De igual modo, la seguridad alimentaria debe asumirse como un determinante de la salud: comedores populares y ollas comunes formalizados y equipados pueden sostener la nutrición de familias vulnerables durante crisis climáticas o sanitarias. Ello sumado a las alianzas público-privadas que pueden potenciar la prevención cuando se combina logística, asistencia técnica y recursos especializados.¿Tendremos final feliz?

Esperamos que el liderazgo político de las actuales y nuevas autoridades esté a la altura de la gestión pública que nos merecemos ante riesgos anunciados.