El universo de la gastronomía internacional nos demuestra que las fronteras del sabor son infinitas. En esa búsqueda que desafía los sentidos, nos encontramos al natto, el superalimento japonés que divide a los paladares del mundo.

El natto ha dejado de ser un secreto exclusivo de las islas orientales para posicionarse en las vitrinas del mundo entero. Su apariencia desafía las reglas de la estética culinaria occidental, pero su valor biológico lo convierte en una joya incomparable.

Esta preparación se caracteriza por una red de filamentos pegajosos y un aroma penetrante que muchos no dudan en asociar con elementos poco apetecibles. No obstante, detrás de este velo de incomodidad sensorial se esconde el pilar fundamental del desayuno tradicional japonés, un elemento cotidiano que ha sostenido la longevidad de generaciones enteras.

El natto es un alimento supernutritivo y fermentado con bacterias, de acuerdo con AFP. Se deriva de la soja que se obtiene mediante la inoculación de la Bacillus subtilis var. natto.

Este microorganismo se encarga de digerir los carbohidratos y proteínas del grano; el resultado es una legumbre de consistencia blanda, envuelta en una especie de baba translúcida que se estira en hilos cuando se levanta con los palillos. El natto se considera un superalimento porque es una fuente de proteínas de origen vegetal y fibra dietética.

Su consumo constante se vincula con la optimización del sistema inmunológico, una mejoría en los procesos digestivos y un incremento en la densidad de los huesos. Asimismo, durante la fermentación bacteriana se produce una enzima única llamada nattokinasa.

La ciencia médica ha puesto especial interés en esta enzima debido a sus propiedades fibrinolíticas, lo que significa que ayuda a disolver coágulos sanguíneos, mejorando la circulación cardiovascular y reduciendo el riesgo de accidentes cerebrovasculares. Es asimismo una de las fuentes naturales más ricas en vitamina K2, un nutriente difícil de hallar en la dieta occidental moderna y que es crítico para asegurar que el calcio se deposite en los huesos y no en las arterias.

El natto es quizás el ejemplo más radical de lo que los gastrónomos denominan "un gusto adquirido". La textura es el obstáculo más grande para los paladares extranjeros: es extremadamente viscosa, hiloso y genera una sensación resbaladiza en la boca que no se parece a casi nada que exista en la cocina de América o Europa Occidental.

En lo que respecta al aroma, el natto desprende un olor acre y amoniacal sumamente potente. El sabor por su parte combina matices agrios, amargos y terrosos, con un trasfondo cargado de umami que se intensifica a medida que el plato se bate vigorosamente antes de ser ingerido.

Esta combinación de factores ha provocado que el natto se vuelva viral en plataformas de redes sociales. Cientos de creadores de contenido documentan sus primeras experiencias gastronómicas frente a una bandeja de soja fermentada, debatiéndose entre la fascinación por sus beneficios y la repulsión inmediata ante su viscosidad.

Más allá de las discusiones sobre si su sabor es delicioso o intolerable, el natto es un pilar cultural y económico de la sociedad japonesa. Tradicionalmente se consume durante el desayuno, servido sobre un cuenco de arroz blanco al vapor, mezclado con cebollín picado, mostaza picante de estilo japonés (karashi) y un chorrito de salsa de soja sazonada.

Sorprendentemente, este alimento se ha mantenido como uno de los productos más baratos del mercado nipón, ganándose en épocas de antaño la reputación de ser una "comida de pobres" debido a su extrema accesibilidad. En los supermercados de Tokio, un paquete convencional que incluye tres bandejas individuales se adquiere por una modesta suma de aproximadamente 100 yenes, lo que equivale a unos 0,60 dólares, de acuerdo con AFP.

A pesar de las barreras culturales que impone su textura, las cifras demuestran que el mundo está perdiendo el miedo al natto. El interés por cuidar la microbiota intestinal ha provocado una explosión en la demanda internacional, siendo los mercados de China y los Estados Unidos los más adelantados.

El natto despierta una curiosidad y una repulsión en igual medida, pero es una preparación que entró a la categoría de superalimento, transformando un plato de origen humilde en un fenómeno de las redes sociales y la nutrición vanguardista.