El presidente electo se encuentra con un andamiaje institucional que dificultaría sacar al país de espacios como las Naciones Unidas y la Organización de Estados Americanos, asimismo de que Colombia tiene varios compromisos con agencias internacionales y, de salirse de esos espacios, correría el riesgo de convertirse en un Estado paria. Abelardo de la Espriella expresó que buscará ingresar al Escudo de las Américas, una iniciativa de Donald Trump.

Mauricio Dueñas CastañedaDirectorios de izquierda, extremadamente burocráticos y gasto innecesario para el país. Así fue como Abelardo de la Espriella, en su faceta de candidato a la Presidencia, se refirió a espacios multilaterales como las Naciones Unidas (ONU) y la Organización de Estados Americanos (OEA).

Ahora, como mandatario electo de Colombia, falta por ver cuál es la posición que tomará con respecto a ellas, mientras que desde ya ha emprendido acciones encaminadas a generar un acercamiento con Estados Unidos. Eso, no obstante, no resta la importancia para el país de permanecer en otros espacios de cooperación e integración, en medio de un contexto que aún está marcado por el conflicto armado y por el significado que el Sistema Interamericano de Derechos Humanos ha adquirido en términos de justicia y de lucha contra la impunidad.

Le sugerimos: Qué esperar de la política exterior de Colombia con De la Espriella en la era de TrumpEl camino de sacar al país de la ONU y de la OEA no es fácil, y el presidente no lo puede hacer de forma unilateral. Fabián Cárdenas, profesor de Derecho Internacional de la Universidad Javeriana, recuerda que esos organismos están anclados a sistemas de derechos humanos regionales y universales, que dentro del país están atados incluso al bloque de constitucionalidad.

Asimismo, por la misma naturaleza del conflicto armado interno, varias agencias de las Naciones Unidas hacen presencia aquí, como la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos (ACNUDH), el Alto Comisionado para los Refugiados (ACNUR), el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y UNICEF, entre otras. Lo que puede suceder es que la cooperación y el rumbo de las agendas se renegocien en el nuevo Gobierno colombiano.

En medio de un viraje hacia la derecha en Latinoamérica, en el cual Javier Milei ha sacado a Argentina de la Organización Mundial de la Salud (OMS), y de que Donald Trump anunció el retiro de Estados Unidos de más de 60 organizaciones internacionales, muchas de ellas relacionadas con el cambio climático, el desarrollo y la igualdad de género, no hay un antecedente del retiro total de un país de las Naciones Unidas. De hecho, como lo recuerda Eduardo Pastrana Buelvas, profesor titular de la Universidad Javeriana, la Carta de San Francisco, que le dio vida en 1945 a ese sistema multilateral, no previó la renuncia por parte de algún Estado.

Es decir, no hay una cláusula que permita la denuncia de ese tratado internacional y, por lo tanto, no hay ningún precedente. Indonesia trató de hacerlo en 1965, pero un año después retomó su participación.

Para el docente, entonces, esa idea que se le escuchó a De la Espriella en medio de la campaña no tiene fundamento jurídico, sin olvidar los compromisos que el país tiene hoy con varias agencias de la ONU, asimismo del hecho de que Bogotá es miembro del Consejo de Seguridad por poco más de un año y de que la verificación del Acuerdo de Paz está sujeta a una resolución de las Naciones Unidas. Salirse de ese espacio, asimismo, haría del Estado colombiano uno paria.

En palabras de Cárdenas, la salida de Colombia significaría “un suicidio internacional porque la ONU se ha convertido en el ente validador de la existencia de un Estado”. En lo que respecta a la OEA, el retiro de Colombia pondría al país al lado de regímenes autoritarios como el de Daniel Ortega y Rosario Murillo en Nicaragua, que en 2023 oficializó su salida de ese espacio regional.

También le puede interesar: Cuando el ruido viene de afuera: la injerencia extranjera en las elecciones de 2026En paralelo a eso está la relación con Estados Unidos. El presidente electo en Colombia ya ha dicho que, desde el 7 de agosto, día de su posesión, buscará ingresar al Escudo de las Américas, una iniciativa que impulsó Trump contra el narcotráfico con líderes de la derecha latinoamericana, como el ecuatoriano Daniel Noboa, el salvadoreño Nayib Bukele y el argentino Milei, entre otros más.

El problema, según Pastrana Buelvas, es que eso, de momento, no responde a un sistema de seguridad colectiva, como lo es la OTAN para Europa, pues no tiene una agenda comercial ni financiera: “Es un discurso sobre cuestiones de seguridad y del narcotráfico, pero no existe un marco institucional que permita llegar a acuerdos y desarrollar mecanismos de cooperación”. Rafael Piñeros Ayala, profesor de la Universidad Externado, agrega algo más, y tiene que ver con que Bogotá se relacione con Washington, pero evitando “los errores del Plan Colombia” y sin olvidar espacios de integración como la Comunidad Andina y la Alianza del Pacífico, esta última descuidada por sus miembros y la primera de ellas afectada por las diferencias entre los Estados que la componen y entre las estrategias de política exterior que son ampliamente cambiantes.

Sin poder tener certeza sobre cuál será la directriz de Colombia en los próximos cuatro años, espera que De la Espriella candidato sea distinto al De la Espriella presidente, de quien se puede esperar críticas a las funciones, alcance y recursos del sistema multilateral, pero que difícilmente se podrá deshacer de él. La tarea que tiene, según el docente, es la de implementar una política exterior cercana a Estados Unidos, pero lo suficientemente amplia como para diversificar asuntos y espacios geográficos. 👀🌎📄 ¿Ya se enteró de las últimas noticias en el mundo?

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