El 'outsider' De la Espriella y los escenarios que plantea su gobierno: los desafíos por delante y cuánto cambia Colombia con su elección

“América Latina vive un giro a la derecha, pero no necesariamente un cambio ideológico definitivo”Bases militares de Estados Unidos, megacárceles, dolarización: las propuestas del presidente electo de Colombia Abelardo de la EspriellaAbelardo de la Espriella fue el ganador de las elecciones presidenciales de Colombia por un estrecho margen de aproximadamente un punto porcentual. Su futuro mandato genera expectativa e interrogantes al tratarse de una figura sin experiencia política previa y con un viraje ideológico notable al reemplazar en el gobierno al izquierdista Gustavo Petro.El candidato de Defensores de la Patria se opuso al representante de la continuidad del petrismo, Iván Cepeda, y llegará a la presidencia en agosto con un discurso centrado en la política de mano dura en seguridad y una agenda económica que promueve la reducción del Estado y la austeridad fiscal.Al 99,8% de las mesas informadas en el preconteo de la Registraduría Nacional de Colombia, De la Espriella registraba un 49,66% en la votación frente al 48,70% alcanzado por Cepeda.Rafael Piñeros, analista político e investigador de la Universidad Externado de Colombia, indicó en el programa en vivo de El Comercio “Tenemos que Hablar”, que desde la estadística es extremadamente difícil que las cifras del preconteo y el escrutinio terminen en la reversión de los resultados preliminares, por lo que es casi un hecho que el político de derecha será el sucesor de Petro.El especialista indicó que “el sistema de encuestas en Colombia necesita una evaluación profunda” por haber fallado en su muestreo tanto en la primera como en la segunda vuelta, pero consideró que la alta correspondencia entre el preconteo y la revisión final son una muestra del buen desempeño del sistema electoral del vecino país a pesar de la diferencia tan corta entre los dos candidatos.“En términos porcentuales sí es la victoria más ajustada, pero en términos absolutos no, ya que Ernesto Samper le ganó a Andrés Pastrana por 67.000 votos en 1994.
Desde la década de los 90 no estábamos con un resultado tan estrecho, pero el sistema electoral colombiano demostró haber funcionado bastante bien: en una hora y 35 minutos estaban contabilizados el 98,5% de las mesas y no había dudas de que ese iba a ser el resultado”, mencionó Piñeros en entrevista con el programa de este Diario.El docente e investigador explicó que el pequeño margen de distancia en la segunda vuelta puede explicarse en parte por un desempeño competente del oficialista Cepeda, que logró recortar los 700.000 votos de diferencia que tuvo con respecto a De la Espriella en la primera vuelta a los 200.000 que los separaron en la segunda.En opinión de Angie González, experta en comunicación política y docente de la Universidad Externado, los pasivos del gobierno de Gustavo Petro terminaron condicionando de forma inevitable la campaña de su correligionario del Pacto Histórico y explican parcialmente la inclinación final por el derechista De la Espriella.La académica colombiana sostiene que el éxito de Petro en otros frentes llevó a que en los últimos comicios se aborden prioritariamente temas como la gratuidad de la educación, la salud o la redistribución económica después de mucho tiempo. No obstante, la estrategia de “paz total” con la que Petro esperaba negociar pacíficamente con grupos armados y criminales nunca logró sus cometidos, lo que llevó a que la seguridad se convierta nuevamente en parte clave de la agenda electoral.“Uno de los puntos más débiles que tuvo el actual gobierno y que castigó mucho al candidato Cepeda fue justamente la ‘paz total’, uno de los fracasos más grandes de la gestión de Gustavo Petro.
No sé si fue por incapacidad o ingenuidad, pero lo que sí es cierto es que grupos que estaban más arrinconados en distintos territorios del país ahora están otra vez empoderados”, comentó González.Ambos analistas políticos coinciden en que las recientes elecciones ponen de manifiesto las diferencias entre los dos grandes focos regionales de Colombia: el centro andino más desarrollado con ciudades industrializadas como Bogotá, Medellín y Bucaramanga, frente a los departamentos periféricos con menos progreso económico y más desafíos sociales por delante.Rafael Piñeros comenta que en sistemas presidenciales como el colombiano o el peruano es normal la tendencia a la polarización, por contemplar una segunda vuelta que reduce las alternativas electorales a solo dos; no obstante, precisa que lo que se ve en Colombia es una fragmentación de las posturas que podría tener como una muestra clara el mapa de votación del referéndum del 2016 sobre si se aprobaba o no el acuerdo de paz con los grupos insurgentes.“Esa fragmentación se puede entender a partir de unas condiciones socioeconómicas más precarias, especialmente en el Pacífico y el sur, que son distintas a las de los centros urbanos, lo que genera que haya una mayor presión en la votación. En algunos departamentos fronterizos la preferencia por Cepeda llega casi al 80%, mientras que departamentos como Norte de Santander —en la frontera con Venezuela especialmente— se votó en un 78% por De la Espriella”, apunta Piñeros.Angie González, por su parte, considera que el mapa político colombiano no puede reducirse a la inclinación por De la Espriella o Cepeda, sino que tiene un fuerte componente de castigo o rechazo hacia alguno de los candidatos.“No tenemos un sistema político bipartidista como el de Estados Unidos y un mapa político con dos colores sería engañoso porque muchas personas votaron a favor de un candidato, sino en contra del actual gobierno.
