Dormir cerca de un recién nacido es una práctica común en muchas familias, especialmente durante los primeros meses de vida. No obstante, especialistas internacionales advierten que esta decisión debe tomarse con información clara y medidas de seguridad precisas para proteger al bebé durante el descanso nocturno.

Organismos como los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), la Academia Americana de Pediatría (AAP) y UNICEF coinciden en que la cercanía puede aportar beneficios importantes, siempre que se respeten lineamientos específicos que reducen riesgos asociados al sueño infantil. En este contexto, el colecho se ha convertido en un tema frecuente entre padres primerizos, debido a las dudas que genera sobre sus ventajas, límites y posibles riesgo El colecho se refiere a la cercanía física entre padres e hijos durante el sueño.

No obstante, los especialistas distinguen entre compartir la habitación y compartir la cama, dos prácticas con implicaciones distintas para la seguridad del bebé. La Academia Americana de Pediatría recomienda que los bebés duerman en la misma habitación que sus padres durante al menos los primeros seis meses de vida, pero en una superficie independiente como una cuna, moisés o cuna colecho adosada a la cama.

Esta recomendación se sustenta en evidencia científica que señala una reducción del riesgo del síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL), asimismo de facilitar la lactancia y la supervisión durante la noche. De acuerdo con los CDC, mantener al bebé cerca permite responder de manera oportuna a sus necesidades sin exponerlo a los riesgos de compartir la misma superficie de descanso.

La cercanía nocturna puede aportar beneficios importantes en la etapa temprana del desarrollo infantil, siempre que se realice bajo condiciones seguras. Según la iniciativa Baby Friendly de UNICEF Reino Unido, dormir cerca del bebé favorece una respuesta más rápida a sus necesidades, fortalece el vínculo afectivo y facilita la lactancia materna.

Entre los principales beneficios destacan: La Academia Americana de Pediatría precisa que estos beneficios también se obtienen al compartir habitación sin necesidad de compartir la cama. Aunque el colecho suele asociarse con beneficios emocionales y prácticos, los especialistas advierten que compartir la cama puede aumentar el riesgo de asfixia accidental, atrapamiento y síndrome de muerte súbita del lactante.

La AAP enfatiza que los bebés menores de un año deben dormir sobre una superficie firme y libre de almohadas, cobijas, peluches u objetos que puedan interferir con su respiración. Entre las situaciones de mayor riesgo se encuentran: Los CDC advierten que una parte importante de las muertes relacionadas con el sueño infantil ocurre en entornos que no cumplen con las recomendaciones básicas de seguridad.

Si los padres deciden mantener al bebé cerca durante el descanso nocturno, los organismos especializados recomiendan seguir medidas específicas de seguridad. Los CDC señalan que esta posición reduce de forma significativa el riesgo de muerte súbita.

Aplica tanto para siestas como para el sueño nocturno. El colchón debe ser plano y firme.

Las superficies blandas aumentan el riesgo de asfixia. No deben colocarse almohadas, mantas sueltas, juguetes, protectores acolchados ni posicionadores dentro del espacio de descanso.

La AAP recomienda que el bebé duerma cerca de los padres, pero en una superficie independiente diseñada exclusivamente para él. El bebé debe vestirse de acuerdo con la temperatura ambiente, sin exceso de cobijas.

Algunas prácticas cotidianas pueden parecer inofensivas, pero aumentan de forma importante los riesgos durante el sueño. Dormir cerca de un bebé puede facilitar la lactancia, fortalecer el vínculo familiar y brindar tranquilidad a los padres.

No obstante, los especialistas coinciden en que la forma más segura de hacerlo consiste en compartir habitación, pero no la misma cama. Seguir las recomendaciones de organismos de salud reconocidos permite aprovechar los beneficios de la cercanía nocturna sin comprometer la seguridad del bebé.

La prioridad siempre debe ser garantizar un entorno de descanso seguro durante los primeros meses de vida.