El comercio electrónico ha dejado de ser una tendencia para convertirse en uno de los principales motores de la economía mundial. La reciente suscripción del primer Acuerdo sobre Comercio Electrónico en el marco de la XIV Conferencia Ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC), celebrada en marzo de 2026 en Yaundé, Camerún, representa un paso histórico hacia la construcción de reglas comunes para la economía digital del siglo XXI.

La directora general de la OMC, Ngozi Okonjo-Iweala, ha subrayado que este acuerdo contribuye a establecer un marco regulatorio común capaz de reducir costos y abrir nuevas oportunidades. También remarcó que constituye una muestra de que el sistema multilateral de comercio puede responder a nuevos desafíos y a los cambios en las circunstancias económicas.

Este acuerdo, respaldado por 66 miembros de la OMC que representan cerca del 70% del comercio mundial, busca facilitar las transacciones digitales, reducir costos operativos y generar nuevas oportunidades para empresas y consumidores. Asimismo, incorpora mecanismos de asistencia técnica y plazos flexibles para que los países en desarrollo puedan adaptarse a las nuevas exigencias del comercio internacional.

Las proyecciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) indican que las economías vinculadas al comercio electrónico en América Latina y el Caribe crecerían, en promedio, un 2.2% en 2026, a pesar de los conflictos geopolíticos que afectan al comercio global. Panamá, como miembro de la Organización Mundial del Comercio (OMC), no puede permanecer al margen de esta realidad.

Adoptar estas directrices globales permitiría modernizar la economía digital del país y fortalecer la competitividad internacional de sus servicios. Asimismo, el país posee ventajas competitivas que le permiten posicionarse como un referente regional en materia de comercio electrónico.

Esta realidad genera importantes oportunidades para los consumidores y para el desarrollo económico nacional; no obstante, también plantea desafíos relevantes para las autoridades aduaneras encargadas de regular y controlar el flujo de mercancías. El comercio electrónico ha modificado radicalmente la forma en que se realizan las importaciones.

Mientras que las aduanas fueron concebidas originalmente para supervisar grandes volúmenes de carga, en la actualidad deben gestionar miles de pequeños envíos individuales que ingresan diariamente al país a través de empresas de mensajería y servicios courier. La normativa panameña contempla procedimientos simplificados para este tipo de operaciones.

De acuerdo con el artículo 95, literal b), del Decreto de Gabinete No. 12 de 2016, se consideran pequeños envíos aquellas mercancías no prohibidas ni restringidas por algún órgano anuente de la República de Panamá, ni sujetas a regulaciones no arancelarias, cuyo valor en aduana sea igual o inferior a cien balboas (B/.100.00). Estos envíos, al igual que la correspondencia y los documentos sin valor comercial, pueden ser retirados por la empresa courier mediante la presentación de una declaración de oficio, sin necesidad de autorizaciones adicionales y sin generar el pago de tasas, derechos o contribuciones.

Uno de los principales desafíos para las autoridades aduaneras consiste en verificar la correcta valoración de las mercancías importadas, evitando prácticas de subvaloración que afectan la recaudación fiscal y generan competencia desleal frente a los comerciantes que cumplen adecuadamente con sus obligaciones tributarias. A ello se suma el riesgo asociado al ingreso de mercancías falsificadas, productos prohibidos o artículos sujetos a regulaciones especiales.

La facilidad para realizar compras internacionales desde plataformas digitales también puede ser aprovechada por organizaciones ilícitas para cometer fraudes, estafas y delitos informáticos. Frente a este escenario, la respuesta no debe consistir en imponer mayores obstáculos al comercio legítimo, sino en fortalecer la capacidad tecnológica de la administración aduanera.

Las aduanas modernas operan bajo modelos de gestión basados en análisis de riesgo, inteligencia artificial e intercambio de información en tiempo real. Estos mecanismos permiten identificar operaciones sospechosas y concentrar los recursos de control donde realmente se necesitan, sin afectar la fluidez del comercio.

Desde mi punto de vista, Panamá tiene una oportunidad extraordinaria. El crecimiento del comercio electrónico no debe verse únicamente como un desafío de control, sino como una herramienta para impulsar la competitividad, atraer inversiones y generar nuevas oportunidades para emprendedores y pequeñas empresas.

No obstante, el éxito dependerá de la capacidad del Estado para modernizar su marco regulatorio, fortalecer la infraestructura tecnológica y capacitar continuamente a los profesionales vinculados a la gestión aduanera. Como hub logístico de las Américas, el país cuenta con las condiciones necesarias para liderar esta transformación.

El reto consiste ahora en convertir esa ventaja estratégica en una verdadera política de desarrollo económico y modernización institucional. La autora es abogada.