Hay alto voto de castigo contra Gustavo Petro y muchas personas que votaron a favor de De la Espriella no votaron por él, lo hicieron en contra el gobierno vigente”, comentó la investigadora.“En mayor medida hubo un voto que, sin ninguna preferencia clara, en la segunda vuelta optó por el candidato que se percibía como ‘menos peor’, un poco como ha sucedido con Perú en sus últimas elecciones”, agregó González.Seguridad, discurso y agendaAbelardo de la Espriella llegó como a los comicios con un mensaje orientado al orden público y la promesa de recuperar el control territorial del Estado en regiones remotas del país donde operan los grupos delictivos. Asimismo, prometió el aumento de penas a los criminales y el incremento de la infraestructura penitenciaria a través de la construcción de una decena de megacárceles, de forma similar a lo hecho por Nayib Bukele en El Salvador.No obstante, planteamientos de este tipo suponen otro tipo de dificultades en el contexto colombiano, debido a diversos factores que van desde lo político hasta la negociación parlamentaria.“El modelo de Bukele puede ser atractivo a la distancia para muchos, no solo en Colombia.
Cuando se miran las cifras de muertos por cada 100.000 habitantes, violencia al interior de las ciudades se ve como algo efectivo y para cualquier alcalde de Lima, Bogotá o Santiago puede sonar impactante. No obstante, no es fácil de hacer porque necesita unos recursos de financiación que el Estado hoy no tiene y que tal vez no haya la vocación política para autorizar eso al interior del Congreso”, explica Rafael Piñeros.Desde la perspectiva de González, el nuevo presidente colombiano deberá tener una política de seguridad muy clara y “la creación de megacárceles no será suficiente”, debido a los compromisos asumidos por el Estado y a que las necesidades de Colombia en la materia van más allá.“Va a tener que pensar en una política integral que no solamente pase por la seguridad, sino también por la justicia y la reparación.
A partir del acuerdo de paz se crearon los tribunales especiales que tienen vigencia, están funcionando y están pensados como un modelo no solamente de castigo, sino de reparación. Seguramente habrá propuestas para volver a poner contra las bandas a estos grupos delincuenciales, pero habrá que tener un aspecto un poco más creativo para andar en los temas de justicia”, afirma González.De cara a esos objetivos, la variable legislativa debería ser una parte importante para el establecimiento de la gestión de De la Espriella, debido a que, de forma directa, cuenta con cuatro curules en el Senado colombiano y un asiento en la Cámara de Representantes.
Se especula que estos números se verían incrementados mediante coaliciones y alianzas, con las que el líder de Defensores de la Patria podría superar los 30 senadores y 40 representantes.Aunque durante la campaña electoral De la Espriella se presentó como un candidato independiente y ajeno a la política tradicional colombiana, esta aparente falta de cuadros parlamentarios propios no sería un problema severo, pues ha tenido importantes apoyos desde la agrupación uribista Centro Democrático y desde Cambio Radical, que ya han adelantado su apoyo en el Congreso.“Durante la elección parte de la comunicación del candidato De la Espriella estuvo basada en ser un ‘outsider’ político, representar el habla de los que nunca han estado en el gobierno contra los que siempre han estado. No obstante, hay que tener en cuenta que a Abelardo de la Espriella lo rodearon partidos y estructuras políticas regionales y tradicionales”, explica Angie González.“Es un poco ingenuo pensar que no tiene experiencia política.
A pesar de que no ha ocupado un cargo de elección popular antes, toda su vida ha trabajado con políticos y ha estado alrededor de lo público. De la Espriella entiende muy bien esas lógicas y tiene gente de la política tradicional acompañando esta campaña”, añade la docente universitaria.Más allá de este detalle, los analistas entrevistados en el programa de El Comercio coinciden en que incluso con las alianzas políticas, el futuro presidente colombiano tendrá una oposición sólida en el Congreso.Rafael Piñeros considera esto como un punto particularmente positivo del sistema político colombiano, que ha permitido al país sudamericano contar con lo que califica como una saludable alternancia política.
