El precio de la estridencia y la necesidad de acuerdos
La primera encuesta CEP- publicada el 10 de junio- bajo la administración del Presidente José Antonio Kast entregó una radiografía sumamente incómoda de la percepción económica del Chile actual, mientras el debate político-económico sigue enfrascado en una batalla pequeña y a gritos que no se condice con la severidad de los datos.Los resultados de la encuesta reflejan la opinión que se escucha en la calle y describen a un Chile mayoritariamente pesimista: para más de la mitad de las personas (54%), el país está estancado, y la evaluación negativa de la economía se ha disparado significativamente hasta el 43%. Una visión consistente con los datos reales: el desempleo se sitúa en un 8,9% y el crecimiento prometido aún parece lejano.Creo que el indicador más alarmante y doloroso se esconde en el presupuesto cotidiano de los hogares, una alerta que varios venimos advirtiendo desde hace tiempo.Tres de cada cuatro familias chilenas (73%) declaran una alta preocupación por el pago de sus deudas, reflejo de un nivel de estrés financiero crítico que iguala los peores registros de la crisis de 2019.
Con más de un tercio de la población (37%) manifestando abiertamente que sus ingresos no les alcanzan para cubrir sus obligaciones mensuales, el verdadero campo de batalla de los chilenos ya no son las consignas ideológicas: la lucha de las familias es cómo llegar a fin de mes; es su supervivencia financiera.El resumen es simple: no hay plata.Esta cruda vulnerabilidad material y emocional requiere una fuerte estrategia de contención, pero, en su lugar, lo que domina diariamente es la estridencia comunicacional y la pirotecnia política que, hoy por hoy, son lujos inaceptables.Por un lado, el Ejecutivo se debilita tempranamente en sus niveles de aprobación (cayendo a un 34%) y arrastra el costo reputacional de explicar que sus promesas de campaña en seguridad o migración fueron meras “metáforas”, mientras la coalición gobernante se debate entre quienes buscan acuerdos y quienes impulsan acusaciones constitucionales que la ciudadanía poco entiende. Por otro lado, la oposición cometió un error al inicio de la discusión al anunciar un “tsunami” de indicaciones para bloquear el proyecto, presentándose como obstruccionista.
En suma, el Parlamento aparece tan fraccionado como el país que representa.El ruido ambiente del mundo político ahoga las soluciones que las familias esperan con urgencia y envía una señal de desinterés por los problemas de las personas.Esta desconexión es castigada con fuerza por la opinión pública. La escasa confianza en el Congreso (13%) y en los partidos políticos (6%) los mantiene en el subsuelo absoluto de la legitimidad.Mientras el 86% de los encuestados advierte un conflicto fuerte o muy fuerte entre la derecha y la izquierda, un rotundo 66% de la ciudadanía declara preferir de forma explícita liderazgos que privilegien los acuerdos por sobre aquellos que intentan imponer sus ideas por la fuerza.
En otras palabras, la calle no comparte el espectáculo de la crispación institucional artificial.La profunda madurez y el sentido común de los chilenos transmiten una lección categórica para la política y la economía: el estancamiento estructural de Chile no se va a solucionar desde las trincheras ni utilizando la confrontación como estrategia de posicionamiento electoral. Para que los proyectos de minería, energía, pesca e infraestructura se destraben de la permisología y la inversión vuelva a dinamizar el empleo, se requieren acuerdos amplios y reglas estables que se proyecten hacia el futuro.La previsibilidad en los negocios es hija directa de la sobriedad política y de la eficiencia de la gestión pública.
Se requiere menos ruido comunicacional inútil y más mesas de trabajo para alcanzar acuerdos en beneficio del país.La ciudadanía no está exigiendo un Estado ausente: de hecho, un 48% rechaza la idea de que el país estará mejor si el aparato público se retira de la economía. Lo que se exige es gestión eficiente, fin a la burocracia paralizante y, sobre todo, que la dirigencia política baje el volumen del debate.
La estridencia comunicacional paraliza la inversión, multiplica el riesgo corporativo y agudiza el pesimismo general.Para salir del estancamiento, la política debe recuperar la sobriedad y entender que gobernar es, ante todo, alcanzar acuerdos viables para Chile.Por Claudia Miralles Abarca, gerente de Imaginacción Comunicación Estratégica.
Información de La Tercera (Chile). Edición y redacción: Noticias Today.
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