A casi dos años del inicio de la confrontación entre grupos del crimen organizado en Sinaloa, los registros periodísticos muestran que la violencia no solo ha dejado enfrentamientos, desapariciones y homicidios, sino también familias marcadas por la tragedia. Padres asesinados junto a sus hijos, menores de edad víctimas de ataques armados y familias atrapadas en hechos violentos forman parte de los casos documentados desde septiembre de 2024.Uno de los primeros episodios sucedió apenas un día después de que estallara el conflicto.

El 10 de septiembre de 2024 desapareció José Osvaldo Barraza Valenzuela, voceador del periódico El Debate, padre de familia y abuelo. Salió de su hogar para realizar sus actividades cotidianas y nunca regresó.

Desde entonces, sus hijas han mantenido una búsqueda constante para localizarlo. Han participado en jornadas de rastreo, difundido su fotografía y exigido información sobre su paradero.

A casi dos años de su desaparición, la familia continúa sin respuestas. Este Día del Padre, la incertidumbre sobre su destino sigue siendo una herida abierta.Días después, el 21 de septiembre de 2024, Juan Carlos Sánchez Palacios, abogado de 34 años y padre de familia, perdió la vida durante un operativo realizado en el complejo habitacional Clamont, en Culiacán.

De acuerdo con testimonios difundidos luego de los hechos, quedó atrapado en medio del fuego cruzado mientras intentaba ponerse a salvo junto a sus seres queridos.Aquella jornada estuvo marcada por intensos enfrentamientos entre grupos rivales en un complejo de departamentos del desarrollo urbano Tres Ríos. Los agresores intercambiaron disparos y utilizaron granadas de fragmentación, mientras corporaciones de seguridad desplegaban un amplio operativo que se extendió a distintos puntos de la ciudad.

En medio del caos, uno de los principales líderes criminales perseguidos logró escapar.Cuatro meses después, el 19 de enero de 2025, la violencia volvió a golpear a una familia. Antonio de Jesús fue asesinado junto con sus hijos Gael y Alexander, de 12 y 9 años de edad, durante un ataque armado cuando circulaban en un vehículo por Culiacán.

El caso provocó indignación social, movilizaciones ciudadanas y exigencias de justicia debido a la muerte de los dos menores.El 6 de mayo de 2025, otra tragedia conmocionó a la entidad. Alexa y Leydi, de 7 y 11 años, murieron durante una agresión armada registrada en Badiraguato cuando viajaban con integrantes de su familia.

Su padre resultó herido. Los familiares señalaron la presunta participación de elementos del Ejército y, posteriormente, autoridades federales ejercieron acción penal contra militares relacionados con el caso.En junio de 2025 fueron localizados sin vida Ramón Noé, de 42 años, y su hijo Ángel Noé, de 21, en un montículo de tierra ubicado en las inmediaciones de la Isla Musalá, en Culiacán.

Ambos eran originarios de Navolato.Un mes después, el 12 de julio de 2025, otro ataque armado cobró la vida de Juan Carlos, de 44 años, y de su hijo Abraham, de 15. Ambos viajaban en un vehículo por la colonia Guadalupe Victoria, en Culiacán.

El adolescente falleció horas más tarde mientras recibía atención médica.Los casos continuaron durante 2026. En enero fueron encontrados asesinados Abel y su hijo Jesús Abel dentro de la cajuela de un automóvil abandonado en la colonia Lomas de Guadalupe, en la capital sinaloense.Más recientemente, el 8 de junio de este año, Grecia Guadalupe Gallardo Ulloa, de 14 años, murió luego de quedar en medio de un ataque armado cuando era trasladada en motocicleta para recibir atención médica después de sufrir la picadura de un alacrán.

En el mismo hecho perdió la vida su tío, Arturo Ramiro Quintero Ortega, quien la llevaba al hospital, mientras que Yessica Siboney resultó lesionada. La agresión dejó asimismo a un bebé sin su padre.Aunque cada caso sucedió bajo circunstancias distintas, los registros documentados revelan un patrón recurrente durante el actual periodo de violencia en Sinaloa: integrantes de una misma familia han sido asesinados, desaparecidos o afectados dentro de un mismo episodio violento.En vísperas del Día del Padre, estas historias reflejan una de las consecuencias más profundas del conflicto de seguridad que enfrenta la entidad desde septiembre de 2024.

Más allá de las estadísticas oficiales sobre homicidios y desapariciones, la violencia ha dejado hogares incompletos, niños que crecieron sin alguno de sus padres y padres que perdieron a sus hijos en medio de una crisis que continúa impactando el tejido social sinaloense. LG