Un "volver al futuro" en Fort Worth, con los cowboys que nos recuerdan la infancia

SANTA FE.— El Fort Worth Stock Show & Rodeo es uno de los más antiguos y tradicionales de Estados Unidos. En cuanto a asistencia, se ubica detrás del rodeo de Houston, que congrega a millones de visitantes en el año.
Pero su trascendencia no le va en zaga y se trata de una visita imprescindible e inevitable para quienes se llegan hasta esta pujante Dallas, ciudad industrial y de interminables autopistas en la que el “clima argento” se está sintiendo desde hace un par de días. El rodeo es un acontecimiento deportivo y cultural.
Los vaqueros se preparan para demostrar su destreza en la doma de caballos y toros salvajes, el enlace de terneros y lo que se denomina “carrera de barriles”, en la que los caballos despliegan gran velocidad, frenan y giran ante la presencia de los barriles y salen disparados hacia el otro, como si Messi esquivara a un rival, aplicando un freno y quiebre de cintura para salir a gran velocidad hacia el otro lado. Solamente les falta el remate final, con el que el “10” no falla.
Los asistentes, de todas las edades, suelen vestir botas y sombreros vaqueros. Los eventos principales están rodeados de un ambiente de feria con comida típica (como bocados de pavo bien sazonados y la tradicional barbacoa), atracciones mecánicas, exhibiciones de ganado y conciertos de música country o regional mexicana.
Los jinetes se preparan como si estuvieran por salir a una cancha de fútbol a jugar un partido. Hacen movimientos de calentamiento para luego soportar los saltos y que su cuerpo no se “salga de eje” cuando se abre la tranquera para que el caballo desbocado haga de las suyas, hasta que quien lo monta se sube al otro caballo y entre los dos logran calmarlo, ante el delirio de la concurrencia.
A todo esto, el lugar es la típica geografía de las películas pero sin las calles de tierra. De todos modos, el adoquinado “es del siglo 19”, cuenta un mexicano vestido como aquellos vaqueros, a tono con la vestimenta tradicional de hombres y mujeres, sin distinción de edades. “¡Hasta el hotel tiene la misma fachada, claro que por dentro ha sido remodelado!”, cuenta.
Y no nos queremos imaginar lo que cuesta una habitación en ese lugar, pues se trata de un centro turístico formidable, con cantinas de puertas vaivenes, como eran las del Lejano Oeste. Fue una experiencia distinta, muy al estilo norteamericano y en la que, quienes crecimos viendo series y películas de cowbys, no solo nos remontamos a lo que pasaba hace más de 150 o 200 años, sino también a aquellos recuerdos de la infancia.
Información de El Litoral (Santa Fe). Edición y redacción: Noticias Today.
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