La victoria de Rumania en un tribunal de arbitraje internacional sobre un megaproyecto urbano de 600 millones de euros ha reavivado el mayor escándalo inmobiliario del país. El mastodóntico edificio conocido como Casa Radio, que empezó a construirse en los estertores del régimen comunista en un núcleo neurálgico de Bucarest para dar rienda suelta al sueño faraónico del dictador Nicolae Ceausescu y que acabó abandonado más de tres décadas, se ha convertido en un símbolo de bloqueos administrativos, inversiones perdidas y batallas legales entre el Estado y los inversores.

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