Después de participar en la Conferencia Internacional del Trabajo celebrada en Ginebra, Coparmex continuó una agenda estratégica en París y Bruselas. Hay una continuidad de fondo.

En la OIT se habló de diálogo social, empleo formal, productividad y futuro del trabajo. En Europa, esos mismos temas se llevaron al terreno de las alianzas, la innovación, la formación de talento y la apertura de nuevos mercados para las empresas mexicanas.

México necesita una política internacional activa, con sentido económico y visión empresarial. La relación con América del Norte seguirá siendo prioritaria por el T-MEC, por nuestra integración productiva y por la próxima revisión del tratado.

Esa prioridad se fortalece cuando el país amplía sus puentes con Europa, diversifica interlocutores, aprende de modelos exitosos y coloca a sus empresas frente a redes globales de inversión, tecnología y comercio. La diplomacia empresarial complementa la acción de gobierno, la empuja y le da contenido desde la economía real.

La gira encabezada por Juan José Sierra Álvarez confirma esa ruta. También es relevante el acompañamiento de José Medina Mora, presidente del Consejo Coordinador Empresarial, porque proyecta una voz empresarial mexicana más articulada en una etapa en la que el país debe convertir su posición geográfica, su red de tratados y su capacidad productiva en avance económico sostenido.

Uno de los encuentros más relevantes fue con BusinessEurope, la principal organización empresarial de Europa, que agrupa a 42 organizaciones de 36 países y representa a más de 20 millones de empresas. El acuerdo para establecer un Mecanismo Permanente de Diálogo Coparmex–BusinessEurope puede convertirse en una herramienta útil para dar seguimiento a oportunidades de comercio, inversión y entorno regulatorio.

Sectores como automotriz, acero, farmacéutico, energía y servicios tienen amplio potencial si México aprovecha el Acuerdo Global Modernizado con la Unión Europea, cuyo comercio bilateral supera ya los 100 mil millones de euros anuales. Ese tipo de acuerdos debe aterrizar en beneficios concretos para las empresas mexicanas, especialmente para las MiPyMEs, que requieren información de mercado, acompañamiento, estándares, financiamiento, digitalización y vínculos confiables para exportar.

La reunión con la Cámara de Comercio México–Unión Europea y el impulso a un convenio de colaboración van en esa dirección, al igual que los acercamientos con la Cámara Económica de México en Francia para abrir espacios de inversión e intercambio empresarial. La internacionalización no debe quedarse sólo en las grandes empresas.

Si queremos reducir la informalidad, tenemos que ayudar a que más negocios crezcan, se profesionalicen, adopten tecnología y se integren a cadenas de valor. Formalizar implica construir condiciones para que una empresa tenga razones, capacidades y oportunidades para operar dentro de la legalidad, generar empleo estable y competir mejor.

Por eso tiene sentido vincular esta agenda con plataformas como Crece Mi Negocio y con herramientas de inteligencia de mercado que acerquen oportunidades reales a miles de empresarios. Otro eje central fue la innovación.

La participación en VivaTech 2026, uno de los principales encuentros de innovación tecnológica y emprendimiento de Europa, permitió observar tendencias en inteligencia artificial, movilidad, energía, ciberseguridad y transformación digital. Para México, el reto es traducir esas tendencias en productividad.

La adopción de inteligencia artificial en las MiPyMEs, la digitalización de procesos y la incorporación de nuevas tecnologías pueden ayudar a cerrar brechas, reducir costos y abrir nuevas formas de competir. Pero requieren certeza regulatoria, talento preparado y una visión que vea la tecnología como aliada de la empresa y del trabajador.

En ese sentido, la reunión con especialistas de la OCDE sobre gobernanza de inteligencia artificial y semiconductores deja aprendizajes relevantes. México puede posicionarse mejor en manufactura avanzada si conecta talento, regulación, inversión y cadenas globales.

Tenemos capacidades industriales, cercanía con Norteamérica y una red de tratados que pocos países poseen. Lo que falta es convertir esas ventajas en una estrategia de productividad de largo alcance.

La formación de talento fue otro punto de alto valor. En Francia se revisó el modelo de formación en alternancia, con más de un millón de aprendices simultáneos.

Coparmex compartió su propia experiencia en Formación Dual, que ha beneficiado a más de 14 mil 500 jóvenes en más de 480 empresas formadoras, con tasas de inserción laboral de hasta 90 %. El futuro del trabajo se enfrentará con educación pertinente, empresas formadoras, jóvenes preparados y colaboración entre gobierno, trabajadores y empleadores.

Ahí aparece de nuevo el hilo conductor que viene desde Ginebra. El diálogo social debe ser una forma de construir soluciones duraderas.

En el Comité Económico y Social Europeo, Coparmex conoció mecanismos de participación de empleadores, sindicatos y sociedad civil que pueden servir como referencia para fortalecer en México el Consejo Económico, Social y Ambiental. En la sesión del Grupo de Contacto para América Latina y el Caribe de Business at OECD, Juan José Sierra recuperó una idea central de la OIT al señalar que “no hay política laboral duradera que no haya sido construida con la participación de quienes trabajan y de quienes generan empleo”.

Este enfoque coincide plenamente con el ideario de Coparmex. La persona es principio y fin de la vida económica.

La empresa organiza el trabajo, promueve iniciativa, crea oportunidades y permite que las familias eleven sus condiciones de vida. La solidaridad y la subsidiariedad son criterios para actuar.

El Estado debe generar condiciones, la sociedad debe participar y la empresa debe asumir su responsabilidad en la creación de valor, empleo y comunidad. La gira por París y Bruselas deja una enseñanza concreta.

Las alianzas internacionales valen en la medida en que se traducen en capacidades productivas dentro del país. Abrir puertas en Europa debe servir para que más empresas exporten, adopten tecnología, formen talento y generen empleo formal.

Ese es el sentido de una diplomacia empresarial activa. La tarea ahora es que los puentes construidos fuera se conviertan en oportunidades reales dentro de México para las empresas, los trabajadores y las regiones que necesitan crecer.