La responsabilidad de los influencers frente a la difusión de fake news

SANTA FE.— La difusión de fake news c on motivo del supuesto fallecimiento del padre de Lionel Messi , lleva a volver a poner en tapete la discusión acerca del chequeo de información necesario. En la era de la inmediatez digital, la comunicación se caracteriza por una dinámica tan fluida como masiva.
Vivimos inmersos en una constante sobrecarga informativa que a menudo genera la falsa ilusión de estar correctamente informados. No obstante, este escenario de sobreinformación, carente de procesos rigurosos de verificación de fuentes, propicia la propagación sistemática de noticias falsas que impactan de manera directa en la reputación y los derechos de terceros.
En este ecosistema, la figura del influencer emerge como un actor central con capacidad para alterar los flujos de opinión pública. El núcleo de la problemática actual no radica únicamente en la creación de una noticia falsa, sino en el acto de replicar o compartir contenidos ya generados por otros.
La replicación multiplica y legitima mensajes difamatorios de manera exponencial. Ante esta realidad surge un interrogante jurídico indispensable: ¿de qué manera se enmarca la responsabilidad civil en Argentina de los influencers por replicar o compartir fake news en sus redes sociales, viralizando mensajes difamatorios?
La hipótesis que guía este análisis sostiene que estos actores poseen un deber de diligencia y una responsabilidad mayor que la de cualquier usuario común, debido al enorme poder de amplificación y masificación que ejercen. Transformación del paradigma comunicacional Para comprender el impacto actual de las redes sociales, resulta indispensable contrastar su funcionamiento con el de los medios tradicionales.
Históricamente, la noticia se definía como el relato de un suceso que ya había acontecido. Hoy en día, la noticia es lo que está sucediendo en tiempo real.
Mientras que los diarios tradicionales carecen de actualización inmediata a pesar de profundizar en los temas, la radio aporta inmediata compañía y la televisión destaca por su masividad e impacto visual, quedando siempre limitada por las pautas temporales de la grilla de programación . La llegada de internet y las redes sociales revolucionó de forma absoluta este esquema, democratizando la emisión de mensajes pero eliminando el filtro profesional exclusivo del periodismo.
Los datos de la Unión Internacional de Telecomunicaciones confirman que más del 67% de la población mundial se encuentra conectada, lo que demuestra la transversalidad de la red global. Paralelamente, estudios globales del Instituto Reuters evidencian un declive sostenido en el consumo de noticias tradicionales y un aumento en los niveles de desconfianza social hacia la información circulante.
Al perder el periodismo la exclusividad del relato fáctico, los usuarios de redes sociales asumen el rol de difusores masivos, convirtiendo el entorno digital en un terreno fértil para la desinformación. Anatomía de la desinformación e infoxicación digital El concepto de noticia falsa abarca múltiples aristas que van desde el error involuntario por falta de chequeo hasta la creación intencionada de falsedades con el objetivo político o comercial de operar la opinión pública.
El flujo informativo actual permite identificar diferentes perfiles conductuales, coexistiendo quienes producen el error por negligencia con aquellos que dañan de forma deliberada. Asimismo, se encuentran los usuarios que replican de buena fe confiando en el emisor, frente a quienes comparten la información a sabiendas de su probable falsedad.
La desinformación suele presentarse bajo una apariencia sumamente creíble, construyendo relatos falsos sobre la base de datos reales sesgados. En la literatura clásica sobre comunicación se describen tres mutaciones patológicas de la información que conviven en el entorno digital.
Cuando los datos son escasos y recortados, se produce la subinformación; cuando las noticias son falsas o inducen deliberadamente al engaño, se asiste a un proceso de desinformación; por último, la acumulación desmedida de mensajes irrelevantes genera la sobreinformación o infoxicación digital. En este contexto de ruido permanente, las audiencias tienden a consumir noticias bajo una lógica pasiva y ficcional, evaluando la credibilidad del mensaje no por su rigor lógico o argumental, sino por la simpatía, ideología o preconceptos culturales que se tienen hacia el emisor que lo comparte.
Impacto de la inteligencia artificial generativa La problemática de la infoxicación se ha complejizado radicalmente con la irrupción de la inteligencia artificial generativa. Esta tecnología permite la construcción de audios, videos e imágenes hiperrealistas que borran la frontera entre lo real y lo simulado.
Si bien ofrece aplicaciones positivas en sectores educativos y culturales, su utilización maliciosa facilita la manipulación de percepciones, la destrucción de reputaciones corporativas y la comisión de delitos graves, como la creación de material visual disvalio
Información de El Litoral (Santa Fe). Edición y redacción: Noticias Today.
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