¿Por qué lloramos en los conciertos?

La música activa nuestro cerebro liberando dopamina -la hormona del placer- prediciendo patrones rítmicos y degustando melodías. Nos conecta profundamente con nuestras emociones y activa áreas encargadas de la memoria, el movimiento y la socialización.Pero de todos las melodías, hay una que logra suministrar más hormonas que ninguna: la que marcó nuestra adolescencia.
Las razones de por qué lloramos en los conciertosPor eso, es habitual ver adultos cantando a todo pulmón en un concierto,emocionados hasta las lágrimas al ver a los artistas que marcaron su juventud. Un viaje estéreo al pasado. “La música en la adolescencia suele transformarse en un reflejo de la identidad de cada uno”, dice Marcela Mora , académica y Jefa de Carrera de Psicología de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC).Esta explicación psicológica está ligada a la construcción de identidad, a la memoria autobiográfica que produce el reencuentro con esta música.
Dice que ayuda a expresar quién soy, con quién me identifico y cómo quiero que me vean los demás. “Las experiencias emocionales vividas en esta etapa suelen consolidarse con gran intensidad porque el cerebro adolescente presenta una alta sensibilidad emocional y social”, explica.Fue lo que sucedió con Jonas Brothers el pasado 10 de mayo. Por esta sensibilidad es que escuchar nuevamente temas que acompañaron momentos importantes de la adolescencia puede activar recuerdos sobre relaciones amorosas, amistad o etapas de cambio, “canciones asociadas a experiencias personales quedan fuertemente vinculadas a la memoria autobiográfica”, afirma la especialista.
Lo que hace que el concierto sea, más que sólo volver a ver a un artista, el reencuentro con una versión pasada de sí mismos. Un sueño pendiente hace que lloremos en los conciertosSumado a lo anterior, la experiencia también implica cumplir un sueño pendiente que en la adolescencia parecía inalcanzable. “Luego de que ese deseo quedó asociado a una etapa en la que no existían recursos, autonomía o posibilidades reales para concretarlo, en la adultez puede generar una percepción de crecimiento, autoeficacia y satisfacción”, menciona Mora.
Desde la neuropsicología, Mora explica que “al escuchar canciones significativas se activan distintas redes cerebrales asociadas a la emoción, la memoria y la recompensa. Participan estructuras vinculadas a la memoria autobiográfica, como el hipocampo, que ayuda a recuperar recuerdos asociados a contextos específicos: lugares, personas o etapas vitales.
Por eso una canción puede evocar con rapidez escenas o sensaciones muy concretas del pasado”. Pero este fenómeno no solo puede entenderse desde la individualidad, ya que, en palabras de Mora “los conciertos son experiencias de emocionalidad colectiva, donde miles de personas reunidas comparten el foco de su atención y disfrute, lo que potencia la vivencia individual”.
Culturalmente, la música también fortalece vínculos interpersonales y construye experiencias colectivas capaces de marcar generaciones completas. La directora del Centro de Extensión Cultural UCSC, Dra.
Natalia Baeza, explica lo que significa la permanencia del arte en la vida de las personas: “La música contribuye a construir emociones, vínculos y memorias que permanecen en la adultez”. Los conciertos son espacios donde miles de personas vinculan emociones y se identifican con experiencias comunes. “Funcionan como espacios de identidad, encuentro, contención emocional y generan comunidades más conscientes y sensibles frente a su entorno”, señala la Dra.
Baeza. Esa conexión colectiva también tiene efectos cerebrales químicos concretos.
Y es justamente la conexión entre personas lo que favorece la activación de regiones relacionadas con el procesamiento emocional, como la amígdala, liberando sustancias asociadas al bienestar como las endorfinas, según explica Marcela Mora. Para muchas personas, estas experiencias representan una reconexión colectiva con quienes fueron durante su adolescencia, con las emociones de esa época y con una etapa de la vida que sigue formando parte no sólo de la propia identidad, también la de toda una generación.
Mucho más que espectáculos musicales, estos conciertos se transforman en espacios donde la nostalgia colectiva permite conectar con el yo del pasado, resignificar experiencias de vida y encontrar un punto de validación emocional en común con otros a través de la música, incluso décadas después.
Información de La Tercera (Chile). Edición y redacción: Noticias Today.
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