En ese escenario, parte importante de los proyectos del próximo mandatario no podrán emprenderse sin lograr acuerdos antes.“De la Espriella tiene retos importantes: unas finanzas públicas bastante comprometidas, un endeudamiento público y privado significativamente alto que llega casi al 60% del PIB y que se ha incrementado en los últimos años. También hay una situación de seguridad compleja especialmente en algunas zonas periféricas y de frontera.
Al mismo tiempo hay dificultades en materia de salud pública, que es uno de los sectores más comprometidos al tener pocos recursos y unas deudas que crecen y no se pueden controlar”, refiere el docente.“Eso implica negociaciones y no sé si en ellas pueda tener éxito. En esa búsqueda de consensos puede que De la Espriella tenga que modificar algunas de sus propuestas para que estas se puedan implementar”, complementa Piñeros.Relaciones exterioresA lo largo de su campaña, Abelardo de la Espriella citó como referencias para sus planes a líderes extranjeros como Nayib Bukele, Javier Milei y Donald Trump, por lo que se espera que las relaciones internacionales de Colombia den un giro marcado con respecto a la gestión de Petro, que se caracterizó por polémicas con estas figuras.La relación con Trump parece haber iniciado en términos bastante buenos, pues diversos reportes de prensa indican que el presidente estadounidense llamó directamente a De la Espriella para felicitarlo por su victoria, lo que también hizo el secretario de Estado de Trump, Marco Rubio.En medio de su discurso de “mano durísima” en seguridad exterior e interior, el ‘outsider’ colombiano planteó en su campaña una cooperación en defensa más estrecha con Estados Unidos, lo que incluía sumar a Colombia en la iniciativa “Escudo de las Américas”.Esto fue criticado por los adversarios del candidato de derecha no tradicional como una pérdida de soberanía, pero Piñeros considera que este debate no es tan problemático en Colombia como puede serlo en Ecuador o Perú, pues en su país nunca hubo un control total de espacios militares por parte de Washington y la presencia estadounidense ha sido tan frecuente que no es percibida como una intromisión.“El consenso a inicios del siglo XXI en Colombia era que había una pérdida significativa de la capacidad de las fuerzas militares y el Estado para controlar el territorio nacional, y con base en eso hubo cierta permisividad a la presencia de tropas, pero nunca hubo una base militar colombiana bajo el control absoluto o exclusivo de fuerzas estadounidenses o extranjeras”, precisa.“Es cierto que hubo una amplia presencia militar en términos de capacitación y eso disminuyó después de que concluyó el Plan Colombia, pero tampoco se ha eliminado completamente porque es común que haya unos 500 o 600 miembros de las fuerzas militares de Estados Unidos realizando eventos de capacitación para la milicia colombiana”, subraya Piñeros.A decir del especialista, se espera “cercanía y afinidad” entre los gobiernos de Trump y De la Espriella, pero también es altamente probable que cada movimiento de este tipo será fuertemente criticado “porque habrá una oposición sólida de centroizquierda en el Congreso”.
A juicio de Piñeros el presidente electo tendrá el desafío de restablecer el puente diplomático con Estados Unidos, que fue fluido tanto en gobiernos demócratas como republicanos.“Colombia deberá buscar posicionarse de una manera acertada no solo con el presidente Trump, sino con el sistema político estadounidense”, finaliza.Angie González también considera que es de esperar un viraje diplomático en Colombia, que tuvo “unas relaciones más diversas” durante el gobierno de Gustavo Petro, que pensó en Asia y África como territorios funcionales para “integrar nuevos jugadores en la lógica comercial de cooperación”.“En las relaciones tradicionales con Estados Unidos, creo que estas van a depender también de lo que ellos propongan. En la actual política exterior de Washington, vemos que es muy poco lo que pueden decidir o en lo que pueden influir los otros países, que más bien se acogen a los lineamientos procedentes de la Administración Trump”, expuso la analista.En lo que respecta a las relaciones con la vecina Venezuela, con la que Colombia ha mantenido relaciones complicadas a lo largo del presente siglo, González admite que con la llegada de Abelardo de la Espriella al Palacio de Nariño es probable una normalización del nexo en función del interés estadounidense.“Lo que se lee y lo que se ve también es que aparentemente la Administración Trump está bastante contenta y satisfecha con lo que está haciendo Delcy Rodríguez y por eso no han llamado a elecciones en Venezuela.
En la medida que este gobierno cuenta con todo el apoyo de Donald Trump y está alineado en sus intereses y de forma ideológica con Estados Unidos, pues no vamos a tener problema alguno y creo que incluso puede ser una oportunidad para que se activen temas comerciales”, remata la especialista.VIDEO RECOMENDADO
Información de El Comercio (Perú). Edición y redacción: Noticias Today.
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