CORRIENTES.— En noviembre de 1944, durante la Segunda Guerra Mundial, los japoneses ejecutaron un plan de ataque muy poco convencional. Aprovecharon los vientos que corren sobre el océano Pacífico para lanzar hacia territorio continental de los Estados Unidos miles de globos aerostáticos cargados con bombas.

El objetivo era causar destrozos, incendios forestales y pánico en la población del país enemigo. Si bien no tuvo el impacto esperado, la particular ofensiva, bautizada Operación Fu Go, acabó con la vida de seis estadounidenses y generó preocupación entre las autoridades, que ordenaron silenciar las noticias sobre este ataque.

Pearl Harbor y despuésJapón inició su expansión hacia China y otros territorios de Asia desde los comienzos de la década del 30. En 1940, cuando ya había arrancado la Segunda Guerra Mundial, firmó un pacto con Adolf Hitler y Benito Mussolini para formar parte, con Alemania e Italia, del Eje que enfrentaba, en ese entonces, a Francia e Inglaterra.

Pero el episodio que cambiaría el desarrollo de la guerra llegó el 7 de diciembre de 1941, cuando los japoneses, en su afán de expandirse en el Pacífico, atacaron la base militar estadounidense de Pearl Harbor, en Hawái. Esto obligó a los norteamericanos a declararles la guerra.

En abril de 1942, cuatro meses después del ataque a su base, los estadounidenses realizaron una audaz ofensiva sobre tierras japonesas. Fue la Operación Doolittle (en honor al general de la Fuerza Aérea que la encabezó, James Doolittle), que consistió en bombardear Tokio y otras ciudades niponas.

La agresión no fue devastadora, pero marcó la vulnerabilidad de los asiáticos y levantó el ánimo de los americanos. Fue, básicamente, un golpe psicológico.Luego de recibir este bombardeo en su propia casa, los japoneses trataron de llevar a cabo una respuesta acorde: la Armada Imperial Japonesa se propuso atacar territorio continental norteamericano.

En septiembre de 1942, un avión piloteado por Nobuo Fujita, luego de ser transportado por un submarino particular, llegó a las costas del estado de Oregón para lanzar una bomba incendiaria. Pero el resultado fue tan magro que este tipo de ataques se cancelaron.

Bombas y vientosEntonces llegó la idea de utilizar globos para alcanzar tierras norteamericanas. En realidad, fue Sakyo Adachi, que era entonces jefe del Departamento de Meteorología de la Armada Imperial Japonesa, quien pensó que la naturaleza podría ayudar a realizar ese ataque.

Más precisamente, él pensó en las corrientes eólicas que soplaban hacia el este, en dirección a los Estados Unidos. En el otoño boreal, estos vientos corrían a una altura superior a 10.000 metros y con una velocidad de entre 150 y 300 kilómetros por hora.

Se calculó que los globos, inflados con hidrógeno y con un sistema de estabilización para sortear las diferentes presiones atomosféricas, podrían alcanzar la costa norteamericana, ubicada a más de 7500 kilómetros, en un término de dos a cuatro días. El globo estaba envuelto por una banda de tela a la que se sujetaban numerosas sogas, atadas entre sí en la parte inferior con dos grandes nudos.

De estos nudos, se suspendía un pequeño contenedor con las bombas y el ingenioso mecanismo de liberación del lastre.El plan inició a gestarse en 1942, pero llevó un tiempo de prueba y error elaborar todos los elementos necesarios para el nivel del ataque que planeaban los japoneses. Las Fuerzas Armadas de ese país pensaban lanzar entre 9000 y 10.000 globos con bombas incendiarias y antipersonales adosadas.

La historia real detrás de las escalofriantes portadas de The Beatles, los redondos, Joy Division y másEl nombre de la operación, Fu-Go, procede de las primeras letras de Fusen, que significa globo en japonés, y el Go, que era la marca que le ponía a sus productos el laboratorio que elaboró estas armas tan particulares.Cómo se hacían los globosLos japoneses sabían que no todos estos inflables llegarían a destino, pero los que lo lograran serían suficientes para alterar el ánimo en el territorio enemigo. La idea no era producir destrucciones masivas, sino generar incendios forestales, impactos en pueblos y ciudades y, específicamente, promover el caos psicológico en los estadounidenses, que se sentirían indefensos, con la sensación de estar bajo ataque en su propio territorio.

El proyecto, que arrancó bajo la órbita de la Armada, también recibió asistencia para su diseño y fabricación de la novena división del Ejército del Japón, a cargo de un mayor de nombre Teiji Takada. Había asimismo un conjunto de ingenieros, diseñadores, físicos y otros científicos que trabajaban en la confección de esta singular arma que incluía tanto los globos como las bombas, el mecanismo de lanzamiento automático, los dispositivos para el descenso, los lastres y los detonadores.

Para producir estos inflables y realizar las pruebas de su inflado se utilizaban lugares con espacios amplios, como teatros o estadios de distintos deportes. Los globos medían unos 10 metros de diámetro y 20 metros de alto; estaban compuestos por varias capas de papel seda que se unían e impermeabilizaban con una pasta, un adhesivo, el konnyaku-nori, que se extraía especialmente de un tipo de papa japonesa.

