Aunque en principio no identifica mayores similitudes entre ambas facetas, Dolores Fonzi (Buenos Aires, 1978) distingue un punto común en sus facetas como actriz y como directora: en ambos casos necesita una conexión íntima con su rol o con el material que está trabajando para llevar a la pantalla.“Como actriz tienes que ser muy personal al contar un personaje, porque es tu cuerpo el que está interpretando. Como directora hay algo de eso que rescato y que me gusta: siento que las historias toman distintas dimensiones cuando hay algo personal puesto en juego.

Esas son las películas que me interesan”, explica a Culto.La actriz y realizadora argentina comparte esa reflexión en un momento de intensa actividad para ambos músculos. Su segundo largometraje como directora, Belén (2025), le ha reportado múltiples reconocimientos durante el último año, incluyendo el Goya a Mejor película iberoamericana y dos triunfos en los Premios Platino, ademas de un lugar en la “lista corta” por el Oscar a Mejor película internacional.En paralelo, la serie de Prime Video basada en La casa de los espíritus, en la que interpreta a uno de los personajes centrales (Clara del Valle), ha cosechado comentarios entusiastas entre el público y la crítica, que la han recibido como la adaptación definitiva del clásico literario de Isabel Allende.

Y durante el segundo semestre Netflix lanzará Mis muertos tristes, la serie de Pablo Larraín basada en los cuentos de Mariana Enriquez, donde asume uno de los roles principales.En el marco de la edición 2026 de los Premios Platino, en Parque Xcaret (Riviera Maya, México), la actriz se encuentra cerrando un recorrido de siete meses con Belén, su cinta inspirada en el comentado caso de una joven de Tucumán que en 2014 sufrió un aborto espontáneo, pero fue condenada a ocho años de prisión por homicidio agravado por el vínculo. Filmada en 2024, llegó como una invitación de la productora Leticia Cristi y de Javiera Balmaceda, ejecutiva de Amazon para Latinoamérica, Canadá y Australia.“La película termina de entenderse en mi cabeza cuando hablo con la gente, con el público, con la prensa. (En ese momento) se termina de cerrar un ciclo importante.

Es comprender cosas que vienen de afuera y que no son propias, que yo no puse en la película conscientemente, y que la película me devuelve a través de las personas que la vieron. Y esa parte es asombrosa”, enfatiza.De todo ese viaje recuerda con especial cariño un comentario que recibió cuando ganó el Goya y en la transmisión se le vio la marca de un beso rojo en el lado derecho de la cara.“Una chica me expresó: ese beso es de todas nosotras.

El agradecimiento por haber hecho la película se repite constantemente. Lo que más me dicen por haber hecho la película es: gracias, gracias por hacerla”, señala.-Muchas veces el momento en que llegan ciertas películas termina siendo determinante en su resonancia.

¿Ha reflexionado sobre eso a partir de Belén?Sí. Yo creo que ese es el talento de la película.

La película aparece como un ente apartado del director, directora, productores, de todos, y de repente termina siendo una voz de la época. Creo que ese talento lo tienen algunas películas, no todas.

Y cuando eso sucede es cuando trascienden mucho más de lo que uno espera.-¿Ya ha comenzado a pensar en los siguientes proyectos de su carrera como directora? Tengo dos por delante y ya estoy cansada de solo pensarlo, pero contenta.

Ya están bastante avanzados. Tengo que filmar no prontísimo, pero en breve.

Estoy feliz de que Blondi y Belén sean ahora el resultado de una confianza que se deposita en mi persona y en mi mirada. Y esa responsabilidad llevarla a cabo con alegría y seguir contando cosas que me interesan.

Pero no limitarme sólo al cine político de protesta, por supuesto. No me quiero autolimitar.

Se vienen estos proyectos por delante y espero estar a la altura. Yo lo que quiero es jugar con el cine y ser cada vez más profesional en cuestión de técnica.Luego adelanta sobre sus nuevos proyectos: “Tengo la libertad total sobre una obra ya escrita, una novela, y hacer una adaptación.

Puedes elegir lo que quieras de la novela y qué mirada le vas a dar y qué tono. Todo eso está por verse.

Pero sí me divierte mucho”.-¿Hay algo que haya aprendido sobre cómo abordar una obra literaria al haber filmado La casa de los espíritus?Como actriz tienes que confiar en tu equipo de directores, que en este caso eran increíbles. Estaban Francisca Alegría y Andrés Wood, unos genios.

Y Fer Urrejola como showrunner, o sea, un equipo de tres, un monstruo de tres cabezas, como les decíamos. Como actor te tienes que entregar a eso.

Más allá de lo que uno piense o intelectualice sobre lo que es esa obra tan emblemática de la literatura, tienes que entregarte a gente que decide por ti. Después, a la hora de adaptar un material como realizadora, creo que sí o sí –por lo menos en mi caso– no le puedo escapar a lo hiperpersonal.

Tengo que encontrar los puntos que me unen a la historia de manera personal para encontrar un estímulo que me haga sentir que no tengo escapatoria de contar eso.-Blondi y Belén fueron realizadas junto a Amazon, que les dio un recorrido limitado en salas. ¿A futuro le gustaría que eso fuera distinto?Con Argentina, 1985, la película de Santiago Mitre, vi cómo ellos se dieron cuenta de que las salas no competían con las plataformas, sino que al revés: el cine promovía las vistas en la plataforma.

Con Blondi estuve tres meses en el cine y con Belén también estuve bastante, por lo que no tuve ese problema. -Claro, pero más bien pensaba en lo que sucedió fuera de Argentina. En Chile, por ejemplo, Belén no se exhibió en cines.Es verdad, pero también es verdad que, como es una película que tiene un compromiso social y educativo, en Argentina se ve en escuelas, hospitales, universidades, cárceles.

Ya es de todos. En Chile también podría suceder.

El cine está menguante, cambió muchísimo, sobre todo en Argentina, donde no tienes un instituto (del cine) y la cultura está tan vapuleada y lo hacen a propósito. Las plataformas se convirtieron en la única manera de lograr grandes financiamientos para hacer películas.

Y creo que está bueno que las plataformas también permitan esta visualización en cine. Es verdad que mundialmente está más complicado, pero no se puede todo.

Yo no puedo pensar tan allá. Sí me encantaría que se hubiera entrenado en España, en Francia, en Chile, pero bueno, también después hay ciclos y se ve en cinetecas o en espacios de ese tipo.