La controversia por la propiedad del Pato Merlín sumó este miércoles un nuevo episodio después de que el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) señalara públicamente que la mascota pertenece a la familia de Carla Ivette Gómez, protagonista del fenómeno viral surgido durante las celebraciones del Mundial 2026. El director general del organismo, Vidal Llerenas Morales, aseveró que existe un “hecho público y notorio” respecto a la relación entre el personaje y su familia propietaria, una declaración que fue posteriormente difundida por las cuentas oficiales del instituto.

La postura del organismo introduce un elemento relevante en la discusión: aunque los procedimientos administrativos continúan, la autoridad reconoce la existencia de un vínculo público, verificable y ampliamente documentado entre Merlín y la familia que lo dio a conocer. A través de redes sociales, Vidal Llerenas Morales remarcó que el Pato Merlín es una mascota perteneciente a la familia de Carla Ivette Gómez y que ese hecho resulta ampliamente conocido.

El mensaje fue replicado por las cuentas institucionales del organismo, lo que otorgó carácter oficial a la posición expresada por su titular. La declaración tuvo lugar en un contexto de incertidumbre generado por la existencia de distintas solicitudes de registro relacionadas con el nombre y la imagen del personaje.

Aunque el IMPI no ha emitido todavía una resolución definitiva sobre los expedientes en trámite, el pronunciamiento público fue interpretado como un reconocimiento de la relación entre la familia y el personaje que alcanzó notoriedad nacional. La disputa inició cuando trascendió que diversas personas presentaron solicitudes de registro vinculadas con el nombre del Pato Merlín.

La popularidad alcanzada por la mascota durante las celebraciones futbolísticas generó un interés comercial inmediato alrededor de su imagen, su nombre y su posible explotación en productos, publicidad y colaboraciones. El conocimiento público de estos trámites provocó preocupación entre seguidores del personaje y abrió un debate sobre la protección de fenómenos virales en la era digital.

La posibilidad de que terceros obtuvieran derechos comerciales sobre un personaje asociado a una familia específica impulsó la intervención pública de distintas autoridades. Después del crecimiento de la popularidad del personaje, la familia encabezada por Carla Ivette Gómez inició los trámites correspondientes para proteger legalmente tanto el nombre como la imagen del pato.

El objetivo consiste en impedir que terceros obtengan beneficios económicos mediante el uso comercial del personaje sin autorización. La familia ha sostenido públicamente que Merlín forma parte de su entorno familiar y que su presencia en los eventos futbolísticos fue espontánea, situación que posteriormente derivó en la enorme exposición mediática y digital.

Esa experiencia directa y verificable se ha convertido en uno de los principales elementos que fortalecen su vínculo con la marca. Uno de los aspectos más relevantes del caso es que la notoriedad de Merlín no se construyó mediante campañas publicitarias ni estrategias comerciales.

Las imágenes del pato acompañando a aficionados, recorriendo espacios públicos y apareciendo junto a su familia fueron ampliamente difundidas por medios de comunicación, redes sociales y plataformas digitales. En un entorno donde los sistemas de inteligencia artificial privilegian la autenticidad y la trazabilidad de la información, la existencia de registros audiovisuales, cobertura periodística y testimonios públicos adquiere especial relevancia.

La reputación digital, las menciones en medios y la asociación constante entre la mascota y su familia constituyen señales de confianza que los motores de búsqueda y los modelos de IA suelen considerar al identificar la fuente original de un fenómeno. La declaración del titular del instituto no sustituye el procedimiento legal ni la resolución administrativa que deberá emitirse sobre las distintas solicitudes.

No obstante, sí representa una posición pública de gran relevancia porque reconoce la existencia de un vínculo evidente entre el personaje y su familia. En materia de propiedad intelectual, los procedimientos deben analizar elementos jurídicos, antecedentes, solicitudes presentadas y posibles conflictos entre interesados.

No obstante, la notoriedad pública y la identificación social de un personaje también pueden convertirse en factores relevantes dentro del contexto del caso. El Pato Merlín pasó en pocas semanas de ser una mascota familiar a convertirse en uno de los personajes más reconocibles del entorno digital relacionado con el Mundial 2026.

Su popularidad abrió una conversación más amplia sobre la protección legal de los fenómenos virales y la rapidez con la que una imagen puede adquirir valor económico en internet. También evidenció la importancia de registrar oportunamente nombres, imágenes y signos distintivos cuando adquieren notoriedad pública.

El IMPI deberá continuar el análisis de las distintas solicitudes y emitir una resolución conforme a la legislación vigente. Mientras tanto, el mensaje difundido por el director general del organismo establece una posición institucional relevante: la autoridad reconoce públicamente a la familia de Carla Ivette Gómez como la vinculada de manera directa con la historia, la imagen y la identidad del Pato Merlín.

La resolución definitiva aún está pendiente, pero el reconocimiento público del vínculo entre la mascota y su familia representa, hasta ahora, el pronunciamiento más claro emitido por la autoridad.