La producción, el consumo y el empleo dejarán de compararse con el pasado

Los sondeos que evalúan la gestión del Gobierno tienen, inevitablemente, un sesgo cortoplacista. Las personas que responden pueden comparar su presente con lo que les sucedía meses o hasta uno o dos años atrás.
Pueden medir su economía, su salario o la inflación. Pero es difícil que puedan imaginarse a si mismos con precisión en lo que viene, porque el futuro del consumo, el empleo o la producción va a tener poco que ver con los modelos que conocimos hasta ahora.El índice de confianza en el Gobierno de junio mejoró, al igual que lo hizo el de confianza del consumidor.
Sucedió pese a la percepción de crisis política que genera el caso Adorni. Y sucedió gracias al sensible descenso de la “madre” de todos los indicadores de gestión: la inflación.El dato le sirve a Javier Milei para ratificar que lo que haga en política (ratificar a Adorni, congelarlo o desplazarlo) va a ser menos relevante que lo que consigan Luis Caputo o el BCRA.
Su margen de acción en este pleito es mayor que el que le permite su imaginario anticasta.Imaginar lo que viene para juzgar el rumbo de este presente es más difícil, sobre todo porque el anhelo de recuperar ese status del pasado que todos creen mejor se hace cada vez más improbable. La producción industrial cae por la competencia importada, es cierto.
Pero también lo hace sin pausa desde hace más de diez años.El comercio en locales y supermercados seguirá siendo desplazado por el e-commerce (que crece de manera exponencial, según un estudio de KPMG) y el empleo formal cede paso al cuentapropismo, que en la Argentina equivale a mayor informalidad. El país que viene, seguramente caro en dólares y con nuevos motores productivos, se parecerá poco a lo que conocimos.
Información de El Cronista. Edición y redacción: Noticias Today.
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