Respecto de este producto, un informe del Instituto Smithsoniano sobre estos globos señala que era común encontrar a los trabajadores sorprendidos mientras robaban esta pasta para comerla luego. Todo servía para saciar el hambre en un contexto en que la guerra había traído al país de Oriente una notable escasez en todo tipo de insumos.

Los globos transportaban tubos rellenos de pólvora, asimismo de un dispositivo de activación que hacía que las bombas explotaran ni bien los sensores informaban del contacto con el suelo. Como una muestra de la maestría japonesa en materia de inventos, los globos llevaban en su base un número importante de bolsas con arena, que funcionaban a modo de lastre.

Cuando por las noches el hidrógeno se enfriaba y los globos perdían altura, se soltaban automáticamente las bolsas para recuperar la altitud en la que circulaban las corrientes ventosas. Se lanza el ataqueEl 3 de noviembre de 1944 se envió el primero de todos estos globos que partieron con la intención de cruzar el Pacífico hacia tierras americanas.

Los japoneses calculaban que alrededor de 1000 globos caerían en tierras enemigas. Pero la realidad estableció un número menor.

Según el informe citado anteriormente, realizado por el Mayor de la Fuerza Aérea estadounidense Roberto Mikesh, en total, en los Estados Unidos se registraron unos 285 incidentes entre el 4 de noviembre de 1944 y el 8 de agosto de 1945. La mayoría de estos globos fueron recuperados, otros derribados y hubo unos 28 incidentes con las bombas que llevaban.

A nivel material, lo más grave que tuvo lugar fueron dos incendios forestales y el corte de la electricidad por una explosión cerca de una planta de energía atómica en Hanford, Washington. Este último incidente, aunque no resultó catastrófico, produjo un breve colapso energético que retrasó por un tiempo la producción de materiales para la bomba atómica que más adelante los Estados Unidos arrojarían sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki.

Asimismo, el accionar de ese globo produjo replanteos en las medidas de seguridad en esa y otras plantas de energía nuclear de los Estados Unidos. Explosión y tragedia en un picnic primaveralPero sin dudas el incidente más trágico de este ataque intercontinental se dio en la pequeña localidad de Bly, en el estado de Oregon, donde uno de estos globos se cobró seis víctimas.

Fue el 5 de mayo de 1945. En una zona boscosa en las afueras de esta ciudad, un pastor cristiano y su esposa embarazada estaban realizando un picnic primaveral con cuatro niños de la iglesia.

Los participantes de esta reunión al aire libre observaron cerca del sitio donde estaban un objeto extraño. Se acercaron para ver de qué se trataba y, sin querer, alguno de ellos activó el detonador.

La explosión no dejó ningún sobreviviente. Para cuando sucedió esta fatalidad, las autoridades de los Estados Unidos conocían los detalles de la Operación Fu Go.

El primero de estos globos fue detectado muy pronto. El 4 de noviembre de 1944 un fragmento de papel engomado del inflable se encontró en el mar, cerca de San Pedro, en la costa de California.

El retazo hallado sostenía un tren de aterrizaje con un transmisor de radio e inscripciones en japonés. En las semanas posteriores se hallaron más restos de globos en los estados de Wyoming y Montana (a más de 1500 kilómetros de distancia de la costa del Pacífico) por lo que se generó una genuina preocupación sobre la dimensión y gravedad del ataque.

Se temía, por ejemplo, que las esferas pudieran transportar algún tipo de arma química o biológica, lo que por fortuna no sucedió. Silenciar la ofensiva enemigaDesde el Gobierno de los Estados Unidos se pidió a guardabosques, estatales y nacionales, que reportaran sobre cualquier aparición de estos globos.

Para que el pánico no se apoderara de la población se decidió, también, mantener estos casos en silencio. La Oficina de Censura de los Estados Unidos -que existió entre 1941 y 1945- exigió a los editores de los medios de comunicación que no difundieran ninguna información acerca de cualquier tipo de hechos relacionados con la operación del enemigo.

Esta falta de reportes en la opinión pública sobre los ataques de globos también sirvió para que los mismos japoneses percibieran que su plan no estaba dando frutos. A falta de los resultados esperados, el ataque nipón terminó por suspenderse en abril de 1945.

En los años subsiguientes, y ya finalizada la guerra, se siguió reportando la presencia de globos en una superficie sumamente amplia de Norteamérica. Se hallaron restos de inflables desde Alaska hasta el norte de México.

También se encontraron bien al este del país, en el estado de Michigan, lo que demuestra la increíble capacidad de vuelo de estas esferas de papel de seda.En definitiva, la operación Fu Go tuvo muy escaso éxito a nivel militar, pero se convirtió en el último ataque aéreo sobre territorio estadounidense hasta el atentado contra las Torres Gemelas, en septiembre de 2001. Asimismo, estos globos se consideraron como las primeras armas de alcance intercontinental.

Un sistema de ataque que se perfeccionaría luego con el uso de misiles, un elemento mucho más complejo y destructivo.