Del anonimato al premio mayor en '¿Quién quiere ser millonario?': cómo aprendió de fútbol, a qué equipo le va y quién es su favorito en el Mundial 2026

El pasado 9 de junio quedó grabado como un día especial para Sebastián Marín, un joven costarricense de 29 años que conquistó el premio mayor en el programa ¿Quién quiere ser millonario?, de Teletica. En la historia del espacio televisivo, es el tercer concursante en lograrlo.
Más allá del reconocimiento económico, su historia conecta con algo más profundo: la fuerza de los sueños que se cultivan desde la infancia y se sostienen con disciplina, fe y convicción.Aunque hoy es un profesional en administración de empresas, en su interior sigue vivo aquel niño de La Unión de Cartago que soñaba con tener su primer trabajo para comprar las camisas de todos los equipos de fútbol que admiraba. Creció en un hogar lleno de cariño, junto a sus padres Joselino y Maritza y sus dos hermanos mayores, en una infancia que recuerda como “tranquila y linda”.“Cuando tenía cinco años, mi hermano mayor Jairo me llevaba a las mejengas de él; me ponía en el marco para cuidarme.
Yo quería ser como él, veía partidos con él y me explicaba. Siempre veíamos los partidos de la Selección Nacional”, recordó sobre el origen de su pasión por el fútbol.Desde la escuela, Sebastián desarrolló una curiosidad insaciable.
Los álbumes de los Mundiales, los documentales y las coberturas deportivas despertaron en él un interés que iba más allá de los partidos: quería entender la historia, los datos y las conexiones del deporte.“Todo lo relaciono con fútbol. Sé las capitales de muchos países por los equipos”, afirmó entre risas.Con el paso de los años, ese niño soñador empezó a cumplir sus metas.
Visitó escenarios que antes solo existían en su imaginación: el Estadio Azteca en México, San Siro en Italia, el Metropolitano y el Santiago Bernabéu en España, y el Parque de los Príncipes en Francia. Cada estadio representó mucho más que un destino turístico, fue una forma de abrazar sus sueños y honrar su historia.“Visité más estadios que museos”, expresó entre risas.La decisión que lo cambió todoLa oportunidad de participar en ¿Quién quiere ser millonario? surgió casi por intuición; un domingo vio la convocatoria para el especial de Mundiales y decidió intentarlo.
Se puso una camiseta del portero mexicano Jorge Campos, grabó un video y lo envió sin expectativas desmedidas, pero con una convicción clara.“Dije que era un fiebre y mostré la camiseta. Mandé el video y ese fue el primer paso.
Pensé: ‘¿Por qué no? ¿Por qué otros sí y yo no?’”, recordó.Al ser seleccionado, comprendió el reto que tenía enfrente.
No solo se trataba de conocimientos, sino de enfrentar el escenario, las cámaras y la presión. Se preparó con disciplina y llegó al estudio con nervios, pero también con fe.“El día que llegué al programa y vi el set y a Édgar Silva, antes de empezar, Dios me quitó los nervios, me quitó la ansiedad, yo le dije que me ayudara.Fue una experiencia bastante bonita”, relató.
Luego de su victoria, el recibimiento no se hizo esperar. Familia, amigos y compañeros de trabajo celebraron con orgullo un logro que, aunque sorprendió a muchos, para él siempre fue una posibilidad real.Sin arrogancia, pero con determinación, reconoce que su mentalidad siempre fue clara: ir por todo.“Algo que me caracteriza es que, si voy por un objetivo, es a ganarlo.
No iba por zonas seguras. Siempre quiero ganar, soy muy competitivo.
Con cualquier propósito de vida, creo que hay que ir por todo”, aseveró.Esa mentalidad se resumía en una frase que lo acompañó durante todo el programa: “Mi frase fue: ‘Lo vamos a hacer’. Al final, por eso dije: ‘Lo hice, lo hice, lo hice’.
Porque era mi eslogan ese día”.Más que fútbol, una filosofía de vidaSebastián es aficionado de la Liga Deportiva Alajuelense y del Real Madrid, y en el Mundial 2026 apoya a Portugal por Cristiano Ronaldo, a quien admira profundamente. No obstante, desde una perspectiva analítica, considera a Francia como la selección más sólida.“Francia tiene una camada muy importante de futbolistas que viene consolidándose desde que quedaron campeones en 2018; es toda una generación a la que se le han ido sumando nuevos nombres.
Fueron finalistas en Qatar 2022 y, hoy por hoy, para mí es la mejor selección del mundo”, aseveró.Al ganar los ¢35 millones, celebró con el icónico salto y grito “Siu”, inspirado en Ronaldo, no solo como gesto deportivo, sino como símbolo de perseverancia. Para Sebastián, el portugués representa la prueba de que el esfuerzo sostenido puede superar cualquier obstáculo.Fe, riesgo y propósitoUno de los momentos más determinantes para Sebastián en ¿Quién quiere ser millonario? fue la última pregunta.
Pudo retirarse con ¢17 millones asegurados, pero decidió arriesgarse. No fue una decisión impulsiva, sino profundamente reflexionada.“Sí me dio miedo, pero Dios me apoyó y me expresó que confiara en mí y en mi instinto”, recordó.Su fe ha sido una guía constante.
Más que una figura distante, describe a Dios como una presencia cercana, una fuerza que impulsa y da sentido incluso en los momentos difíciles.“La alegría es disfrutar de los pequeños momentos, tomar cafés con los papás, reírse con amigos... El año pasado hice un encuentro espiritual y eso es volverse a encontrar con la paz que le da Dios a uno”.Asimismo, Sebastián reflexionó sobre las dificultades y cómo estas pueden convertirse en oportunidades de crecimiento.“Creo que Dios está en todo; hasta los malos momentos nos hacen reflexionar para mejorar nosotros como personas.
Mi invitación para esas personas que se sienten agobiadas es que vean a Dios como un amigo, que hablen con Él”.Asimismo de a Dios, Sebastián atribuye todos sus éxitos a sus padres, pues lo han apoyado incondicionalmente y le dieron una crianza que hoy se refleja en su educación y humildad.Un mensaje que trasciendeHoy, Sebastián no solo celebra un triunfo personal, sino que comparte un mensaje que invita a atreverse.“La vida es muy corta; es mejor quedarse con la sensación de lo intenté y se dio o no se dio, a quedarnos con la sensación de: ¿y si lo hubiese intentado?”.El premio lo destinará a cumplir uno de sus mayores objetivos: tener su propia casa, así como continuar viajando. Y, mirando al futuro, no descarta dar un paso más hacia su pasión: convertirse en comentarista deportivo, una meta que espera alcanzar luego de concluir su maestría, inspirado por referentes como Cristian Sandoval, Jorge Martínez y Hernán Morales.La historia de Sebastián Marín no se resume en un premio millonario.
Es, sobre todo, el testimonio de alguien que entendió que los sueños no son casualidad, sino decisiones sostenidas en el tiempo. Y que, cuando se combinan con esfuerzo, fe y valentía, pueden convertirse en realidad.
Información de La Nación (Costa Rica). Edición y redacción: Noticias Today.
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