Existen lugares que se disfrutan como si fueran una versión más ligera de la vida cotidiana. Es el caso de Mallorca, donde el tiempo se queda suspendido en la luz blanca del mediodía, se espesa en las sobremesas largas, se acelera con la música frente al mar y vuelve a detenerse al caer la tarde sobre las fachadas calientes y doradas de antiguas possessions.

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