El pueblo argentino que parece 1900 y fue elegido para competir entre los mejores destinos turísticos del mundo: está en las sierras

A doscientos kilómetros de la ciudad de Córdoba, entre las Sierras Grandes y a los pies del cerro Champaquí, existe un pueblo que parece haberse negado a cambiar. Calles de tierra bordeadas por árboles, casonas de piedra centenarias, arroyos que suenan de fondo y un ritmo de vida que invita a bajar las revoluciones.
San Javier, en el Valle de Traslasierra, no es un escenario de época ni un parque temático: es un lugar real que conservó su alma intacta durante más de un siglo. Esa autenticidad fue precisamente lo que llamó la atención del mundo: el pequeño pueblo cordobés fue seleccionado para representar a la Argentina en el programa Best Tourism Villages de ONU Turismo, una de las competencias de turismo rural más prestigiosas del planeta.La distinción no es menor.
Best Tourism Villages evalúa a localidades de todo el mundo en función de criterios exigentes: conservación del patrimonio cultural y natural, participación activa de la comunidad local, desarrollo de un turismo sostenible y capacidad de preservar la identidad del lugar.Por qué este rincón de Córdoba parece congelado en el tiempoA diferencia de otros destinos serranos de Córdoba que en las últimas décadas multiplicaron su infraestructura, sus comercios y su capacidad de alojamiento a ritmo acelerado, este rincón de Traslasierra eligió otro camino: el de la permanencia.Quienes llegan por primera vez describen la experiencia con palabras parecidas: sienten que entraron en una fotografía vieja. No porque el pueblo esté deteriorado o abandonado, sino porque conserva una atmósfera que remite directamente a principios del siglo XX.
Las antiguas casonas de piedra se mantienen. Los senderos no están asfaltados ni señalizados con carteles modernos.
No hay shoppings, ni grandes hoteles, ni el ruido de las zonas turísticas saturadas. Lo que hay, en cambio, es una escala humana difícil de encontrar: vecinos que se conocen entre sí, emprendimientos familiares que funcionan hace generaciones y una relación con el entorno natural que todavía es cotidiana y genuina.El paisaje que lo rodea potencia esa sensación.
El pueblo está abrazado por las Sierras Grandes, con el cerro Champaquí —el punto más alto de la provincia, con sus 2.884 metros— como telón de fondo permanente. El bosque nativo cubre los cerros cercanos, los arroyos bajan con agua limpia y la luz de la tarde sobre las rocas serranas genera ese tipo de belleza tranquila que no requiere explicación.La huella inglesa que nadie esperaría encontrar en las sierras argentinasUno de los aspectos más sorprendentes de San Javier es la presencia de un legado arquitectónico que, a primera vista, parece fuera de lugar: las casonas de estilo inglés que todavía forman parte del paisaje del pueblo.La historia detrás de esas construcciones se remonta a fines del siglo XIX, cuando el ferrocarril llegó a Villa Dolores y transformó la dinámica de toda la región.
Los directivos británicos vinculados al Ferrocarril Pacífico, que en esa época operaba buena parte de la red ferroviaria argentina, comenzaron a frecuentar la zona de Traslasierra como lugar de descanso y veraneo. Con el tiempo, esa presencia se hizo visible en la arquitectura local.
Algunas antiguas construcciones fueron remodeladas con influencias del estilo victoriano y otros rasgos propios de la edificación inglesa de la época: techos de dos aguas, galerías amplias, uso particular de la madera y detalles ornamentales que contrastan de manera llamativa con las paredes de piedra serrana que las rodean.Qué se puede hacer en San JavierSan Javier no es un destino de agenda apretada, sino un lugar para habitar con calma: levantarse temprano, escuchar los pájaros, caminar sin rumbo y dejarse llevar por el ritmo serrano. Aun así, hay experiencias que vale la pena sumar al viaje.Desde el pueblo parten senderos que atraviesan quebradas, arroyos de aguas cristalinas y bosques nativos de coco, molle y quebracho blanco.
Para los más aventureros, el gran desafío es el ascenso al cerro Champaquí, el punto más alto de Córdoba, una travesía exigente que recompensa con vistas inolvidables de las Sierras Grandes.El casco histórico también invita a detenerse. La iglesia de San Francisco Javier, de origen colonial, es el principal ícono arquitectónico del pueblo y está rodeada por construcciones que reflejan distintas etapas de la historia local, desde antiguas estancias hasta casonas de influencia inglesa.Las estancias rurales, las cabalgatas y los recorridos por el campo permiten conectar con la vida serrana desde adentro.
Pero quizás la experiencia más valiosa sea la más simple: no hacer nada. Leer en una galería, escuchar el arroyo al atardecer o ver cómo cambia la luz sobre los cerros.
Información de El Cronista. Edición y redacción: Noticias Today.
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