Brando Gallesi expone distanciamiento con Merly Morello luego de pedir ayuda: “ella tiene problemas conmigo hace mucho tiempo”Impacta en redes: exestrella de América TV revela difícil situación financiera y pide apoyo: “Vengo de una familia pobre”Brando Gallesi aclara que no desapareció. Dice que se detuvo.

Que necesitó salirse por un momento del ruido, de las cámaras, de los personajes que ya no lo retaban y de las redes sociales convertidas en una vitrina de publicidad sin corazón. A los 23 años, después de una vida trabajando como actor, decidió mirar hacia adentro y preguntarse quién era realmente fuera de la exposición.“Yo no actúo por dinero.

No actúo por trabajo en sí. Actúo porque me gusta el arte, la actuación.

Pero sentía que las producciones locales ya no me ofrecían personajes que me empujaran a crecer ni historias que me obligaran a explorar otros registros. No me llevaban a mejorar como artista”, dice. “Llevo 20 años en esto, quería personajes que me sacaran el jugo, que fueran más interesantes de desarrollar”.La pausa no solo fue actoral.

También se apartó de las redes sociales. Antes, dice, había tenido mucho trabajo con marcas, campañas y publicidad, pero llegó un momento en que esa dinámica dejó de representarlo.“Me sobresaturé.

Había mucho trabajo, mucha publicidad, muchas marcas, pero no había un orden en base a mi esencia como Brando, como persona. No me sentía cómodo ni completamente bien”, reconoce.Ese proceso empezó a empujarlo hacia otro camino.

En 2024 decidió emprender. Aprendió de negocios, abrió un programa de habilidades blandas para niños y adolescentes, impulsó una escuela de formación para actores y se acercó a otros modelos de trabajo.

Más que buscar una salida económica inmediata, dice que quería entender cómo funcionaba el mundo fuera del set.“Era un niño que jugaba, era actor y artista, pero no conocía mucho del mundo. Tenía que aprender a sostenerme solo.

Me responsabilicé de mí mismo”, afirma.En ese tránsito también hubo pérdidas. Su cuenta de Instagram, con cerca de 350 mil seguidores, fue hackeada.

Tuvo que empezar de cero. Conservó su comunidad de TikTok, pero sabía que no era lo mismo.

Instagram, explica, le permitía una relación más cercana; TikTok, en cambio, lo exponía a un algoritmo abierto, impredecible, donde el apoyo y la crítica aparecen con la misma rapidez. Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida por Brando Gallesi (@_brandogallesi) Cuando decidió contar parte de su difícil situación personal en redes, la conversación se desbordó.

Algunos usuarios lo apoyaron; otros lo cuestionaron. Se habló de bancarrota, de un pedido de ayuda económica, de un QR para recibir dinero.

Brando dice que la historia fue más compleja.“Yo no pedí ayuda”, aclara. “Mostré mi realidad. Estaba en la casa de mis padres, en el sofá, emprendiendo, luchándola.

Y la gente de mi comunidad empezó a decirme: ‘Queremos apoyarte’. Me escribían al interno.

Al comienzo me costó. Pensé: ‘¿Lo hago?

¿No lo hago?’. Pero lo abrí como una posibilidad.

El que quería, podía hacerlo”.Según cuenta, no fue una campaña organizada. Fue una forma de acompañamiento en un momento de austeridad que él recibió con gratitud. “Hay personas que hacen lives y ponen su QR de Yape, y está bien.

Cada uno lo hace de distintas formas. De repente yo no lo hice de la manera convencional, pero solo abrí esa posibilidad.

En realidad, no fueron muchas las personas que me apoyaron. Algunos me enviaron un sol, otros 50 soles, por ejemplo, y todo eso me ayudó para la comida de mi perrita, que es grandota.

En ese entonces se me hacía un poco más complicado sostenerme”, cuenta.Para poder sostenerse y reducir gastos, Brando había vuelto a vivir con sus padres. Todo lo que tenía —tiempo, energía y dinero— lo estaba reinvirtiendo en su propio proyecto.“Estoy trabajando como loco.

La gente piensa que no tengo trabajo, pero he estado trabajando muchísimo. Solo que estaba invirtiendo en algo que vale la pena”, sostiene.En medio de ese proceso, Gallesi también habla de salud mental, desde la necesidad de normalizar las pausas.

Reconoce que recibió ayuda psicológica y que aprendió herramientas para sostenerse frente a la presión social que acompaña a un artista.“Lidiar con la exposición y con la opinión pública es difícil. Yo sí recibí apoyo psicológico, pero lo integré a mi vida.

Aprendí a darme una pausa, respirar, reflexionar y reconectar conmigo mismo”, dice el actor de “Locos de amor: Mi primer amor“.La vulnerabilidad, no obstante, también lo expuso. Cuando habló de sus momentos difíciles, muchos se acercaron; otros lo atacaron. “Hay personas que se han sentido identificadas.

Decían: ‘Qué bonito ver al artista que pensaba que tenía la vida perfecta y descubrir que es como yo, que tiene problemas, que siente igual’. Eso ha sido lo más bonito”, afirma.Pero Brando no quiere quedarse en la caída.

De hecho, insiste en que nunca dejó de construir. Incluso en el momento más complejo, asegura, ya estaba planificando su regreso. “Si Brando sigue vivo, la empresa existe”, dice. “Pero ya no quiero hacerlo solo.

Ahora tengo personas que creen en mí, que me quieren y que también son profesionales. La vida del artista es difícil y, si no tienes gente que te sostenga, te puedes caer en cualquier momento.

Eso ya lo aprendí”.Nueva etapaSu nuevo proyecto, adelanta, estará vinculado al arte, las redes sociales y la producción de contenidos de mayor nivel. Quiere volver a posicionarse como artista, pero también abrir camino para otros.

Habla de actuación, baile, música, formatos audiovisuales y cultura peruana. Se define, incluso, como un futuro gestor cultural.“Es reconocer quién he sido, quién soy y quién deseo ser.

Por primera vez lo tengo claro. Estoy feliz porque ya el camino está más encaminado.

Ahora sí puedo volver a mostrarme frente a cámaras, volver a lo mío, volver al arte”, afirma.En el fondo, Brando Gallesi está hablando de una reconstrucción. De perder la apariencia para quedarse con lo esencial.

De descubrir quiénes estaban cuando ya no había reflectores. De entender que tocar fondo también puede ser una forma de aprender a mirar más alto.“Siempre tuve personas a mi lado.

Quizá ya no eran cien, sino cinco, pero eran las cinco correctas. Lo que viví me enseñó a reconocer quiénes debían quedarse”, subraya.